La UE a Cameron: no habrá atajos ni privilegios

Gélido adiós al británico, que trata de ganar tiempo a costa de las divisiones sobre el calendario


Bruselas / Corresponsal

El brexit ha puesto a la UE frente al espejo. La sacudida ha logrado desnudar las debilidades del proyecto europeo, desdibujado por las distancias entre sus socios. Esa patología que arrastra desde que fue forjada tocó ayer techo durante la cumbre de líderes. Los 27 se cruzaron de brazos para dar una gélida despedida a David Cameron y dejarle claro que no habrá ni atajos ni privilegios a la salida el club. Y hasta ahí el consenso. 

Berlín pide calma y sosiego. Angela Merkel es partidaria de mostrar más flexibilidad con el calendario del brexit y rebajar el tono con Londres. Eso sí, ayer dejó claro que «no habrá negociación formal o informal antes de que active el artículo 50 de los Tratados», una postura unánime en el Consejo. François Hollande aterrizó con un mensaje distinto exigiendo a Cameron que de luz verde al proceso de divorcio cuanto antes. «No puedo imaginar a un Gobierno que no respete la decisión de su gente. Estoy absolutamente convencido de que no hay tiempo que perder», indicó. El primer ministro francés, Manuel Valls, apretó más las tuercas al tory: «Entiendo que el Reino Unido quiera defender sus intereses, pero Europa también debe pelear por los suyos». 

En el frente germano se han alineado delegaciones como la de Holanda. Piden paciencia y relaciones «amistosas» con Londres. Del lado franco se han puesto Bélgica, Italia y Luxemburgo. «No puedo aceptar que Europa y Bélgica paguen las facturas de la decisión británica», se quejó el belga Charles Michel. El luxemburgués Xavier Bettel dejó claro que no quieren medias tintas: «No es como el Facebook donde el estado es complicado. Aquí se está o no se está casado». 

Ralentizar el proceso

El premier británico expuso durante la cena su estrategia post referendo, plagada de incógnitas. Su habitual tono desafiante se transformó en una inusual cordialidad. Londres quiere evitar a toda costa apretar el botón si no hay garantías de cerrar un divorcio amistoso que blinde el acceso al mercado interior. David Cameron aprovechó las desavenencias entre las capitales para ganar tiempo. «Espero que el proceso sea lo más constructivo posible. No podemos dar la espalda a Europa», manifestó.

Pero algunos de sus socios le tienen tomada la medida y quisieron ayer desquitarse de sus desplantes: «El brexit fue propuesto por la ambición de algunos políticos. El país se ha convertido en rehén de estas ambiciones», le espetó la presidenta lituana, Dalia Grybauskaité. El presidente del Consejo, Donald Tusk, admitió que la UE «está lista para iniciar el divorcio hoy mismo», pero pidió paciencia. La decisión corresponde a Londres. Lo que no aclaró fue quién negociará ese divorcio. Ayer se libró una guerra soterrada entre la Comisión Europea y los Estados miembro para aclarar quién defenderá los intereses de los 27 durante el proceso de ruptura. La UE quiere mantener la sartén por el mango. El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, recordó ayer a Londres que serán los europeos y no los británicos «quienes dictarán los términos» de un nuevo acuerdo comercial. 

A pesar de la retórica dura, no son pocos los que dudan de que el Reino Unido apriete finalmente el botón o, que de hacerlo, no pueda volver a ingresar a la UE. El vicepresidente de la Comisión, Frans Timmermans, dejó ayer la puerta abierta a esa posibilidad. 

Hoy la reunión de líderes será a 27. Por primera vez en la historia se invitará al Reino Unido a que abandone la sala. Sus exsocios deberán empezar a perfilar el futuro de la UE sin los británicos. La incógnita es si se contará con nuevos miembros. La líder escocesa, Nicola Sturgeon, visita hoy Bruselas para trasladar su férreo deseo de quedarse en la UE.

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