Grecia carga con el olvido de los refugiados atrapados en su suelo

Crece la preocupación por el aumento de llegadas a las islas


atenas / e. la voz

«Te diría que estamos bien pero es mentira. Estamos perdiendo la cabeza», contesta Salah desde el campo de refugiados de Softex, Tesalónica, donde la última semana una joven de 19 años murió por un golpe de calor mientras se duchaba. Grecia controla a duras penas la crisis migratoria que afronta en solitario. La inestabilidad política que vive Turquía después del golpe de Estado fallido, ha vuelto a poner en peligro el polémico acuerdo con la UE para contener la llegada de migrantes. La cifra de personas que arriban en pateras de plástico está aumentando tímidamente y mantiene por encima de las 55.000 los refugiados varados en espera de asilo.

La noche en la que parte del cuerpo militar turco intentó derrocar a su presidente, Tayip Erdogan, Grecia se puso en alerta. Eternos vecinos inmersos en disputas diplomáticas y unidos por un acuerdo para deportar personas que huyen de guerras y dictaduras. Dos semanas después esa alerta ha dado paso al miedo. El número de migrantes interceptados diariamente está superando el centenar y las deportaciones se han paralizado. Los centros de detención helenos continúan saturados. Además, Turquía ha repatriado a todos los funcionarios turcos destinados en las islas griegas que supervisaban los retornos de refugiados sirios y migrantes.

Con los centros de detención de las islas saturados, la frontera con Macedonia sellada y un plan de reubicación europeo que no avanza, el Gobierno griego teme lo peor, que todo acabe explotando bajo la mirada de Bruselas. La propia autoridad helena de prevención de Enfermedades, KEELPNO, ha llegado a pedir el cierre de las fábricas abandonadas, convertidas en campos de refugiados, porque las considera un foco de enfermedades y un riesgo para la salud pública. 

Callejón sin salida

Y es que más de 10.000 personas, una cifra que podría aumentar si se ratifica la decisión de dejar a los iraquíes fuera del plan de reubicación europeo, tendrán que quedarse en Grecia. El país heleno recibe ayudas de Bruselas para la recepción e identificación de los nuevos, pero no para su integración. Un callejón sin salida en el que están atrapados los migrantes sin recursos económicos. A partir de septiembre los colegios tendrán que admitir a los menores refugiados en edad escolar a pesar de las reticencias de los vecinos de los barrios periféricos de Tesalónica.

Sobre el terreno voluntarios y activistas, desplazados desde distintos países europeos, se afanan en evitar que los refugiados caigan en el olvido. La ocupación de edificios abandonados empieza a ser una práctica habitual. En la última semana 3 inmuebles de Tesalónica han sido desalojados por la policía y 74 personas, entre ellas dos españolas, están a disposición policial por tomarlos ilegalmente. Los colectivos de solidaridad con los refugiados acusan a Syriza del desalojo pero este partido alega que ha defendido estas iniciativas siempre que ayuden a migrantes.

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