Maduro avanza en la militarización de Venezuela de la mano de Padrino

La República Bolivariana de Venezuela, bautizada así por el chavismo en 1999, va camino de convertirse en la República Militarizada de Venezuela, de la mano del actual ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, en un intento desesperado de Nicolás Maduro por amortiguar su caída de la silla presidencial, cada día más inminente.


A CORUÑA

El pasado mes de diciembre Nicolás Maduro sorprendía a la ciudadanía con el anuncio del regreso a los cuarteles de los militares que en aquellos momentos ocupaban nueve carteras ministeriales y 1.600 cargos públicos. Lo que algunos interpretaron en su momento como un desmarque de los uniformados de la derrota del chavismo en las elecciones que se habían celebrado días antes e incluso que podría suponer una ruptura entre las fuerzas armadas y el partido del gobierno, en realidad se quedó en una mera jugada táctica, sin más. Todos o casi todos los militares siguen en sus puestos en la administración civil, e incluso es posible que aumentase la nómina.

Esa pretendida desmilitarización de la administración venezolana no encaja con la creación el pasado mes de febrero de Camimpeg, una empresa petrolera de los militares paralela a PDVSA, que tiene facultades legales para explotar, buscar y distribuir crudo, ni con el control que le dio al mes siguiente de la zona minera del Estado Bolívar, en el sur del país, una de las mayores reservas auríferas del mundo, que ahora espera ser explotada con empresas chinas en el llamado Arco Minero.

Por si con todo lo anterior no tenían suficiente, el pasado lunes, al día siguiente de la peregrinación de más de 35.000 venezolanos a los que le permitieron atravesar la frontera colombiana para abastecerse de alimentos, medicinas y otro productos de primera necesidad de los que carecen en la Venezuela de Maduro, el presidente anunciaba la creación de la Gran Misión Abastecimiento Soberano y Seguro, un esquema que da control absoluto de la producción, importación y distribución de alimentos y medicinas a las Fuerzas Armadas Bolivarianas (FANB).

Al día siguiente, Vladimir Padrino, ministro de Defensa informaba que las FANB ya están trabajando para resolver los problemas de distribución y abastecimiento de alimentos, unos problemas que el gobierno del que forma parte se negó a reconocer hasta ahora.

 «Hemos ocupado algunos puertos, y comenzado a visitar algunos sitios, almacenes, empresas privadas (?) No es intervención, pero si hiciera falta el Estado tiene todos los mecanismos para hacerlo», advirtió obviando que los puertos venezolanos están todos controlados desde los tiempos de Chávez por el Gobierno y/o sus afines.

Al amparo del decreto de Emergencia Económica, publicado en mayo que le dio a Maduro poderes sobre la Constitución y la Asamblea Nacional, el mandatario otorgó a Padrino facultades para dictar regulaciones y medidas especiales a empresas o jurisdicciones.

¿Por qué los militares?

¿Qué pueden aportar los uniformados de Padrino para resolver el asfixiante problema de desabastecimiento que padece Venezuela? Dicen que acuden a ellos para «limpiar» la corrupción pero lo cierto es que las hemerotecas y la experiencia de muchos venezolanos, sobre todo los de la frontera con Colombia que saben como funciona ese suculento negocio, no permite abrigar muchas esperanzas.

No hay más que desempolvar el Plan Bolívar 2000 lanzado por Chávez en 1999. El comandante recién llegado a la presidencia encomendó a los militares llevar medicinas y alimentos a las casas de los venezolanos. Ese fue uno de los primeros fiascos del chavismo, en parte porque 21 de los 24 generales que estuvieron a cargo de esta plan fueron investigados por corrupción. Entre los años 2005 y 2010 se multiplicaron por cinco las importaciones de alimentos. Una buena parte de ellos se pudrieron en contenedores abandonados en los puertos y/o almacenes porque el negocio no estaba en la venta y distribución de esos productos a los consumidores sino en la compra de los mismos con dólares subvencionados y sobrefacturaciones pactadas con los proveedores.

Los militares que administraban los alimentos se han visto envueltos en decenas de escándalos que incluso han sido corroborados por la justicia, a pesar del control que sobre la misma ejerce el oficialismo.

El poder de los militares en este sector no dejó de crecer en los años que lleva Maduro en la presidencia. Según una documentada investigación que acaba de publicar el portal digital Armando.info, la importación, producción y distribución de alimentos está en manos de 36 oficiales superiores del Ejército que ocuparon los cargos de ministro y viceministros, así como directores de nueve empresas públicas por cuyas manos han pasado en estos años cerca de 100.000 millones de dólares.

De los cinco ministros de Alimentación que nombró Maduro en tres años todos militares, uno de ellos -Hebert Josué García Plaza- esta prófugo. La Fiscalía le acusa de haber comprado tres barcos españoles con sobreprecio cuando era presidente de la compañía estatal Bolipuertos. Otros tres están siendo investigados por la Comisión de Contraluría de la Asamblea Nacional por el presunto desfalco de millones de dólares destinados a la compra de alimentos.

El zorro y las gallinas

Con estos precedentes muchos venezolanos se preguntan qué sentido tiene el dar más poder a lo militares en la importación y distribución de alimentos ya que «es lo más parecido -dicen- a poner al zorro a cuidar el gallinero». Hay quien opina que Maduro recurre a Padrino «porque él es quizá el único que puede limpiar y gestionar el sistema de distribución». Pero la mayoría de los expertos en temas militares opina que lo que busca Maduro es «un mayor control de las FANB dándoles poder». Los militares ya tienen aumentos de salario, acceso a productos y beneficios sociales que pocos venezolanos reciben, en especial desde la crisis.

Otros ven en las últimas decisiones del presidente Maduro una jugada política de mayor envergadura: el inminente acceso de Padrino a la vicepresidencia para acabar en la presidencia si al final no logran evitar el referendo revocatorio sino solo retrasarlo hasta mediados de enero y así evitar la convocatoria de nuevas elecciones presidenciales.

«Modo diálogo»

Esta es la tesis del portal digital La Patilla que relataba a mediados de esta semana que Maduro y su séquito ya han decidido que no habrá revocatorio ni este año ni el que viene. Apunta que el gobierno, con la inestimable colaboración de Rodríguez Zapatero y sus acompañantes, está en modo diálogo, aparentado una disposición a un diálogo sin condiciones que no es tal, a la espera de que la oposición baje la guardia y acepte tomarse una foto con él. Su idea sería ir ganando tiempo y abandonar el barco en el último momento dejando al frente del mismo a Padrino, un militar de toda confianza que permitiría vender de cara al exterior la imagen de una transición pacífica.

Todo ello con una economía un poco más normalizada con la ayuda exterior, especialmente de Washington que vería con buenos ojos la jugada. Según algunos analistas, Padrino está haciendo llegar a la Casa Blanca, de forma insistente, el mensaje de que solo con él la transición es posible.

El principal pero de la estrategia madurista es que la oposición ya ha dejado claro por activa y por pasiva que no está dispuesta ceder. Renunciar al revocatorio sería su suicidio político.

¿Quién es padrino?

Vladimir Padrino López, de 52 años, el futuro vicepresidente de Venezuela que se perfila como el relevo de Nicolás Maduro ostenta el más alto grado al que un militar puede aspirar en Venezuela, el de general en jefe. Es ministro de Defensa desde 2014 y juega un papel fundamental como cabeza visible de la institución castrense.

Se dice de él que es un hombre de talante conciliador y un tipo muy hábil. Algunos sectores aplaudieron que no cuestionara el resultado electoral de diciembre pasado, cuando la oposición logró, por primera vez en 15 años, la mayoría en la Asamblea Nacional, pero el paso del tiempo ha demostrado que no fue un gesto gratuito, sino con visión de futuro en su carrera política.

No reniega de su condición de chavista y se manifestó en su día muy ofendido por la decisión del nuevo presidente de la Asamblea Nacional de retirar la iconografía alusiva al difunto Comandante que proliferaba por doquier.

Declaró que la Ley de Amnistía para los llamados presos políticos que aprobó la Asamblea Nacional era un «adefesio" y ordenó a todos sus subalternos abstenerse de comparecer ante el Legislativo si los llamaban a rendir cuentas. La primera muestra de lealtad de Padrino con Chávez, y quizá la más importante, se dio en abril de 2002, cuando lideró uno de los comandos que se rebelaron en contra del golpe de Estado que tumbó al fallecido presidente por 48 horas. 

Ha escalado posiciones hasta convertirse en uno de los hombres de confianza de Nicolás Maduro, y como ellos, se ha acercado y visitado con frecuencia a los líderes de la revolución cubana, los hermanos Castro. Los testimionios gráficos sobre su devoción por Fidel son elocuentes.

Es uno de los pocos altos mandos militares venezolanos que no están acusados por la justicia de Estados Unidos -y sancionados por el gobierno de Barak Obama- de cargos de narcotráfico y lavado de dinero.

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