Protestas y tensión en la frontera de Grecia con Macedonia

Atenas envía traductores a Idomeni ante los constantes falsos rumores de que se reabre el paso


Idomeni

«Gracias, policía», gritaban cientos de refugiados mientras cortaban la vía principal que une Grecia a la Antigua República de Macedonia. Es el día a día en Idomeni. Protestas, pancartas que piden clemencia. Niños y adultos que se desvanecen. Rumores que recorren el campamento. Todos los días alguien asegura que Alemania presionará para abrir la frontera o mandará autobuses para recogerlos. El Gobierno heleno decidió mandar traductores para informar a los refugiados.

«No respira, no respira», gritaban en la estación de Idomeni. Rami estaba sentado mirando su teléfono cuando cayó al suelo. Sidra, una pequeña de 7 años, empezó a tener espasmos porque no aguantaba más el frío. Rojín se desvaneció después de dos días sin beber agua. Busra empezó a sangrar por el aborto provocado por las patadas de la policía turca. Sherif fue ingresado de urgencia debido a la metralla que todavía tiene cerca del corazón. Cada día que pasa los refugiados están más deteriorados por las condiciones extremas.

Por si fuera poco, la desinformación reina en el campamento. Por la noche es cuando un grupo de cinco personas aprovechan para pasear con un megáfono y gritar que las fronteras abrirán. Con la oscuridad también llegan nuevos vecinos. «Nos escapamos del centro de Veria, cerca de Salónica. Allí también malvivíamos, y yo lo que quiero es estar con mi familia», explica Fátima, madre de una niña ciega que pagó 100 euros a un taxista para ir a Idomeni. «La esperanza no la podemos perder: si me alejo de la frontera, me alejo de mi marido», relata.

«Los rumores se extienden entre la gente, desesperada, como la pólvora», declaró Giorgos Kyritsis, portavoz de la coordinación de migración. Un mes más tarde, el Gobierno decidió enviar traductores de árabe, farsi y pastún para frenar esta ola de falsas alarmas. El plan de las autoridades griegas para desalojar poco a poco la frontera no está funcionando. «Cada día hay nuevas tiendas vacías, pero luego llega gente nueva, sobre todo jóvenes», explica Alicia, encargada del reparto de fruta todas las mañanas.

Prueba de que la ruta de los Balcanes está cerrada y no volverá a abrir sus fronteras es la decisión de Macedonia de ampliar el estado de emergencia hasta el 31 de diciembre. «La decisión tiene el apoyo del Parlamento, porque estamos en una gran crisis. La policía y el ejército actuaron bien hasta ahora y debemos darles la posibilidad legal de seguir haciéndolo», señaló Vlatko Gjorchev, diputado del oficialista conservador VMRO-DPMNE.

En las islas griegas sí se constata una reducción drástica de llegadas, aunque fuentes del Gobierno heleno aseguran que se debe a las malas condiciones meteorológicas. Hay incertidumbre sobre el futuro de los refugiados que tienen que ser deportados tras el acuerdo entre la UE y Turquía. Las entrevistas necesarias para procesar las solicitudes de asilo no empezaron todavía y las primeras deportaciones podrían demorarse más allá de la fecha dada por Bruselas, el 4 de abril.

La mejora del tiempo favorece la ruta libia

La atención de Europa, absorbida en los últimos meses por Grecia y los cierres de fronteras en la ruta de los Balcanes, ha desplazado al olvido la tragedia que casi a diario se vive en las costas del sur de Italia, informa la corresponsal de La Voz en Roma, María Signo. La llegada del buen tiempo ha revitalizado las partidas desde Libia, favorecidas por la anarquía del país africano, y el servicio de guardacostas italiano trabajó sin pausa en estos días de Semana Santa. Entre el fin de semana y ayer rescataron a unas 1.500 personas en una docena de operaciones en el canal de Sicilia con varias barcazas cargadas de inmigrantes como protagonistas, incluidos numerosas mujeres y niños.

Solo ayer fueron auxiliadas 752 personas en seis operaciones. Una de ellas contó con la participación de un buque rumano del dispositivo europeo Tritón y otras dos lanchas neumáticas fueron socorridas por la nave inglesa Enterprise. En algunas de las operaciones participan oenegés como Sos Mediterráneo, que patrullan el mar con sus propias embarcaciones.

Dos son los motivos principales que favorecen el aumento de las llegadas. Por un lado, el comienzo de la primavera y la mejoría de las condiciones del mar, que hace menos arriesgado que en otoño e invierno este viaje. Por otro, la situación de anarquía en Libia. Las milicias, aprovechando el vacío de poder y la situación de guerra civil, son las que, cuanto menos, autorizan estos «viajes de la muerte», que suponen una buena fuente de ingresos.

Un viaje de 12 millas

Ahora, la meta ni siquiera es llegar a Europa, sino solo esperar a que lleguen los suficientes inmigrantes para cargar hasta los topes viejos barcos o balsas hinchables que parten hacia Italia. «Normalmente son lanchas neumáticas para diez personas en las que encontramos más de 120 o 130», explica el capitán de fragata Emiliano Pezzin. Pero el destino de estas embarcaciones no es la tierra europea, sino ser interceptadas más allá de las 12 millas de las costas libias para que sus pasajeros sean trasladados a Sicilia por los buques del operativo Sophia de la Unión Europea, aunque los menos afortunados naufragan antes de recorrer tan corto viaje.

El cierre de las rutas balcánicas aumentará la importancia de Libia, a la que hasta ahora recurrían la mayoría de los inmigrantes de países subsaharianos. Las redes internacionales de traficantes ya han puesto sus ojos en el norte de África como punto de partida para que los miles de refugiados que provienen de Siria y de otros países de Oriente Medio alcancen las costas italianas. Según datos del 24 de marzo presentados por el Alto Comisariado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), unos 14.492 inmigrantes llegaron a las costas italianas desde comienzos del año, lo que representa un aumento del 42,5 % con respecto al mismo período del 2015.

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