La UE presiona a Grecia para que expulse refugiados sirios a Turquía

La Justicia helena pone en cuestión la legalidad del acuerdo


Bruselas / Corresponsal

La UE no esconde la inquietud con la que espera que remita la crisis migratoria. El viernes le pidió a Grecia que empiece a expulsar a los refugiados sirios a Turquía, para hacer valer el acuerdo sellado con el Gobierno otomano el pasado 22 de marzo. El plan, al que Europa se aferra como un clavo ardiendo, preveía la expulsión de todos los migrantes al país otomano. Por cada sirio readmitido en el país vecino, la UE se compromete a reasentar a otro de la misma nacionalidad. ¿El objetivo? Persuadir a quienes quieren cruzar el Egeo. Casi dos meses después, el acuerdo se va diluyendo por las polémicas y las dudas a la hora de ejecutarlo. 

Desde que se cerró el pacto, las autoridades helenas no han deportado a un solo sirio, ni a ningún demandante de protección. Los recursos se acumulan en los juzgados y ya son más de 54.000 personas las que se encuentran atrapadas en Grecia. Muchos esperan el dictamen de la Justicia, que el viernes paralizó por primera vez una expulsión a Turquía porque este país no garantiza la protección que exige el Convenio de Ginebra. Aunque la decisión puede marcar un precedente, el comisario de Migración, Dimitris Avramopoulos, volvió a insistir en que Ankara «nos ha ofrecido suficientes garantías para devolver a sirios y no sirios» y celebró la unanimidad a la hora de pedir a Grecia en el Consejo que «considere a Turquía como un país seguro para el retorno de migrantes», tarea que todavía está pendiente. 

La contrapartida del acuerdo es la liberalización de visados turcos. «Si se cumplen los criterios se avanza, si no, no», advirtió ayer el ministro holandés, Klaas Dijkhoff. El presidente turco, Erdogan, se niega a reformar la legislación en materia antiterrorista y de protección de datos. Ankara no cumple con los 72 criterios necesarios. Todas las patas del acuerdo se tambalean. La canciller alemana, Angela Merkel, capea las críticas a un acuerdo que está aliviando la presión a su país y lidia con el carácter indomable y autoritario del líder otomano, al que tanto necesita. Erdogan no se desvía de su hoja de ruta. Instigó ayer al Parlamento turco a retirar la inmunidad de los diputados sometidos a investigaciones judiciales, las mismas que él promueve.

«No se les puede exponer de forma arbitraria a una persecución penal», denunció el viernes el ministro alemán de Justicia, Heiko Mass. La canciller abordará la falta de democracia y derechos en Turquía con Erdogan el lunes en Estambul. El turco podría designar esta semana al nuevo primer ministro, Binali Yildirim, un hombre leal que no le eclipsará en las negociaciones con la UE, como hizo el saliente Ahmet Davutoglu, al que forzó a dimitir.

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