El colapso del sistema de asilo aboca a Grecia a parar las expulsiones 15 días

Crece la tensión en los centros de detención de refugiados y en los campamentos improvisados


La Voz en Lesbos

El camino desde el puerto de Mitilene a Skala Sikamineas, en el norte de la isla, guarda los vestigios de lo que fue el inicio de la ruta de los migrantes en la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. Chalecos naranjas tirados en la cuneta recuerdan los dramáticos desembarcos. Todavía hay flotadores negros surcando la costa de Lesbos. Pero las llegadas se producen ahora en alta mar. Desde Turquía siguen saliendo botes pero los que escapan a los guardacostas turcos son rápidamente interceptados por los griegos. Una vez en el puerto informan a sus ocupantes de que han sido «detenidos legalmente». Es el fin del trayecto. Grecia no quiere más gente suelta. Está colapsada por el aumento de peticiones de asilo de los recién llegados que luchan por ganar tiempo y de los más de 50.000 que están atrapados en el país, una situación que ha obligado a sus autoridades a no reanudar las deportaciones hasta dentro de 15 días.

La tensión aumenta en los centros de detención y los campos improvisados. Desde el Egeo a la frontera con Macedonia, los refugiados están mostrando su malestar por el limbo legal en el que han quedado varados. En el puerto del Pireo un hombre zarandeaba a su bebé de pocos meses delante de los guardacostas. Las personas acampadas en la terminal dos se niegan a marcharse. Los gestores del puerto llevan semanas intentando disuadirlos para que se suban a los autobuses y se dirijan a los campos preparados en el centro y norte del país. Pero la reacción es casi siempre la misma. «No me voy a ir de aquí. Si me subo a un autobús, nos dejarán abandonados en medio de la nada y se olvidarán de nosotros. Además la petición de asilo tengo que hacerla en Atenas y llevo tres semanas intentándolo», explica Radif por teléfono desde la capital griega.

A esto hay que añadir la labor de algunos activistas que, según la agencia DPA, recomiendan a los migrantes permanecer juntos para que la miseria sea observada en todo el mundo. Solamente entonces, argumentan, tendrán perspectivas de ser acogidos en otros países.

«La oficina para pedir la entrevista del plan de reubicación está cerrada», asegura Quasey Loubani de la situación que se vive en Idomeni. «De momento estamos aguantando, pero ya no sabemos lo que hay que hacer para salir de aquí. No podemos volver a Siria. No podemos pedir asilo porque no nos contestan. Y tampoco permitiremos que nos lleven a un campo militar porque desde allí sí que no podremos hacer nada», argumenta. La situación de angustia es tal que en el centro de Moria, en Lesbos, un pakistaní se subió ayer un poste de la luz con la intención de ahorcarse. «Están desesperados», cuenta uno de los traductores de árabe que trabaja en el campo.

Mil solicitudes al mes

El país heleno, que está aguantando solo la presión derivada de la avalancha migratoria procedente de Siria, ha decidido darse una tregua de dos semanas. El ministro griego de Asuntos Europeos, Nikos Xydakis, aseguró ayer que será necesario un plazo de otros 15 días para procesar el primer paquete de solicitudes de asilo. Y es que las autoridades helenas son las que deciden en última instancia si estas peticiones se admiten a trámite. En los últimos meses se han procesado en torno al millar de solicitudes al mes. Ahora mismo, a las demandas de las personas atrapadas en el país se suman los que desembarcaron en Grecia después del acuerdo entre la UE y Turquía y los que siguen llegando a sus costas.

La Agencia Europea de Apoyo al Asilo (EASO) estudia cada caso de forma individual pero a las islas griegas llegaron ayer solo 70 expertos que tienen sobre la mesa más de 2.000 solicitudes. Jean Pierre Schembri, su portavoz, aseguró que están en condiciones de hacer 50 entrevistas por día solo en Lesbos. El centro está abarrotado y soporta la llegada de más migrantes de los que son devueltos.

En la península, las protestas de los refugiados son diarias, también el corte de carreteras en la frontera que separa Grecia de Macedonia. El Gobierno de Tsipras tiene previsto desalojar los campos improvisados de Idomeni y el Pireo antes del inicio de la Pascua ortodoxa, el 1 de mayo. Una tarea titánica teniendo en cuenta que son más de 18.000 y muchos han escapado de los centros habilitados por las autoridades. «Si no es a la fuerza nadie nos va a sacar de aquí», afirma Salah en Idomeni. Dejó Nea Kavala porque asegura que es lo mismo que vivir en el fango de la frontera.

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