El nuevo Reino (des)Unido

Escocia e Irlanda del Norte, que apostaron por la permanencia, se ven arrastradas a un futuro lejos del club de los Veintiocho. Algunas voces escocesas ya piden un segundo referéndum de independencia

Resultados del referendo en Reino Unido Resultados del referendo en Reino Unido

La victoria del brexit ha revivido un conflicto que parecía enterrado. El Reino Unido ha amanecido descubriendo que la pugna que tiene por delante va más allá del divorcio con sus socios europeos. Porque los resultados pueden dejar tras de sí un país profundamente desunido. La consulta no solo ha dividido en dos las opiniones de los ciudadanos de todo el reino, si no que puede acabar por apartar de forma definitiva a escoceses e irlandeses. Las autoridades escocesas apuraron a poner sobre la mesa sus exigencias cuando se encontraron con el resultado que las arrastraba fuera del club de los Veintiocho. Ya han hablado. Quieren otro referéndum de independencia, porque el que decidió en septiembre del 2014 su futuro dentro del territorio británico, traía consigo la promesa de quedarse en la UE. Y a la vista está que, ahora, la partida ha cambiado. 

Los resultados pueden ayudar a entender el escenario. Y es que mientras que la cifra global habla de que un 52 % de los británicos apoyaron desligarse de Bruselas (frente a un 42 % que optaron en la papeleta por el «Remain»), la cifra contrasta fuertemente con los resultados obtenidos en Escocia. En el norte de la isla, seis de cada diez ciudadanos apostaron por seguir en Europa, un resultado muy parecido al que dejaron en las urnas los de Irlanda del Norte. Pero los números no respetan las fronteras. El resultado global es el que llevará a las islas a separarse de sus vecinos europeos. Se marchan, pronto si atienden a las exigencias de los mandamás del Viejo Continente, y a pesar de que algunos territorios claman contra un divorcio que para ellos resulta realmente doloroso.

El conflicto queda servido. Este escenario dibuja un panorama complicado. Porque el sentimiento de afección por Europa es realmente superior en Escocia y en Irlanda del Norte, mucho más que en Inglaterra o Gales. Y el divorcio europeo ha revivido viejos fantasmas. Nicola Sturgeon, primera ministra escocesa y cabeza visible del partido Nacionalista (SNP) ya advirtió hace tiempo de la primera consecuencia que traería la decisión británica. Y como no podía ser de otra forma, hoy la ha recuperado. Alertaba hace meses que si Escocia apoyaba mayoritariamente la permanencia en la UE, y Reino Unido se situaba al otro lado de la balanza, arrastrándolos contra su voluntad, el Parlamento escocés vería justificado su derecho a celebrar un segundo referéndum de independencia. Y lo haría poco tiempo después de que la población decidiera -con un 55 % de los votos- que «no» soltaba la mano de Gran Bretaña. 

Mientras Reino Unido aboca a todos sus ciudadanos a firmar una dolorosa separación de sus hasta ahora colegas situados al otro lado del Canal, muchas demarcaciones se suman al malestar de Escocia. Es el caso de la capital. Los datos de Londres (con un 75,3 % de los votos a favor de quedarse) coinciden con el de otras grandes urbes como Cambridge o Liverpool, donde los ciudadanos optaron en masa por el «Remain» (permanencia).

El que antaño fue un Reino Unido se enfrenta a un porvenir en el que precisamente es la desunión la que marcará los ritmos.

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