El Pireo se convierte en la Idomeni de Atenas

El principal puerto griego, saturado por más de 5.000 refugiados llegados de las islas o de la frontera que sobreviven en condiciones calamitosas y se resisten a dejarse conducir a campos


La Voz en El Pireo

Malviven en tiendas de campaña en la orilla del mar. Son más de 5.000 los refugiados que se agolpan en la terminal 2 y en los alrededores del puerto del Pireo. Llegan de vuelta de la frontera de Grecia, de Idomeni, o directos desde las islas griegas. El Gobierno heleno se afana en desalojar el principal puerto de Atenas antes de que empiece la temporada turística, pero las personas que esperan junto a los barcos dudan si subir a los autobuses. No quieren terminar hacinados en campos militares alejados de la ciudad.

El autobús con destino a Cilene espera a que los refugiados embarquen de forma voluntaria. Se va llenando poco a poco. Los hermanos Shadika y Shial, de Afrín, en Siria, no lo tienen claro. «Vamos a esperar a que nuestros amigos nos digan en qué condiciones está el campo. La última vez nos mandaron con los militares a un bosque y nos escapamos», aseguran. Son seis horas de viaje. «Me voy porque no puedo seguir aquí con la violencia que hay. Estoy sola con mi hija», explica Rojín mientras se despide de sus conocidos. Cilene es un antiguo centro de veraneo abandonado con capacidad para 1.300 personas que ha sido rehabilitado recientemente para concentrar a los refugiados.

Las calamitosas condiciones en las que viven hacen que pequeños desencuentros, como querer cargar un dispositivo móvil, enciendan la mecha. Durante los últimos días la tensión entre sirios y afganos ha ido en aumento provocando fuertes peleas. Cruz Roja, presente en el puerto, informa de que en su consulta abundan constipados, problemas estomacales y heridos por reyertas. «Mira este arroz, huele mal. Es el mismo que nos dieron ayer. La comida que nos dan no es sana, mis hijos están teniendo muchos problemas», asegura Shial de Alepo. Tiene cuatro hijos y todos tienen descomposición y vómitos.

De campo en campo

«Dentro de las terminales alojamos a familias con niños y a mujeres que viajan solas», explica Sophie, una voluntaria independiente de Londres. Está sentada al lado de cientos de pañales y leche en polvo para bebé. «Es lo que más nos piden, productos para recién nacidos», afirma. El edificio que antes albergaba a turistas de paso por Atenas se ha convertido en el refugio para más de 250 personas que duermen sobre mantas hacinados en el suelo.

El ir y venir de refugiados por toda la geografía del país heleno es constante. Muchos van viajando por los distintos campos e incluso se preparan para volver a Idomeni. Es el caso de Rojín. Dejó la frontera que separa Grecia con Macedonia porque su hijo se electrocutó en las vías del tren. El pequeño lleva dos semanas ingresado con más de 3 operaciones. A pesar de la gravedad de sus heridas, su familia ha pedido volver a la frontera.

«Nos prometieron un piso cerca del hospital y seguimos esperando. No queremos el plan de reubicación. Queremos coger a mi hijo e irnos otra vez», asevera la joven madre siria que los últimos días ha dormido sola con el resto de sus hijos en la tienda de campaña. En Grecia hay 35 campos de refugiados, según el recuento de ACNUR. Las personas que huyen de la guerra o regímenes dictatoriales apenas reciben información del estado de los campos, su distancia de la capital y sus condiciones. De ahí el recelo de muchos a abandonar el puerto y la frontera de Idomeni.

Esperando la deportación

Mientras, los solicitantes de asilo retenidos en las islas esperan a que empiecen las deportaciones. Las llegadas han disminuido en los últimos días debido al temporal y al aumento de las patrullas en el Egeo. Aún así siguen jugándose la vida para intentar pisar suelo europeo. Bruselas mantiene la fecha del lunes para iniciar las expulsiones. El Gobierno griego retrasó los cambios en su legislación necesarios para empezar a implementar el acuerdo entre la Unión Europea (EU) y Turquía por discrepancias dentro de Syriza, pero todo apunta a que el país heleno declarará a Turquía como un país seguro entre hoy y mañana.

Las primeras devoluciones de migrantes tendrán como destino las islas de Dikili al norte de la ciudad turca de Izmir. Empiezan a plantearse dudas sobre si el país turco estará preparado. El vicepresidente de la Media Luna Roja turca, Kerem Kinik., aseguró que las instalaciones no están listas. Hay 5.000 plazas de acogida en varios campos de refugiados que todavía se encuentran en fase de construcción en la provincia de Manisa al este de Izmir, según dijo. La agencia de gestión de desastres turca, AFAD, se muestra más optimista y afirma que «los primeros migrantes devueltos desde Grecia serán realojados en hoteles y campamentos».

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