Las represalias de Erdogan ya han caído sobre más de 30.000 personas

Ahora retira la licencia a 15.200 profesores y pide el cese de 1.577 rectores y decanos


estambul / colpisa

Los gritos de la calle tienen más fuerza que toda la presión de la Unión Europea y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, está dispuesto a reinstaurar la pena capital en el país. «Este tema será discutido en el Parlamento. Estos canallas nos bombardearon y pienso que los partidos tomarán la decisión correcta. Como persona con capacidad de aprobación, anuncio mi decisión de aprobarlo si el Parlamento así lo decide. Yo lo aprobaré».

El debate sobre la pena capital para los golpistas discurre en paralelo a una purga que ya tiene más de 30.000 represaliados entre personas detenidas y suspendidas de sus puestos de trabajo por su supuesta vinculación con el alzamiento militar. Una purga masiva que se extiende a diferentes estamentos para «eliminar desde sus raíces», según el primer ministro, Binali Yildirim, al movimiento liderado por el clérigo Fetulá Gulén, exiliado en EE.UU.. y al que acusan de orquestar la asonada.

Abrir un periódico en Turquía o poner la televisión significa encontrarse con nuevos capítulos de las represalias sin fin que han puesto en marcha las autoridades y que, según la UE, estaría preparada de antemano en sectores como la Justicia. Hay más de 8.000 detenidos, la mayoría militares, y el último sector en sumarse a la limpieza fue el educativo. «15.200 empleados públicos, tanto en los centros como en las provincias» fueron suspendidos del servicio, según el comunicado del Ministerio de Educación difundido por la agencia Anadolu, y a los 1.577 decanos y rectores de universidades públicas y privadas se les ha pedido que presenten su dimisión. Turquía también apartó de sus puestos a 492 miembros de la Oficina de Asuntos Religioso por sus supuestos vínculos «terroristas» con el golpe, a 100 empleados del servicio de inteligencia y a 257 integrantes del equipo de la oficina del primer ministro. Las autoridades también extienden su caza de brujas a los medios de información. El Consejo Supremo de Radio y Televisión de Turquía canceló las licencias a «todas las emisoras de radio y televisión que hayan dado respaldo a los conspiradores golpistas», una medida que afecta a unos 20 medios.

La rapidez de actuación y el volumen de represaliados encendió las alarmas de organismos como Amnistía Internacional (AI), cuyo director para Europa y Asia, John Dalhuisen, aseguró que «el gran número» de detenciones y suspensiones es «alarmante». En su opinión, «amenazar con restablecer la pena de muerte no es justicia» por lo que reclamó a las autoridades que «muestren contención y respeto» al Estado de derecho a la hora de realizar las investigaciones y que sometan a los detenidos a un juicio con garantías. Algo que parece complicado, teniendo en cuenta que uno de los sectores más golpeado ha sido la Justicia, con más de 2.700 jueces suspendidos.

Según trascendió ayer, las fuerzas armadas fueron alertadas por la inteligencia de que se estaba gestando el golpe horas antes de que comenzara. Los soldados que atacaron el hotel en el que estaba Erdogan de vacaciones habían recibido la orden de «capturar a un importante líder terrorista».

Ankara envía a Washington la petición para extraditar al clérigo Fetulá Gulén

Ankara ya ha pedido de manera formal la extradición del clérigo Fetulá Gulén a las autoridades estadounidenses, que confirmaron la existencia de esta petición y aseguraron que la analizarán. El presidente Barack Obama habló por teléfono con su homólogo turco y le ofreció la ayuda de Washington para investigar la revuelta, además de pedir contención en la persecución de los supuestos golpistas. Pero Erdogan prometió mano dura nada más conocerse la asonada y desde que se dio por concluido el golpe de manera oficial cumple su palabra minuto a minuto. Después de 12 años se reabre el debate sobre la pena de muerte, condena que Turquía había abolido para poder ajustarse a los parámetros exigidos por la UE para convertirse en un Estado miembro. El Partido Nacionalista (MHP), la formación con menos diputados en la Cámara, adelantó su intención de apoyar la aplicación del máximo castigo para los golpistas. Los kurdos del HDP se negaron de manera frontal y, de momento, los republicanos del CHP no han anunciado su posición.

El primer ministro compareció ante el Parlamento y, tras pedir «unidad» a las fuerzas políticas, anunció una «gran noticia» en relación al golpe que de momento no concretó. Yildirim anunció también el envío de dos cartas a las autoridades estadounidenses, una al Departamento de Justicia, solicitando el arresto, y otra a Exteriores (Departamento de Estado), pidiendo la extradición de Gulén, y denunció el doble rasero de Washington en la guerra contra el terrorismo. «Enviaremos muchas pruebas. Pero quiero preguntar a nuestros amigos estadounidenses: ¿Pidieron ustedes pruebas al ir a por los terroristas que derribaron las Torres Gemelas el 11 S? ¿Pidieron pruebas para internar a sospechosos en Guantánamo?», declaró.

Gobierno tribal

El religioso septuagenario, estrecho colaborador de Erdogan durante un largo período de tiempo, ha negado desde el primer instante cualquier implicación con el golpe y aseguró no sentirse «inquieto» por la petición de extradición porque considera que no prosperará. Gulén denunció que «este régimen se parece más a un clan o a un gobierno tribal» y recordó que «la historia nos enseña que los dictadores pueden llegar al poder con el apoyo de un gran número de personas, como lo hicieron Adolf Hitler, Sadam Husein o Gamal Abdel Nasser». En su opinión, Turquía ha dejado de ser una democracia.

Silencio y soledad en el Gran Bazar de Estambul

El Gran Bazar. Uno de los templos mundiales del regateo está sometido a un silencio en el que se escuchan las cucharillas chocando con los vasos de té cuando los vendedores remueven el azúcar de forma nerviosa a las puertas de sus tiendas. Esperan a unos clientes turcos y extranjeros a los que los atentados del último año y el golpe del viernes han ahuyentado para un buen tiempo.

«Jamás había visto esto así en los 32 años que llevo trabajando», se lamenta Mustafa Karliova frente a su joyería, vacía como el resto de comercios. Algunos turistas árabes pasan frente a unos escaparates que ahora mismo, en condiciones normales, deberían servir para atraer a miles de visitantes cada día. Por la megafonía se anuncia que a las once de la mañana tendrá lugar una marcha de protesta contra el golpe y se pide a los comerciantes que, bandera nacional en mano, se sumen. El resto de banderas que se ven son las de los países que forman el antiguo imperio otomano. «Somos un pueblo acostumbrado a luchar y saldremos adelante, pero el momento es muy duro. Al golpe hay que responder con otro golpe», señala Fatih Lebit desde su puesto de venta de monedas de oro, próximo a la zona de las casas de cambio cuyos carteles anuncian que la lira ya ha recuperado su valor respecto al dólar anterior a la asonada.

Las autoridades insisten en que el golpe servirá para fortalecer la economía, pero estos comerciantes piensan que «es solo propaganda». «Llevará mucho tiempo volver a ser lo que éramos», apunta un vendedor que pide mantener el anonimato. Las purgas han llegado a las fuerzas armadas, justicia, policía, servicios de inteligencia, oficina de asuntos religiosos o Ministerio de Educación y todos saben que pronto pueden llegar a la empresa privada.

A las once en punto un centenar de vendedores irrumpen con furia por una de las puertas históricas del recinto al grito de «¡cada turco es un soldado!». Insultan al clérigo Fetulá Gulén y dan gracias a Dios por la victoria frente a los militares. Las galerías que antes llenaban viajeros llegados de todo el mundo se convierten en un manifestódromo improvisado. Pero la protesta no se alarga demasiado y pronto vuelve el silencio. Los comerciantes miran los teléfonos, toman un té tras otro y al ver a un extranjero le piden que no informe «de forma negativa sobre Turquía. Hay ciudades en Europa que son más peligrosas que Estambul», dice Mehmet Bayindir.

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