redacción / la voz

Como si emulase al joven opositor que en 1989, durante las protestas en la plaza de Tiananmen, se situó frente a la columna de tanques enviados para disolver por la fuerza las movilizaciones, la muchedumbre plantó cara al golpe de Estado de los soldados rebeldes turcos y, atendiendo al mandato del presidente Erdogan, tomó lugares emblemáticos de Estambul como el puente del Bósforo y la plaza Taksim o el centro de Ankara. Era la dirigida defensa de la democracia, a cara descubierta, de una multitud que no parecía tener miedo a morir frente a los poderosos carros de hierro de los insurrectos ni bajo sus balas, como en el Pekín de hace 27 años.

Solo unas horas después de esa valiente gesta, los ciudadanos que durante la madrugada apedrearon tanques, logrando que los soldados cediesen y se entregasen a la policía, se manifestaban ante el Parlamento pidiendo la instauración de la pena de muerte, que fue abolida en Turquía en el año 2004. Erdogan mueve los hilos de sus partidarios, que demuestran una lealtad absoluta coreando gritos como «dinos que peguemos y vamos a pegar, dinos que matemos y vamos a matar».

Mensaje captado

Lejos de buscar que los ánimos se calmen después de horas convulsas, el mensaje de los manifestantes parece tener una gran receptividad entre el partido gobernante. Según indican medios locales, ante los eslóganes de los manifestantes, el primer ministro Benali Yildirim afirmó: «Hemos entendido vuestro mensaje, haremos lo que sea necesario». Una declaración que ha encendido las primeras voces de alarma en la oficina turca de Amnistía Internacional, ante la posibilidad de que la pena de muerte vuelva a introducirse en Turquía. Expertos en derechos humanos ya han puesto de manifiesto que una vuelta a la pena capital sería el fin de la victoria.

Pocos cuestionan que el llamamiento del presidente a los turcos para que se echaran a la calle de Ankara y Estambul para repeler la intentona golpista fue clave, como lo fue la determinación de la población que, según testigos presenciales, plantó cara a los militares alzados como si no tuvieran miedo. ¿Quiénes eran? Algunos medios turcos ponen el acento en el hecho de que entre los manifestantes había muchos jóvenes con atuendo islamista y mayoritariamente hombres, algo que contrasta claramente con la composición de los que acuden a las movilizaciones de izquierdas, que congregan tanto a varones como a mujeres.

Tampoco se pierde de vista que, según las imágenes difundidas por las televisiones otomanas, algunos levantaron cuatro dedos, una señal de adhesión a los Hermanos Musulmanes, que cuentan con la simpatía de Erdogan. Otros corearon el eslogan «Fetüllah Gülen es el perro de Israel» para vituperar al gran rival del presidente.

Eso no se siempre se ve en las imágenes que desde el viernes han dado la vuelta al mundo y que hacen inevitable la comparación con la fotografía que permanece para la historia de Tiananmen. Como la del hombre que no dudó en tirarse delante de uno de los carros blindados para detener su avance.

Egipto pasa factura a Turquía por su apoyo a los Hermanos Musulmanes

Egipto ha bloqueado la condena de la violencia en Turquía ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La declaración que se sometía a votación pedía a todas las partes respeto al Gobierno elegido democráticamente. Posiblemente Egipto ha pasado factura a Turquía, que apoyó a los Hermanos Musulmanes. El presidente egipcio, Abdelfatá al Sisi, llegó al poder tras un golpe de Estado contra el presidente islamista Mohamed Mursi, que había sido elegido democráticamente como candidato de Hermanos Musulmanes.

La declaración a la que ha puesto objeciones Egipto expresaba también la grave preocupación por la situación y pedía contención, así como que se evitase la violencia y el derramamiento de sangre. También se reclamaba el fin urgente de la crisis y el restablecimiento del estado de derecho. Según indica Europa Press, fuentes diplomáticas han explicado que Egipto ha argumentado que el Consejo de Seguridad no estaba en situación de saber si hay un Gobierno elegido democráticamente.

Por unanimidad

Las declaraciones del Consejo de Seguridad deben ser aceptadas por unanimidad por sus quince miembros, incluidos los cinco permanentes y los diez que tienen carácter rotatorio, entre los que actualmente se encuentra Egipto.

Durante la jornada sí se han sucedido las condenas a lo ocurrido en Turquía procedentes de diversos países y dirigentes políticos. La canciller alemana Angela Merkel ha asegurado que Alemania apoya a quienes defienden la democracia y el Estado de derecho.

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La misma multitud que detuvo a los tanques reclama la pena de muerte