Casi 200 muertos en el golpe de Estado fallido de Turquía

El Gobierno de Erdogan da por fracasado el intento de golpe de Estado promovido por un sector del Ejército que sembró la violencia y el caos durante horas en Ankara y Estambul

En streaming, el golpe de estado fallido en Turquía

M. Cedrón / La Voz | Agencias

El levantamiento militar iniciado este viernes por un grupo de militares turcos ha quedado neutralizado, según ha afirmado el Gobierno.

El jefe de las Fuerzas Armadas de Turquía en funciones, Umit Dundar, ha cifrado en casi 200 el número total de fallecidos durante la rebelión militar, entre ellos 47 civiles y más de un centenar de presuntos golpistas. Además, otras 1.154 han resultado heridas.

Dundar, que ha asumido temporalmente el mando de las Fuerzas Armadas tras el secuestro del jefe del Estado Mayor, Hulusi Akar, ha comparecido públicamente para dar por «cerrado un capítulo», aunque también ha admitido que siguen activas operaciones de seguridad y que algunos comandantes permanecen retenidos.

Un fiscal del distrito de Golbaso ha asegurado que 42 personas perdieron la vida en Ankara, entre ellas 17 policías muertos durante un ataque a la sede de las fuerzas especiales, informa el periódico Hurriyet. Asimismo, también han perdido la vida dos empleados del operador de satélite TURKSAT en el mismo barrio.

Por otra parte, Dundar ha informado de la muerte de 104 militares que habrían participado en el golpe. Según el jefe interino de las Fuerzas Armadas, a la rebelión se han sumado principalmente elementos de la Fuerza Aérea y de la Gendarmería, mientras que ha sido rechazada por los altos mandos.

Más de 1.500 militares han sido detenidos en las últimas horas por su presunta relación con la revuelta y los medios locales han difundido imágenes de supuestas rendiciones ante las autoridades legítimas. Sólo en Ankara se han entregado alrededor de 700 uniformados, según la agencia Anatolia.

El jefe militar ha celebrado la victoria de la democracia y el Estado de Derecho y ha aplaudido especialmente la labor desempeñada por la Policía y la Fiscalía. Asimismo, ha llamado a seguir trabajando para derrotar a la «estructura paralela» que, según ha advertido, sigue existiendo en las Fuerzas Armadas.

La Presidencia de Turquía, por su parte, ha llamado en Twitter a la ciudadanía a seguir en las calles ante el riesgo de que se produzca un «nuevo» movimiento contra el Gobierno.

Un sector del Ejército turco anunció ayer que había tomado el poder en Turquía, donde decretó un toque de queda y la ley marcial. La población, siguiendo las órdenes de Erdogan, se echó a la calle y logró frenar el avance de los tanques. Pocos minutos antes, el Gobierno había desmentido el triunfo de la sublevación y los servicios de inteligencia comunicaban que había fracasado.El primer ministro, Binali Yildirim, anunció que varios sediciosos habían sido detenidos. Y el jefe del Estado Mayor, el general Hulusi Akar, había sido liberado.

Tras conocer la noticia del golpe, el presidente, Recep Tayyip Erdogan, que estaba de vacaciones, hizo un llamamiento a la población para salir a la calle y frenar el avance de los rebeldes por medio de una intervención telefónica en la CNN turca. Poco después comenzaron a verse algunas manifestaciones por las calles de Estambul e Izmir. El Gobierno vincula a los sublevados con el clérigo Fetulá Gulen, quien fue aliado de Erdogan hasta su distanciamiento en el 2013, pero este ha negado estar detrás. Empresarios turcos partidarios del golpe, según informa Claudia Vázquez, lo relacionan con las depuraciones que está realizando Erdogan en la cúpula del Ejército para colocar a los suyos.

Orden constitucional

«Restablecer el orden constitucional». Eso es lo que ha llevado a ese sector del Ejército a perpetrar el intento de golpe, como explicaron ellos mismos en un comunicado emitido por el canal de televisión TRT. Ahí acusaron de «traidor» a Erdogan y explicaron que el país sería gobernado por un Consejo de Paz en Casa para darle «a todos los ciudadanos, los derechos y restablecer el orden constitucional».

En ese momento, los golpistas tenían tomados varios de los puntos estratégicos del país. La televisión, el palacio presidencial, el aeropuerto de Ataturk (todos los vuelos quedaron cancelados en el país), los dos puentes sobre el Bósforo que unen Estambul con Europa. Su objetivo: «Restaurar la democracia... Todos los acuerdos internacionales estarán vigentes. Esperamos mantener nuestras buenas relaciones con todos los países», como había adelantado en los primeros momentos del golpe el propio estado mayor.

Aviones sobre Ankara

Fue el sonido de los aviones cruzando el cielo de Ankara en vuelo raso lo que sembró a media tarde de ayer la incertidumbre entre la población de la capital turca. Era el anuncio de todo lo que se estaba gestando. El primer movimiento, según Colpisa, fue el cierre de los puentes Bósforo y Fatih Sultan Mehmet, las dos arterias que unen la parte asiática de Estambul con su parte europea, aunque solo hacia el Viejo Continente. Podía parecer una medida preventiva de las autoridades turcas con motivo del atentado de Niza, un reforzamiento de las medidas de seguridad para evitar que el terrorismo yihadista -hace apenas veinte días el aeropuerto internacional de la antigua Constantinopla era atacado por dos islamistas-. Sin embargo, el escenario era diferente. La presencia militar en las calles era excesiva. Algo pasaba.

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