El rechazo a Clinton y a Trump abre la puerta a un tercer partido

Candidatos al margen de las dos fuerzas políticas intentan consolidar su propuesta arañando votos en campaña


nueva york / colpisa

Hay un hecho que abre la vía a una tercera fuerza en Estados Unidos, y es que tanto Donald Trump como Hillary Clinton son los candidatos que despiertan más antipatía en la historia de las presidenciales. Esto invita a pensar que Gary Johnson, candidato del Partido Libertario, y Jill Stein, del Partido Verde, quizá tengan ahora una oportunidad.

Muchos republicanos y demócratas llegaron a las convenciones de cada partido con la esperanza de que una insurrección evitara la materialización de su candidatura, pero los partidarios de Bernie Sanders en Filadelfia han fracasado tanto como los de Ted Cruz en Cleveland. «Votad con vuestra conciencia», sentenció el senador de Texas a sus seguidores desde el escenario que le prestó Donald Trump. 

«Nos tratan como niños»

La actriz Susan Sarandon nunca pensó que parafrasearía a un senador ultraconservador, pero el domingo pasado confesaba en un acto de protesta en Filadelfia que lo de votar de acuerdo a su conciencia le gusta. Durante toda la semana ha estado en las calles de Filadelfia con los manifestantes que presionaban a la campaña de Clinton para que cediese en algunos de los grandes temas que les preocupan: vetar la técnica del fracking (estimulación hidráulica) para extraer gas natural y oponerse al tratado de libre comercio transpacífico (TPP). Un compromiso en cualquiera de esos dos puntos habría inclinado la balanza para muchos de los seguidores de Sanders, pero Clinton ignoró el fracking, prohibido en el estado de Nueva York por su impacto medioambiental, y fue muy vaga en su oposición a los tratados de libre comercio, a los que se culpa de la desindustrialización de Estados Unidos y los bajos salarios. «Me opondré a los malos acuerdos comerciales», se limitó a decir. No especificó cuáles ni mencionó el TPP. Angelica Dueñas no escuchó a Clinton en el recinto del Wells Fargo Arena, donde se celebró la convención demócrata: «Para qué la voy a escuchar, lo que dice son puras mentiras. Ella siempre dice una cosa y hace otra». Dos días antes la campaña de Clinton tuvo que corregir la embarazosa declaración del gobernador de Virginia, Terry McAuliffe, quien aseguró que, una vez que gane las elecciones, Clinton firmará el TPP «con retoques menores».

Los correos del Partido Demócrata que filtró Wikileaks han terminado de convencer a los rebeldes de Sanders de que Clinton no ganó las primarias, sino que las amañó. «¿Cómo voy a apoyar a alguien que ha robado mi voto?», decía Terry, otra joven californiana que el jueves por la noche protestaba, con un esparadrapo en la boca, frente al hotel donde Clinton celebraba su nominación. «Si de verdad necesita nuestro voto para ganar en noviembre, no lo parece», observó Dueñas. «Nos tratan como a niños pequeños, a los que se dice: ‘‘Vete a tu habitación y cállate’’».

Dueñas cree que con esta actitud el Partido Demócrata se ha cavado su propia tumba, «porque Bernie es el único que puede ganar a Trump en noviembre». Las encuestas le dan la razón. Como su batalla ahora es «contra un sistema de dos partidos corruptos» que se perpetúa desde 1860, se propone romper con esa tradición a través del Partido Verde. Su candidata tiene un 3 % de la intención de voto, pero ha hecho campaña alrededor de la convención demócrata para recoger los votos de los enfurecidos y los desencantados. Jill Stein no negocia; sus propuestas incluyen reducir el tamaño de las fuerzas armadas a la mitad y eliminar los combustibles fósiles para el 2030. Si a Sanders se le consideraba un socialista radical por pedir sanidad para todos y educación universitaria gratuita, de Jill Stein ni se habla fuera de la izquierda radical.

Mejores perspectivas tiene el exgobernador de Nuevo México, Gary Johnson, que ha recogido en el terreno fértil que abona el sentimiento anti-Trump entre el 9 y el 13 % en las últimas encuestas. Si llegara al 15 % en cinco encuestas dentro de un mes, sería incluido en los debates. Se trata de un fiscal conservador que lleva por bandera la ideología reaganista de que el mejor Gobierno es el que no existe. Su buena reputación entre los republicanos deriva de haber sido capaz de reducir el déficit y dejar el Gobierno con superávit tras dos mandatos. Promete retirar a EE.UU. de todas las guerras, eliminar la Reserva Federal y acabar con el espionaje doméstico de la Agencia de Seguridad Nacional. Ambos tienen un mes para llegar a competir por la Casa Blanca.

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