Trump apuesta por el muro con México para llegar a la Casa Blanca

Hillary Clinton elige como futuro vicepresidente a Tim Kaine


NUEVA YORK / E. LA VOZ

«¡Vamos a construir un gran muro!», gritó Donald Trump. «¡Construye el muro, construye el muro!», contestaban los delegados eufóricos. En Estados Unidos no se habla de otra cosa. El discurso de Trump el último día de la Convención Republicana en Cleveland ha conseguido lo que la campaña del magnate pretendía: Titulares y ruido, mucho ruido. «Es el candidato del apocalipsis», decía The Washington Post. «Un mensajero tóxico» añadía The New York Times.

«Cuando era una niña, me colocaba cerca del escritorio de mi padre y construía muros de Lego», decía con voz serena Ivanka Trump. Ella fue la calma que precedió a la tempestad.

La población estadounidense asistió atónita a un momento lleno de surrealismo y agresividad en el que lejos de suavizar el tono, el magnate cargó con más ira que nunca contra el colectivo de inmigrantes. En las filas demócratas ya se habla de «discurso del odio»: «Sí, construiremos un muro pero entre tú y la presidencia», le respondía en las redes una aguerrida Hillary Clinton.

La situación no pasaría de una anécdota sino fuese porque el propio Partido Republicano ya ha asumido en el programa electoral su construcción, aunque se justifican asegurando que este tendrá «unas puertas muy amplias en las que no cabrán los peligrosos indocumentados», tal y como les llama el neoyorquino.

Horas después de la embestida del candidato republicano, el presidente Barack Obama retaba al multimillonario y recibía en la Casa Blanca al presidente de México, Enrique Peña Nieto: «La cooperación con México puede hacer mucho más para resolver cualquier crisis migratoria o problemas de tráfico de drogas, que un muro», enfatizó Obama.

A pesar de que su discurso fue el menos seguido de las últimas décadas, la retórica de Trump ha calado en millones de estadounidenses, a rabiosos que observan con miedo a un futuro, que el multimillonario agita ahora más que nunca. Es más, no se recordaba una dureza así desde Nixon: «Soy vuestra voz», decía después de proclamarse como el candidato de la ley y el orden. «Este tipo se está postulando para presidente o para dictador?», se preguntaba el demócrata Bernie Sanders.

Mientras, algunos aprovechan el tirón de Trump para tomar posiciones. Es el caso del oportunista exlíder del Ku Klux Klan, David Duke, quien ayer presentaba su candidatura a senador de Luisiana: «La revolución empieza ahora. Liberaremos a nuestro país», decía el admirador del republicano.

En el lado demócrata, su rival y todavía virtual candidata Hillary Clinton, se dispone a anunciar a Tim Kaine como su vicepresidente. Así lo asegura The Wall Street Journal, que al cierre de esta edición mantenía que la exsecretaria de Estado elegiría al también senador por Virginia como compañero de fórmula. Kaine podría ayudar a Clinton en la disputa por este estado.

El senador de 58 años tiene gran experiencia en política exterior y ha integrado comités de las Fuerzas Armadas y Exteriores en la Cámara Alta. Es más, según The Washington Post, el propio Bill Clinton, expresidente y marido de la virtual candidata demócrata, le habría aconsejado su elección.

Hillary Clinton y Tim Kaine aparecerán juntos hoy mismo desde Florida, donde comenzarán a hacer campaña para consolidar su ventaja sobre los votantes de origen latinoamericano, que se presume clave.

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