«Las noches empiezan a ser peligrosas»

Desesperación y hacinamiento desatan una espiral de choques violentos con cuchillos, barras de hierro y palos entre inmigrantes de origen afgano y sirio


La Voz en El Pireo

Cuchillos, barras de hierro y palos. Son las armas que se emplean en las reyertas que cada vez son más frecuentes en los campos improvisados de refugiados en Grecia. Sirios y afganos pelean por una mala contestación dada a las mujeres, por ocupar su sitio en la cola para cargar los teléfonos o por un empujón para recoger la comida. En las islas donde ambas nacionalidades conviven en centros de detención la crispación es todavía mayor. En Quíos, por ejemplo, varios centenares de sirios escaparon la noche del jueves, tras derribar la valla, después de un enfrentamiento que se saldó con tres hospitalizados.

«Las noches empiezan a ser peligrosas. Hace unos días lanzaron contenedores, rompieron cristales y todo delante de nuestros hijos. La policía lanzó gases», cuenta Bushra, una madre siria que vive en el Pireo, Atenas. «Recibimos pacientes con heridas por golpes en la cabeza y con cortes», confirma uno de los médicos de la Cruz Roja que atiende en la terminal dos del principal puerto turístico de la capital helena. «Se pelean por todo, por asuntos como la ropa que reparten los voluntarios y se acusan de robarse los teléfonos de madrugada», explican Mustafá y Amjed desde Idomeni.

La mezcla de desesperación y de frustración contenida se puede descontrolar en cualquier momento, según denuncia la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). La agencia de la ONU alerta del riesgo que entrañan las condiciones de hacinamiento y la ira acumulada que sufren los migrantes detenidos en las islas que esperan la deportación. «En el centro de Moria, en Lesbos, las condiciones se han deteriorado desde el 20 de marzo. Hay ahora unas 2.300 personas, cuando la capacidad es para 2.000. La gente duerme al raso y la comida es insuficiente», denunció una portavoz de Acnur.

En el Pireo las condiciones de los refugiados no son mucho mejores A pesar del empeño del Gobierno heleno por desalojar su principal puerto turístico hay 5.377 personas en tiendas de campaña y en las terminales que se resisten a abandonar las instalaciones porque tienen miedo de que su nuevo destino sea todavía peor.

«Cárcel de refugiados»

«No voy a moverme de aquí si antes no me informan del campo al que me van a llevar. No quiero estar perdido en un bosque y que pasen los meses sin saber nada de mi futuro», confiesa Qusay, un joven iraquí que lleva un mes merodeando por la plaza Victoria de Atenas. «Viendo lo que me cuentan mis compañeros, a los que enviado a centros situados a 100 kilómetros de Tesalónica, yo prefiero quedarme aquí en la frontera. Prefiero volver a Siria que vivir en una cárcel de refugiados», protesta Abdul, que sigue durmiendo sobre las rocas en las vías del tren en Idomeni.

Ayer solo 58 personas aceptaron entrar en los autobuses que los trasladarían al centro de acogida de Katsiká, cerca de Ioannina en el noroeste de Grecia. Otras 210 personas, que fueron trasladadas allí en los últimos días, rechazaron salir de los autocares. Para hacer frente a las peleas continuas entre refugiados, que empiezan a causar malestar entre los vecinos, la policía helena ha decidido desplazar a 150 agentes adicionales a Quíos, Lesbos y Samos, además de otros 105 a Kilkís, el centro encargado de la seguridad del paso de Idomeni, en la frontera entre Grecia y Macedonia.

El envío de efectivos puede tener que ver con el inicio de las expulsiones el lunes. El Parlamento griego aprobó ayer la ley que reforma el proceso de asilo y que permite la devolución de migrantes a los llamados «países seguros», entre ellos Turquía, con los votos favorables de Syriza, Griegos Independientes (ANEL), el Pasok (socialistas) y To Potami (centristas). Para vencer la renuencia de los diputados de Syriza opuestos a la medida, el texto de la ley no califica explícitamente de país seguro a Turquía, sino que remite a una lista de países seguros del Consejo de la UE, aún no redactada.

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