La policía griega pierde el rastro de 4.000 refugiados durante el desalojo de Idomeni

«A las diez de la noche volveremos a cruzar el río. Sí, no nos queda otra opción que seguir el camino como ilegales», dice Abdel, un sirio palestino de 72 años

POOL | EFE

La Voz en Idomeni

Tres autobuses repletos de sirios iraquíes y afganos estacionan en Evzoni, un pueblo griego situado a pocos kilómetros de Macedonia. Fueron detenidos por los militares de Skopie la pasada madrugada, cuando huían hacia el norte de Europa, y reflejan una realidad nueva: la de los desaparecidos. La policía griega admite que ha perdido el rastro de 4.000 personas durante el desalojo de Idomeni. Una parte son migrantes que se dispersaron en el resto de asentamientos improvisados, pero otros tomaron el camino de los traficantes y están escondidos en las colinas intentando cruzar la frontera.

«A las diez de la noche volveremos a cruzar el río. Sí, no nos queda otra opción que seguir el camino como ilegales. Somos un grupo de treinta personas y no es la primera vez que hacemos esta ruta». El que habla es Abdel, un sirio palestino de 72 años con problemas de corazón. «No tengo dinero y no puedo pagar a las mafias pero todos conocemos el camino. Así que no hace falta que recurra a los traficantes», explica. «Mi mujer está en Alemania. Si no lo consigo ahora volveré con la familia que me queda en Turquía. No voy a esperar otros tres meses en un campo griego», asegura.

Los desaparecidos durante el desalojo son sirios e iraquíes que se resisten a seguir esperando y que no confían en las promesas europeas, pero también hay afganos, pakistaníes y magrebíes con pocas esperanzas de conseguir asilo en Grecia. «No creo que ser afgano sea un delito. Gastamos mucho dinero para llegar aquí. He pagado 1.000 euros al traficante para que me lleve a Hungría y hoy cruzaré de nuevo la frontera», confiesa Elyaas sentado a un lado de la carretera en el hotel Hara. Lo volverá a intentar por quinta vez. «No tengo más opciones», se resigna. Asegura que, si desalojan el hotel Hara, se esconderá en las colinas del norte de Grecia. «Contactar con el traficante es fácil. Solo tengo que hacer una llamada de teléfono, así que puedo vivir escondido en los bosques».

La principal ruta alternativa para llegar al norte de Europa es ya conocida por todos los migrantes. La recorrieron durante «la marcha de la esperanza» hace poco más de un mes. Unos folletos con información detallada de la travesía les hizo creer que las fronteras se volvían a abrir. Además, muchos lo han intentado tantas veces que deciden prescindir de los traficantes y partir solos. Es por eso que las tarifas están bajando. «Antes eran 3.000 euros», informa Husein. «Ahora por menos de mil llegas a Belgrado», explica este padre de familia de Raqa que planea su próximo viaje.

La zona fronteriza con Macedonia continúa vigilada las 24 horas por agentes helenos. Controlan el número de personas que descansan en los campos aledaños, hacen listados de los que están dispuestos a marcharse a los centros oficiales y estudian los próximos desalojos. Sin embargo, no vigilan a las mafias que todavía pululan infiltradas entre los refugiados. «Sabemos que hay traficantes pero no podemos actuar si los inmigrantes no lo denuncian y no lo hacen porque tienen miedo y los necesitan», declara un agente que patrulla una estación de servicio ocupada por afganos.

;
El desalojo de Idomeni en primera persona Periodistas y voluntarios nos cuentan cómo está siendo el desmantelamiento del campo de refugiados más famoso de Europa

Para mostrar el éxito del desalojo de Idomeni las autoridades helenas permitieron ayer por primera vez la entrada a la prensa internacional. Eso sí, con escolta y encerrados en una esquina sin poder recorrer el campamento fantasma. El ministro de Migración, Yanis Muzalas, aseguró que ayer pasaría el primer tren a Skopie pero durante la visita guiada los operarios todavía estaban arreglando las vías y retirando las miles de tiendas de campaña que quedan en la estación.

La atención en la frontera greco macedonia se traslada ahora a los kilómetros que hay sin vallar. Por allí jóvenes, en su mayoría, pero también familias desesperadas intentan cruzar agazapados con la esperanza de poder sortear la férrea vigilancia del ejército macedonio. «Solo queremos llegar al norte de Europa», se despide Abdel mientras compra agua y un bocadillo. Son las únicas provisiones que llevará en su viaje. Cuatro países le separan de su mujer Asma. Antes de partir se encomienda a Alá para que esta vez sea la definitiva.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

La policía griega pierde el rastro de 4.000 refugiados durante el desalojo de Idomeni