«Me escondí debajo de un banco y mis bolsas me salvaron la vida»

Stefanie de Loof, la superviviente del teléfono, cree que le valió mucho su experiencia en los seísmos de Pakistán y Haití con Médicos sin Fronteras


La imagen de una mujer con un teléfono en una mano completamente ensangrentada junto a otra con la ropa hecha jirones y sentada en un banco dio la vuelta al mundo. ¿Pero quiénes son? ¿Cómo salvaron sus vidas?

La primera, Stefanie De Loof, de Hoeilaart, se disponía a regresar a Haití, donde vive con su marido y trabaja para Médicos sin Fronteras. Al llegar al aeropuerto de Bruselas, y después de haber facturado sus maletas, quería tomarse un café, pero como tenía varias bolsas en la mano se sentó un momento en un banco, a diez metros de un Starbucks. «¡Qué suerte!», se repite ahora. Fue justo cuando ocurrió la primera explosión. «Pensaba que había caído una grúa, pero cuando vi el pánico de la gente me escondí en posición fetal debajo del banco, con mis bolsas delante. Ellas salvaron la vida. La segunda bomba explotó a diez metros de mi, pero solo recibí el impacto de un trozo de un vaso en la cabeza», relata a dhnet.be.

Segundos después se dio cuenta de que sangraba. «Me preguntaba si una bala me había alcanzado», reconoce. Pero como «el caos era total» su instinto le dijo que era mejor permanecer quieta debajo del banco «por miedo a que los terroristas comenzasen a disparar con Kalashnikov y por miedo a que el techo se derrumbara».

Stefanie De Loof cree que su experiencia en situaciones críticas, como el terremoto del 2005 en Pakistán y el de Haití en el 2010 de la mano de Médicos sin Fronteras, le valió de mucho, sobre todo para mantener la calma.

Pese a esa actitud tan aplomada, cuando vio llegar a los militares sintió alivio, entonces llamó corriendo a su madre «para que no se enterara por los medios de comunicación». Pese a no tener material médico, se puso a ayudar en lo que podía a las víctimas. A su vecina de aventura, Nidhi Chaphekar, una azafata de 40 años originaria de Bombay, le colocó la pierna en alto sobre el banco. Lo que no puede olvidar es el escenario dantesco en que se convirtió la terminal del aeropuerto de Zaventem. Cuerpos con miembros mutilados y quemados por doquier. «Era un horror», concluye. Su imagen fue tomada por una periodista georgiana, Ketevan Kardava, a la que la primera bomba le estalló muy cerca. «Yo estaba en estado de shock, y fue instintivo» coger la cámara y hacer fotos, dijo.

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