El año pasado, el de mayor violencia anticristiana de los últimos tiempos

La oenegé Puertas Abiertas cifra en más de siete mil los asesinatos por razones de fe cometidos durante el 2015


REDACCIÓN / LA VOZ

Más de siete mil cristianos fueron asesinados en el 2015 por razón de su fe, unos 3.000 más que el año anterior, de acuerdo con el informe de la organización internacional Open Doors (Puertas Abiertas), de base evangélica, que considera esa cifra la más alta en la historia reciente.

Puertas Abiertas publica anualmente, desde 1991, una lista de los países en los que en mayor medida se persigue a los cristianos. Corea del Norte ocupa, por décimo cuarto año consecutivo, el primer lugar, pero esa clasificación se refiere a la falta de libertad religiosa, y no específicamente a la violencia. Esta crece especialmente por el auge del fanatismo islamista. En zonas donde domina, la mayor presión recae sobre los musulmanes conversos. Varios países establecen la condena a muerte para los que abandonen el islam. Por la presencia del Daesh, Irak y Siria aparecen entre los cinco primeros puestos del ránking. Junto a ellos figuran Estados fallidos como Eritrea, Somalia e incluso Afganistán. Y otros, como Pakistán, que combaten oficialmente el radicalismo islamista pero que en la práctica les sirven de incubadora.

«La lista -dice Ted Baker, portavoz de Puertas Abiertas España-, se refiere a la persecución o a la represión en los distintos ámbitos de la vida. En cuanto a la violencia, en este último año habría que tener en cuenta que casi la mitad de los asesinatos han tenido lugar en Nigeria. Es un país de una población enorme (167 millones), con tantos cristianos como musulmanes, pero en las áreas semidesérticas del noreste, de predominio musulmán, los fanáticos de Boko Haram están cometiendo crímenes a diario contra las comunidades cristianas».

La peculiaridad paquistaní

Pakistán constituye un caso especial de represión, distinta, por ejemplo, de la que ejercen las autoridades islámicas de Sudán del Norte o de Irán. El país se creó por escisión de la India británica precisamente por razones religiosas, para apartar a la población musulmana de las regiones occidentales de la hinduista que era mayoría en el subcontinente. Desde finales de los años setenta hasta 1989, su vecino Afganistán se asoció a la Unión Soviética, lo que convirtió a Pakistán en base de guerrillas islamistas financiadas por Estados Unidos, Arabia Saudí y China. Esa función geoestratégica ha dejado su rastro. Los Gobiernos militares han impuesto leyes como la que condena la blasfemia; proclaman que persiguen al yihadismo, pero apoyan a grupos como Jamaat ud Dawa y la Red Haqani, muy próxima a los talibanes. Gran parte de la población está radicalizada.

El caso de Asia Bibi es una prueba dramática de fanatismo paquistaní. La mujer, cristiana, trabajaba en un campo en la región de Punyab, donde está Lahore, y la mandaron a buscar agua a un pozo. Sus compañeras musulmanas protestaron, diciendo que al ser cristiana iba a contaminar el recipiente. Ella replicó, fue acusada de blasfemia y condenada a muerte. Está en la cárcel desde el año 2009.

En enero del 2011, el gobernador de Punyab, Salman Tasir, fue asesinado por un miembro de su guardia por defender a Asia Bibi y oponerse a la ley sobre la blasfemia. Cientos de miles de ciudadanos vitorearon al asesino como a un héroe. En marzo del mismo año, murió tiroteado el ministro de Minorías, Shabaz Bhatti, único cristiano del gabinete. Periódicamente, masas de exaltados exigen la ejecución de Bibi; así lo hicieron en Islamabad horas antes de la matanza de Lahore, que podría tener, por increíble que parezca, raíces en un viaje al pozo para coger agua.

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El año pasado, el de mayor violencia anticristiana de los últimos tiempos