Grecia libera a 1.100 refugiados que llevaban 25 días detenidos

Alega falta de recursos y el peso enorme de su deuda


bruselas / corresponsal

Las vías de agua del plan migratorio pactado por la UE y Turquía se multiplican. El acuerdo para mantener la migración a raya en la frontera greco-turca se tambalea por todos sus flancos y su puesta en práctica está siendo un verdadero viacrucis para Grecia, desbordada por la falta de medios y organización

Los retrasos en la tramitación de las demandas de asilo han obligado a las autoridades helenas a liberar estos días a unos 1.100 refugiados tras permanecer 25 días detenidos en los centros de identificación desplegados en las islas del Egeo. El período de gracia se ha cumplido y los responsables de los «hotspots» no han tenido otra alternativa que abrir las puertas. 

La decisión deja al más del millar de personas que han abandonado las instalaciones atrapadas en las islas y expuestas a los traficantes de migrantes que podrían aprovechar la ocasión para trasladarlas a territorio continental. Las organizaciones humanitarias denuncian la falta de atención y apoyo prestado por el Gobierno. «Cada país que pide a la gente que espera en un determinado lugar tiene que ofrecerles instalaciones básicas. Grecia no lo está haciendo», denunció ayer la portavoz de Amnistía Internacional, Gauri van Gulik.  

El Ejecutivo de Alexis Tsipras, no tardó en reaccionar a los reproches poniendo el dedo en la llaga que más escuece a Europa y desviando las responsabilidades hacia el conjunto de la Unión, perezosa a la hora de cumplir su compromiso de aliviar la monstruosa deuda pública griega. «El Gobierno no puede permitirse apoyar a estas personas financieramente de forma individual. Está haciendo todo lo que puede para apoyarles en el contexto de sus limitadas capacidades», justificó el portavoz, Giorgos Kyritis. 

A la deriva

Grecia es incapaz de digerir su deuda pública. Eso es un hecho. Alcanza el 180 % del PIB y no hay fórmula matemática ajena a la quita que pueda devolverla a niveles sostenibles en la próxima década. La carga es muy pesada. El país sigue en recesión y las perspectivas de crecimiento con el desempleo en el 25 % son extremadamente adversas. Lo reconoce el FMI, aunque Berlín se empeñe en negar la realidad. A pesar de ello, los ministros de Finanzas de la zona euro insistieron ayer en buscar una solución de ciencia ficción para Atenas. «Al final del programa de rescate tendremos que adoptar medidas específicas para la sostenibilidad de la deuda», admitió ayer el presidente del organismo, Jeroen Dijsselbloem, tras anunciar que ya están dispuestos a reestructurar la deuda y desbloquear un nuevo tramo del tercer rescate heleno.

Aun así, Grecia tendrá que esperar hasta finales del 2018 para que le permitan extender los plazos de devolución. ¿La quita? Ni hablar. El país mediterráneo tendrá que arreglárselas para lidiar en solitario con una crisis migratoria que amenaza con mutar y con una economía a la deriva. Las reubicaciones no progresan y las mantas que envían desde Madrid, Varsovia o Praga no serán suficientes para tapar las vergüenzas que la UE esconde en Grecia.

Las finanzas, en segundo plano

No cabe duda de que la prioridad para la UE en estos momentos es mantener a raya los movimientos migratorios en sus fronteras. El culebrón de la crisis griega, que ya tuvo su punto álgido en julio del 2015, ha pasado a un segundo plano. Tsipras se mantiene alejado de las consignas radicales de izquierda que abrazó con tanta ansia antes de capitular ante los acreedores. El avance en el desembolso del rescate y la cuestión de la deuda es una piedra en el zapato para la UE: «Quieren dejar zanjado este asunto antes de que termine junio porque tienen por delante el brexit y la crisis migratoria», reconocen fuentes diplomáticas. El FMI vio los problemas potenciales de la crisis griega, mal resuelta, y consideró la posibilidad de presionar a Alemania con la crisis de refugiados para que asumiese una quita. Grecia también trató de dar un ultimátum a la UE para que cediese a cambio de colaborar en la contención migratoria, pero la amenaza de expulsión de Schengen obligó a Atenas a bajar las armas.

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