Nicolás Maduro y Cilia, tras los pasos de Nicolae Ceaucescu y Elena

Medio año después de unas elecciones legislativas que hicieron abrigar a muchos la esperanza de que aquello era el comienzo de una nueva era para el país, la fachada democrática de Venezuela se cae a trozos. Cada día son más los se preguntan a qué espera Nicolás Maduro para irse por las buenas


A CORUÑA

Salidas no le faltan. Los regímenes democráticos disponen de diferentes mecanismos constitucionales para afrontar situaciones como esta. La Constitución de la República Bolivariana, que sobre el papel presumía de ser una de las más progresistas de su tiempo, contempla la figura del referendo revocatorio.

De ella quiso echar mano la oposición cuando se le empezó a ver el plumero de autócrata a Chávez Frias. No lo lograron, pero sí le pusieron en bandeja una larguísima lista de no adeptos al régimen que pronto se empezaron a ver privados del acceso a cualquier empleo público o ayuda social por el simple hecho de ejercer el derecho constitucional de firmar la solicitud de un referendo para cambiar al presidente.

El contundente resultado de las urnas el pasado seis de diciembre, lejos de servir para que el presiente y su séquito tomasen nota de que no contaban con el respaldo de los dos tercios de la población, lo que hizo fue poner en evidencia, no solo su talante antidemocrático sino su esquizofrenia galopante.

La oposición, una vez constatada de forma fehaciente la actitud cerril del inquilino del palacio presidencial de Miraflores, tras estudiar las diversas alternativas constitucionales para forzar su relevo, se decantó de nuevo por el referendo revocatorio.

Su activación, hasta la fecha, solo ha servido para poner de manifiesto que intentar aplicarlo en un régimen tan poco democrático como el actual de Venezuela es casi una utopía. Eso sí, está sirviendo para desquiciar aún más a un Nicolás Maduro consciente de que si deja que los venezolanos vuelvan a las urnas, la diferencia de votos será aún mayor que la de las elecciones del pasado diciembre.

La mediación de Zapatero

Lo de recurrir a José Luis Rodríguez Zapatero y compañía para que hiciesen de mediadores con la oposición, en cualquier caso, no tardó en poner de manifiesto que era una burda maniobra dilatoria de cara a la galería internacional para ganar tiempo e intentar retrasar el revocatorio hasta el año que viene, si es que no le queda más remedio que celebrarlo, como mal menor.

La entrada en el juego del ex presidente español, como era previsible, no le va a servir de mucho porque hay que ser muy osado o muy ingenuo para prestarse a visitar en la cárcel a uno de los presos más emblemáticos de la oposición y pedirle que renuncie al revocatorio, algo que no sería más que un suicidio político inútil, porque no sólo no resolvería ninguno de los gravísimos problemas que aquejan al país, sino más bien todo lo contrario.

Si el régimen madurista tuviese el más mínimo interés en sentarse a dialogar con la oposición y afrontar con realismo los problemas del país,  no le faltaron oportunidades a lo largo de lo que va de año para tener algún gesto de buena voluntad. Por el contrario, lo que hizo fue incrementar la represión, sacando las tanquetas y las bayonetas contra las manifestaciones de la población hambrienta que se suceden a diario a lo largo y ancho del país. También instigó o toleró salvajadas como las agresiones y humillaciones sufridas por un grupo de seminaristas.

Sigue impidiendo que avance el juicio contra la juez María Lourdes Afiuni, presa desde hace más de seis años por orden directa de Chávez. También mantiene al alcalde de Caracas en arresto domiciliario desde hace mas de 500 días y sigue ensañándose con Leopoldo López, a quien le robaron de la celda las notas escritas para preparar su defensa. Mientras tanto no se olvida de lanzar amenazas a la Asamblea Nacional con un un fujimorazo ejecutado por su Tribunal Supremo. 

Como broche de oro de su gestión de la crisis del desabastecimiento galopante no se le ocurrió mejor idea que dejar el control y distribución de los pocos alimentos, medicamentos y otros productos básicos que entran en el país en manos de militares y de militantes de su partido.

Aislado

A nivel interno esta radicalización del madurismo hace que su respaldo popular no llegue al 20 % en las últimas encuestas  y que a nivel externo ya nadie quiera salir con él en la foto. 

Así, en la OEA perdió la batalla frente a Almagro, su secretario general, que consiguió que se activara la denominada Carta Democrática. 

En UNASUR, donde entró por la puerta de atrás, gracias al apoyo de la Kischner y de Lula, se ha visto privado, al menos de momento, de ejercer la presidencia rotatoria que le correspondía a partir del próximo martes por seis meses.

Pero incluso, con otros aliados incondicionales del chavismo las cosas ya no son lo que eran. Cuba ya está sufriendo en carne propia los efectos de la crisis venezolana porque Caracas se ha visto forzada a cerrarle parcialmente el grifo petrolero. Este cierre ya está provocando restricciones en el consumo energético interno de Cuba y también una caída en la entrada de dólares por los excedentes que colocaba en el mercado internacional. Según algunos analistas, de no ser por la progresiva normalización de sus relaciones con Estados Unidos, Cuba se podría ver abocada a reeditar el denominado Periodo Especial.

Por otra parte China, el primer socio comercial de Venezuela, no está dispuesta incrementar sus riesgos. Acepta renegociar los créditos ya concedidos pero no suelta un dólar más en créditos nuevos y ya está tendiendo puentes con la oposición. Julio Borges, el portavoz de la MUD en la Asamblea Nacional ya fue recibido oficialmente con todos los honores en Pekin.

Con este panorama ya son muchos, incluso de los suyos, los que se preguntan, ¿A qué esperan Maduro y Cilia, la primera dama, para recoger velas si no quieren irse al fondo en un barco que hace aguas por todas partes? Hay quien opina que están abocados a seguir los pasos del rumano Nicolae Ceaucescu y su esposa Elena que acabaron en un pelotón de fusilamiento tras un juicio sumarísimo, después de haber hecho pasar a su pueblo por situación de hambruna, falta de medicamentos y demás, muy parecida a la que padece actualmente Venezuela.

Pero no falta quien piense que pueden estar esperando una respuesta definitiva del presidente norcoreano Kim Jong-un para ir a pasar allí el fin de sus días y disfrutar de los ahorrillos acumulados en los años en que la pareja lleva al servicio del pueblo venezolano. 

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