«La bomba estalló justo donde habíamos estado minutos antes»

La madrileña Claudia Searle se encontraba en el aeropuerto Atatürk de Estambul en el momento del atentado, donde permaneció escondida más de dos horas

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«La bomba estalló justo donde habíamos estado minutos antes» Hablamos con Claudia, una joven española que fue testigo directo del atentado en el aeropuerto de Estambul. Ella y a su amiga permanecieron escondidas dos horas en los conductos de ventilación

A sus 23 años, la joven madrileña Claudia Searle acaba de vivir una pesadilla que seguro nunca olvidará. El martes por la tarde llegó al aeropuerto de Atatürk, en Estambul, con unas amigas. Tenían que hacer escala allí para pasar unas vacaciones en Tailandia, pero todo se truncó cuando se vieron atrapadas por el terrible atentado. «Ocurrió debajo de nosotras, la bomba estalló justo donde habíamos estado minutos antes», cuenta aún conmocionada.

Se refiere al piso donde habían estado tomando un café y charlando desde su llegada a la terminal, sobre las seis de la tarde. «Una de mis amigas quiso salir a la calle a fumar, pero como teníamos que pasar los controles, el personal del aeropuerto nos dijo que era mejor que subiéramos a la terraza, una planta más arriba. Ella fumó en 5 minutos y, mientras estábamos tomando una cerveza en un bar cercano, vimos que el camarero se ponía nervioso. Nos dijo ‘hay un problema’, y de pronto la gente empezó a correr, hasta que sonó ‘¡bum!’».

Una de las bombas había explotado bajo sus pies, la única que Claudia oyó. «Ni siquiera escuché los disparos. A partir de ese momento, todo fue caos, avalanchas de gente corriendo, llorando y gritando. Nos decían que mantuviéramos la calma, pero era muy difícil ante ese panorama», relata. Invadidas por el miedo, corrieron a esconderse, primero «tras una columna» y, después, dentro de un armario cercano. «Nadie nos explicaba lo que estaba pasando», señala, y subraya que «había momentos en que todo estaba más en calma. Y, de repente, avalanchas de nuevo».

Un refugio en el techo

Fue en uno de esos momentos de aparente tranquilidad cuando conocieron a otro grupo de viajeros españoles. «Uno de ellos se subió al conducto del aire acondicionado del techo. Nos dijo: ‘En cuanto se relaje un poco la cosa, os subís aquí conmigo’. Entonces todos los españoles que estábamos en el armario, como en un tetris, subimos al techo con su ayuda y estuvimos allí unas dos horas, no recuerdo cuánto tiempo exactamente», se disculpa.

Pero, a pesar de la seguridad de su escondite, lo que presenciaron desde allí no fue tranquilizador. «Estábamos escuchando todo lo que pasaba. Había personas hablando debajo de nosotros, pero se comunicaban en turco y no sabíamos si eran yihadistas o no», cuenta Searle.

Poco a poco, las idas y venidas de gente corriendo fueron cesando hasta que, finalmente, «alguien se acercó» para decirles que podían salir, «que ya estaba todo controlado y no había ningún peligro». «Nos evacuaron, pasamos el control de pasaporte y nos subieron a unos autobuses que nos llevaron hasta el centro de la ciudad, a una zona de muchos hoteles», afirma.

Asegura que una vez allí todo fue «un ‘búscate la vida’», ya que tuvieron que encontrar un hotel por su cuenta, aunque comprende que «éramos miles de personas con el mismo problema».

Finalizado el amargo episodio, admite que está «todavía en shock», pero «más tranquila y asimilando la situación». Anoche, la joven y sus amigas continuaban en Estambul sin poder conseguir un vuelo que, dicen, seguirá teniendo como destino Tailandia. «Sinceramente, me he planteado volver a mi casa, pero me he dado cuenta de que no me servirá de nada quedarme allí dándole vueltas al asunto. Si podemos, queremos coger el avión previsto y pasar unas buenas vacaciones», concluye. Sin duda, el país asiático será lo más parecido al paraíso después de pasar por un verdadero infierno.

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