Zapatero, el «tonto útil» del madurismo en la crisis venezolana

Mientras la crisis venezolana se agrava cada día que pasa, el ex-presidente español, el del «dialogo de las civilizaciones» le ha cogido gusto al turismo diplomático por el Caribe para convencer a las partes en conflicto -un Gobierno que hoy ya rechaza más del 80 % de la ciudadanía y una oposición que hace poco más de medio año ganó por goleada las últimas elecciones parlamentarias- pero los resultados, al menos por el momento, no le permiten entrar en la lista de aspirantes al próximo premio Nobel de la Paz


A CORUÑA

Si el pasado diciembre a más de uno le sorprendió la presencia en Caracas  de Rodríguez Zapatero entre el grupo de observadores y/o acompañantes de las elecciones parlamentarias invitados expresamente por el Gobierno de Maduro, no menos sorprendente resultó el verle en las últimas semanas de nuevo por Caracas, encabezando un trío de facilitadores del diálogo. Un diálogo que resulta imprescindible e inaplazable en un país cuyo Gobierno cuenta en la actualidad con el rechazo de más del 80 % de la ciudadanía y una oposición que hace poco más de medio año ganó unas elecciones parlamentarias por goleada y se ha hecho fuerte en una institución la que la inmensa mayoría de los venezolanos depositaron todas sus expectativas para salir de una crisis sin precedentes en su historia como país.

Rechazo creciente

Un mes después de la primera llegada a Caracas del facilitador Zapatero y acompañantes, el balance de su gestión no solo resulta altamente decepcionante, sino que genera cada día un rechazado mayor. Un rechazo en el que los líderes de la oposición se esfuerzan por guardar las formas, pero es mucho más contundente entre la ciudadanía que se manifiesta a través de las redes sociales.

Nicolás Maduro le acogió en el palacio presidencial de Miraflores con los brazos abiertos.  Ambos posaron para la foto en la que aparece un Zapatero tan sonriente como de costumbre, a pesar de que lo único concreto que logró, al menos que se sepa, fue un permiso para visitar en la prisión de Ramo Verde a Leopoldo López, el preso político más emblemático de madurismo.

De esa visita, que aceptó realizar acompañado de Jorge Rodríguez, uno de los personajes más siniestros del régimen, lo más relevante que transcendió fue su empeño en convencer a un Leopoldo López, condenado a cerca de 14 años por haber liderado en la calle la oposición a Maduro, de la conveniencia de que oposición renunciase a la vía más constitucional y democrática que tiene a su alcance para promover un cambio en la presidencia del país.

Pretensión inasumible

No hace falta ser un facilitador muy avezado profesional para percatarse de que tal pretensión era y es absolutamente inasumible para una oposición que con no pocos sacrificios logró ponerse de acuerdo y optó por la vía constitucional para cambiar un poder ejecutivo que es el principal obstáculo para sacar al país de la crisis actual y que Maduro lo había escogido para ser su «tonto útil» que avala su discurso de «un diálogo sin condiciones» que le viene como anillo al dedo para dilatar el proceso del referendo revocatorio hasta medidos de próximo mes de enero, con lo que evitaría unas nuevas elecciones presidenciales que sebe de antemano que tiene más perdidas que las pasadas parlamentarias.

Pero Zapatero que ya se está familiarizando con los encantos de Venezuela y el resto del Caribe, no ceja en su en su empeño de seguir haciéndole la ola a un Maduro que, mientras habla de «diálogo sin condiciones», no deja de insultar a la mayoría del poder legislativo elegido por el pueblo, de asfixiarlo económicamente e incluso de amenazar con utilizar su Tribunal Supremo para destituirlos, siguiendo el ejemplo del nicaragüense Daniel Ortega, uno de los pocos amigos que le quedan en la región.

Narcoministro

Tal empeño le impide también enterarse de que su interlocutor favorito sigue avanzando en su proceso del militariazación del país, convirtiendo en presidente de facto a Vladimir Padrino, su ministro de Defensa y de que acaba de destituir a Pérez Abad su ministro de Industria y Comercio, que pasaba por ser el más pragmático y sensato de su Gobierno, al tiempo que incorpora al mismo como titular de Interior, Justicia y Paz al general Néstor Reverol. Una incorporación que se produce a las pocas horas de que se conociese oficialmente una acusación de una corte federal de Brooklyn (Estados Unidos) por presunta implicación en una trama de distribución de cocaína.

En este contexto Zapatero, quien en una reciente entrevista concedida al programa «Siete palabras» del canal oficial Telesur confesaba que «ya me siento un poco Venezolano», está a la espera de que la Unión Europea le nombre su «mediador oficial» para rematar la faena. De ahí a Estocolmo donde se entregan anualmente los Nobel, solo hay un paso.

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