Maduro cercena las vías institucionales para su salida de la presidencia

Si consiguen retrasar el referendo revocatorio a enero del 2017, aunque lo pierda, no habrá nuevas elecciones 


A CORUÑA

La gran mayoría de la oposición venezolana, desde su arrollador triunfo en las elecciones legislativas del pasado seis de diciembre, no ocultó nunca que para cambiar el rumbo que conduce el país hacia el abismo desde que Maduro Moros está al volante de la revolución bolivariana, era requisito imprescindible desalojarlo de la presidencia de la República, pero por la vía institucional. Desde entonces él no hace otra cosa que tratar de evitarlo a cualquier precio.

Las fórmulas teóricas eran varias, pero después de deshojar la margarita optaron por el denominado Referendo Revocatorio, una versión latinoamericana de la moción de censura prevista en al artículo 72 de la Carta Magna bolivariana, que abre la opción teórica de forzar la salida de cualquier cargo público electo si la propuesta cuenta con el apoyo en las urnas de más de la mitad de sus electores. Era una de las guindas progresistas de la constitución redactada por la asamblea  constituyente surgida del primer triunfo en las urnas del comandante Chávez,  a la que solían recurrir en las tertulias televisivas en España los acólitos de Pablo Iglesias frente al giro autoritario de los sucesivos gobiernos chavistas que presumían de ser más demócratas que nadie.

Para activar ese referendo era necesario obtener el respaldo de al menos 195.721 firmas -el 1 % del censo electoral- en el plazo máximo de 30 días, contados a partir del momento en que el Consejo Nacional Electoral (CNE) aprobase el modelo de impreso para estampar esas rúbricas. Eso ocurrió el pasado martes y la oposición, dos días más tarde ya había recogido y entregado más de un millón y medio de firmas.

Que se produjese ese huracán de rúbricas era más que previsible cuando el respaldo social que le daban las encuestas al actual presidente, hace un par de semanas, andaba por el 30 % y estaba en caída libre.  Que un CNE, controlado por el chavismo, fuese tan ágil en poner en marcha  un proceso que, en condiciones normales tiene todos los visos de concluir con el desalojo de Maduro de un cargo del que, siguiendo los pasos de su antecesor, solo está dispuesto a salir con los pies por delante, sorprendió a más de uno.

Jugadas a varias bandas

La partida política venezolana todo apunta a que se está jugando a varias bandas. Una de las jugadas, según  analistas solventes, sería un intento de un sector del chavismo -el más pragmático-  de aguantar el tipo pero guardando mínimamente las formas. ¿Cómo?, abriendo un proceso institucional en el que un hábil manejo de las cuestiones de procedimiento, al amparo de las modificaciones introducidas en la regulación del referendo revocatorio en marzo y septiembre de 2007 impida que la consulta en las urnas se lleve a cabo este año. Si consiguen, retrasarlo a enero del 2017 aunque pierda el referendo, no habrá nuevas elecciones y pasaría a ocupar su puesto el que en esos momentos desempeñe la vicepresidencia. Si no cae en desgracia antes, el nuevo inquilino del palacio de Miraflores sería Aristóbolo Isturiz.  Tres años más controlando el Ejecutivo, pero sin el lastre de Maduro, ofrecería al Chavismo la posibilidad de salvar los muebles.

Con esta hipótesis también encajan las últimas genialidades decretadas por Maduro para combatir la sequía y los apagones que supuestamente de ella se derivan: reducir la semana laboral de los 2,8 millones  funcionarios públicos a dos días, con lo cual la burocracia de la consulta se puede eternizar. Eso sí, no por culpa del Gobierno, sino de «la sequía y los sabotajes de la oposición».

Saqueos y linchamientos 

Pero los más realistas dudan de que un desabastecimiento creciente de productos básicos, que ha provocado, solo en el último mes, más de una treintena de saqueos de mercados y transportes de alimentos, algunos al grito de «tenemos hambre», la falta de medicamentos en las farmacias, los  linchamientos de delincuentes, los apagones y cortes en el suministro de agua, no desemboquen en cualquier momento en un estallido social de consecuencias imprevisibles. 

La salida que se vislumbraría en este caso sería un autogolpe al estilo del protagonizado en su día por Fujimori en Perú. Pero lo que nadie se cree es el golpe anunciado por Diosdado Cabello para el próximo 15 de mayo. Según el presunto líder del Cártel de los Soles, que sí tiene experiencia como golpista a las órdenes del Comandante Supremo, ese hipotético golpe, estaría encabezado por Hebert García Plaza, ex ministro de Transporte Aéreo y Acuático y también de Alimentación con Maduro. Contra este personaje, que además fue presidente de Bolipuertos con Chávez,  pesa una orden de detención desde hace un año, supuestamente por irregularidades en la compra de ferris en España, pero todo apunta a que está en EE.UU. colaborando con la DEA y por eso ahora se le tacha de golpista.

Si en estas circunstancias algún día los venezolanos son llamados de nuevo a las urnas para un revocatorio, el resultado poco o nada tendrá que ver con el del celebrado en agosto de 2004, que perdió una oposición que poco o nada tiene que ver con la actual y ganó un Chávez con el pertinente asesoramiento del maestro Fidel Castro. Entonces unas arcas públicas rebosantes de petrodólares le permitieron poner en marcha las famosas misiones sociales con las que se ganó el apoyo de los sectores más desfavorecidos de la población y con las que sembró una parte muy considerable de la corrupción rampante que arruinó el país. 

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