Desolación y enfado en la colonia inglesa

Británicos en Galicia lamentan el resultado y muestran su preocupación por el futuro


redacción / la voz

Nadie lo esperaba. En Galicia tampoco. La mayor parte de la colonia británica en Galicia creía que el resultado sería ajustado pero que el Reino Unido permanecería en la UE. Aunque alguno mantenía sus suspicacias: «Cando empezou a falarse do referéndum eu, por si acaso, comecei a tramitar o pasaporte irlandés», admite Craig Patterson, un profesor inglés afincado en Galicia. Explica que su padre es irlandés y eso le da derecho a acceder al pasaporte de ese país: «E, como medida de protesta polo resultado do referendo, é o pasaporte que vou usar a partir de agora». Patterson se confiesa avergonzado y entristecido por la decisión que han adoptado sus compatriotas y expone como fue cambiando su punto de vista a medida que avanzaba la campaña: «Eu comparto todas as críticas á Unión Europea; estou moi decepcionado e, inicialmente, estiven a favor do brexit. Pero hai dez días máis ou menos empecei a notar un xiro xenófobo na campaña e o uso de carteles que remitían ás ideas fascistas. A campaña converteuse nunha loita entre o ben o mal».

James Stilwell, otro profesor y traductor, dice que la consecuencia inmediata del brexit ha sido acelerar su petición para conseguir la nacionalidad española: «Aún no se sabe que va a ocurrir, pero prefiero no arriesgarme», asegura. «Estoy muy cabreado», enfatiza Stilwell, que lleva en España desde 1980 y critica con dureza el hecho de no haber podido participar en el referendo: «Por llevar más de 15 años fuera del Reino Unido no he podido votar. Somos muchos miles quienes no hemos podido hacerlo».

James Skinner, de 77 años y residente en Vigo, tampoco pudo votar. Forma parte de la generación que ha decantado la balanza hacia la salida de la UE, pero no está nada de acuerdo con ese punto de vista: «Ha sido un acto estúpido. Ningún país civilizado convoca un referendo tan estúpido», apunta este hombre, que llegó a ser cónsul honorario del Reino Unido en Vigo. «Claro que estoy preocupado -afirma-, porque cobro mi pensión en el Reino Unido. Y no estoy hablando solo de la devaluación de la libra que, como siga así, hará que pierda casi el 25 % del valor de mi pensión». Skinner que tiene hijos y nietos gallegos, opina que no es nada fácil encontrar a un británico en Galicia que sea favorable a la salida de la UE: «Aquí no es como en la Costa del Sol; la mayoría estamos casados con gallegas o gallegos, la gente está más integrada. Además, se vive muy bien como comunitario. Ahora muchos ingleses que viven en España se quedarán sin cobertura sanitaria, tendrán que renovar sus permisos de residencia, tal vez les haga falta un visado...».

Rachel Sammons, tiene 30 años y vive en Santiago. También se llevó una buena sorpresa cuando se enteró del resultado del referendo: «Es la misma sorpresa que me llevaría si Trump ganara las elecciones en Estados Unidos. Es posible, pero nadie lo espera». Asegura que no siente vergüenza, pero sí decepción: «Yo hubiera votado por quedarnos, pero estoy orgullosa de que se haya convocado un referendo y de que el primer ministro asuma sus responsabilidades y dimita. Lamento que la decisión se haya tomado por un millón de votos en un país donde viven 70 millones. Se debería plantear otra consulta». Si se hiciera, admite, ella votaría, cosa que no hizo esta vez, confiada en que su voto no iba a ser necesario. Lo que no ve son problemas personales por la decisión de sus compatriotas: «No tengo miedo. Lo único que me preocupa es que haya un efecto contagio y se rompa la Unión Europea. Pero no por otra cosa. ¿Papeleo? Siempre hay que hacerlo. Yo me voy a casar y he tenido que cubrir el doble de papeles que una amiga estonia que también se casa. Pero sí, es una pena que nos marchemos». 

Gallegos en el Reino Unido notan un creciente rechazo al emigrante

«¿Estuviste aquí en los noventa? No reconocerías esto ahora. Tampoco lo harías de haber estado hace diez años. Todo ha cambiado mucho, Londres está lleno de inmigrantes. La actitud de mucha gente de aquí no es la misma que hace unos años». María es de Ortigueira. Llegó por primera vez a Londres en 1985. Con la perspectiva que le dan los años tiene criterio para valorar cómo ha cambiado la actitud de algunos sectores de la población inglesa con respecto al inmigrante. El rechazo va en aumento y también alcanza a la colonia gallega.

Es algo que notan también Teresa y Ramón, una pareja de treintañeros compostelanos con un niño pequeño que, después de estar en Panamá, emigraron a Liverpool donde ella, abogada, da clases de español, y él músico, trabaja de cocinero mientras termina sus estudios para luego dar clase.

«Hay bastante preocupación, un ambiente un tanto xenófobo por parte de algunos. Pero estamos decepcionados sobre todo porque creíamos que el pueblo británico era más tolerante en el sentido de la acogida, es un país lleno de inmigrantes», dicen. Y hablan del caso de la ciudad donde viven «que está financiada en un 70 % por fondos de la UE y que votó quedarse. Aquí dependen mucho de la importación».

Para muchos, lo que están pasando es producto de una campaña donde «ha habido una manipulación total» de la clase trabajadora, como cuenta Paula Garrido, una periodista de Negreira de 43 años que lleva veinte años en Londres casada con un inglés de Leeds. 

«Campaña sucia»

No opina muy diferente al ingeniero ambiental de la Costa da Morte, Marcos Vázquez Trillo, que lleva cuatro años en Manchester trabajando en una planta de tratamiento de residuos. A él no le sorprendió el resultado por todo lo que escuchaba en el trabajo:«Tíñao bastante claro porque no traballo, entre a xente coa que falo, a máis veterana, raro era o que quería votar por quedar». Pero, cree, lo grave es que dieran el voto a la alternativa de salir en base a «unha campaña bastante sucia» de los euroescépticos que caló «entre quen non se pregunta moito o por que das cousas».

Aunque tampoco es un «enamorado da Unión Europea» porque considera que «hai moitas cousas que cambiar», como demostró la crisis de los refugiados, le entristece que la tendencia mayoritaria fuese hacerle caso «á dereita máis rancia» con la inmigración como chivo expiatorio: «Non podo dicir que sexa un país racista porque non o é. De feito case houbo un empate técnico, pero si pensan que o seu é o mellor e son precisamente os que apostaban por quedar os que che dan os argumentos máis sólidos».

La que nunca se ha sentido rechazada es Gemma Fernández, una profesora y pintora de Viveiro de 40 años que lleva 16 viviendo en Londres. «Tengo el corazón roto. Esta mañana (por anteayer) cuando llevé a la guardería a mi hija, las caras eran de puro drama. Las poblaciones que han querido salir son las que tienen menos gente inmigrante. Toda la vida me he sentido muy bien acogida».

Información elaborada por Serxio González, Juan Capeáns, Juan Ventura, Mar García Balseiro, Ana F. Cuba, Susana Luaña, A. Gerpe, Elena Silveira.

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