Obama dará informes de inteligencia a Trump pese a la presión demócrata

Los afines a Clinton temen el uso que el magnate pueda hacer de dosieres secretos


nueva york / e. la voz

Donald Trump y Hillary Clinton están a punto de acceder a los secretos de Estados Unidos. Como candidatos oficiales del Partido Republicano y Partido Demócrata respectivamente, ambos serán citados por las agencias de inteligencia en un lugar seguro, de mutuo acuerdo y en cualquier momento desde que son designados y hasta el día de las elecciones presidenciales. «Serán una o dos reuniones y en ellas no se incluye información sobre espionaje o información nuclear», revela el medio estadounidense.

«No se trata de dar una actualización sobre los temas del día, sino de los temas a los que se van a enfrentar. Lo bueno y lo malo de lo que se ve en el mundo y qué consecuencias puede haber en el futuro», dijo Michael Leiter, exdirector del Centro Nacional Antiterrorista. Él fue quien informó a Barack Obama para que se familiarizase con las amenazas a la seguridad del país, cuando fue nominado candidato demócrata en 2008. Este servicio «de cortesía presidencial», fue ofrecido por primera vez en 1952, por parte del presidente Harry S. Truman al candidato republicano Dwight D. Eisenhower. Desde aquel momento solo dos candidatos no recibieron el informe confidencial: George McGovern y Walter Mondale. El primero porque no logró hallar en su agenda un hueco para las reuniones con la CIA y el segundo porque se negó. Ahora, más de medio siglo más tarde, las llamadas se suceden en la Casa Blanca para que Donald Trump sea el tercero en sumarse a esta lista.

En las últimas horas se han incrementado las voces que apuntan a que es un «peligro» que el magnate acceda a esta información, después de sus declaraciones emplazando a Rusia a piratear el correo de Hillary Clinton y de su «continúo coqueteo» con el dirigente ruso Vladimir Putin. Ha sido el caso del senador Harry Reid que incluso ha pedido a las agencias de inteligencia que solo den a Trump «información falsa». En paralelo, el grupo liberal Credo acumulaba más de 80.000 firmas en menos de veinticuatro horas, instando a que el multimillonario no reciba los informes de seguridad. Muy a su pesar, la Casa Blanca ya ha descartado esta posibilidad: «El presidente va a seguir con la tradición que ha estado en vigor durante más de 60 años», confirmaba su portavoz, Josh Earnest.

Para mayor desesperación demócrata, en las últimas horas su partido ha vuelto a ser víctima de otro caso de espionaje. El último ataque ha sido dirigido contra el comité de campaña demócrata del Congreso, quien a través de un comunicado ha confirmado la apertura de una investigación y la toma de medidas con la ayuda de la empresa de seguridad Crowdstrike. En paralelo, The Washington Post apunta de nuevo a los servicios de inteligencia rusos aunque desde el Kremlin, siguen negando las acusaciones tachándolas de «absurdas y estúpidas».

Este nuevo ataque llega en la misma semana en la que el portal Wikileaks ha publicado casi 20.000 correos electrónicos pirateados, que dejaban en entredicho la neutralidad del comité demócrata al postularse claramente por Clinton y calificar al senador Bernie Sanders de «ser un mentiroso y basura».

«¿Se puede confiar una bomba a quien enfada un tuit?» 

Sonrientes y sabiendo que ahora comienzan la fase decisiva de la carrera por la Casa Blanca. Así hicieron aparición ayer la candidata demócrata, Hillary Clinton y su vicepresidente, Tim Kaine, en su primer mitin en Filadelfia tras haber sido designados oficialmente por el partido. No hay tiempo que perder y ahora ambos se disponen a encarar la recta final de una campaña que mira con ansias el voto blanco y trabajador del cinturón industrial de Estados Unidos: «Haremos la mayor inversión de puestos de trabajo bien pagados desde la Segunda Guerra Mundial», prometió Clinton de cara a sus primeros cien días de presidencia.

El compromiso lo había adoptado doce horas antes, cuando aceptaba su nominación histórica «con humildad, determinación y confianza ilimitada en la promesa de Estados Unidos».

No había otra noche igual para ella, ni otra oportunidad igual para que se presentase ante millones de personas: «Cuando no hay techo, el cielo es el límite», dijo la primera mujer nominada a la presidencia del país más poderoso del mundo. Con una puesta de escena impecable, la aparición de Clinton estuvo llena de símbolos, empezando por su vestuario. De blanco impoluto, como las sufragistas que peleaban por el voto femenino hace más de un siglo, la demócrata repasó los desafíos, apostó por la unidad frente al miedo y apuntó sin piedad contra su rival, Donald Trump: «Un hombre al que puedes provocar con un tuit es un hombre al que no se le pueden confiar armas nucleares», advirtió la exprimera dama, quien no dudó en presentarse como todo lo contrario al magnate, como una comandante en jefe con «inteligencia, juicio y determinación». 

Fin a cuatro días de tensiones

La ovación puso punto y final a cuatro días de tensiones, pero también de apoyos importantes encabezados por el presidente, Barack Obama y su rival en primarias, Bernie Sanders: «Los he oído. Su causa es nuestra causa», decía Clinton para tender la mano a los descontentos y cortejar además a los republicanos: «Seré una presidenta para demócratas, republicanos, independientes, para quienes voten por mí y para quienes no voten por mí».

Mientras la demócrata cerraba su convención, el candidato republicano afilaba los cuchillos y confesaba a un grupo de periodistas en Iowa que quería «pegar» a un par de oradores demócratas: «Voy a pegarles tan fuerte... A uno en particular, un tipo muy pequeño. Le pegaré tan fuerte que su cabeza va a girar». Horas más tarde, el magnate volvía a cargar en las redes sociales y en esta ocasión con nombre y apellidos: “Pequeño Michael Bloomberg, quien nunca tuvo agallas para lanzarse a ser candidato a presidente, no sabe nada de mí y su mandato como alcalde fue un desastre». Bloomberg, fue uno de los más beligerantes en el cónclave, hablando de Trump como «estafador e hipócrita».

De esta manera, republicanos y demócratas sacan todo su arsenal político para enfrentarse en una batalla electoral inédita en la que lucharán a brazo partido hasta el próximo 8 de noviembre. Faltan 101 días para la gran cita con las urnas.

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