El caos se apodera de Grecia al entrar en vigor el plan de deportaciones

Los centros de acogida de las islas se vacían para reconvertirlos en puntos de detención 


Bruselas / Corresponsal

Grecia no estaba preparada, pero la Unión Europa insistió en echar a rodar el pasado domingo el plan de deportación de migrantes desde las islas griegas a Turquía. Las primeras horas  han sumido al país heleno en el caos. La radiografía sobre el terreno es perversa. Los migrantes no dejan de llegar. Al menos 830 personas desembarcaron ayer en la isla de Quíos y 698 en la de Lesbos. Cuatro personas, dos de ellas niñas, murieron durante la travesía.

Grecia alberga ya a 50.411 refugiados en su territorio. Unos 13.250 se concentran en Idomeni a la espera, infundada, de que Macedonia vuelva a abrir las puertas. La ruta de los Balcanes está cerrada. Grecia asume ahora todo el peso migratorio de la UE y lo hace sin orden ni concierto, sin coordinación con el vecino turco y, lo más preocupante, sin los medios prometidos por sus socios europeos. 

¿A qué se debe el desorden?

Grecia apenas ha tenido tiempo de adaptarse a las exigencias del plan. La prioridad en estos momentos es reconvertir los centros de acogida de refugiados de islas como Lesbos en centros de detención. A los demandantes de asilo o migrantes que llegaron antes del domingo se los está trasladando en ferris hacia Grecia continental. Todavía quedan unas 7.000 personas por trasladar. A los recién llegados, hasta ahora un millar, se les detendrá el tiempo necesario para rechazar sus solicitudes de protección y ser deportados a Turquía. Las organizaciones humanitarias denuncian la expulsión de sus voluntarios de los centros y la evacuación «inhumana» de migrantes. El puerto del Pireo, desbordado por los 5.132 refugiados, ya no puede recibir más gente. Las autoridades griegas desvían los ferris desde las islas y los autobuses en tierra hacia Kavala. 

¿Dónde está la ayuda de la Unión Europea?

Los socios europeos prometieron ayuda, pero hasta ahora ha sido escasa. El reasentamiento de refugiados sirios desde Turquía no comenzará hasta el 6 de abril y hay que añadir un matiz: es voluntario. Las 54.000 plazas nuevas que se ofrecen a Turquía se descontarán de las 160.000 reservadas a Grecia e Italia. Y hay países que no quieren participar, como Hungría y Eslovaquia.  La Comisión Europea solicitó el envío de unos 4.000 expertos a Grecia para ayudar desde Frontex en labores de registro, tramitación, traducción, apelación y retorno, pero todavía no ha llegado ni uno. Solo llegaron a las islas Quíos y Lesbos los primeros de los 25 oficiales de enlace turcos que ayudarán a implementar el acuerdo. Y a todo ello hay que sumar el fracaso del plan de reubicación pensado para aliviar el peso migratorio de los países en primera línea. 

¿Puede acabar por desbaratarse el plan?

El Gobierno alemán pide paciencia. «Se necesitan un par de días hasta que las fuerzas de seguridad, traductores y expertos en asilo puedan apoyar a los organismos griegos en la deportación de los refugiados a Turquía», justificó ayer su portavoz, Steffen Seibert. Pero las dudas asoman. Austria pone en duda la agilidad de Frontex y demanda el envío de una misión civil-militar europea a la frontera externa griega. Acnur cuestiona su viabilidad por la falta de garantías legales que ofrece y por las detenciones forzadas: «Estamos preocupados por la premura con la que se podría estar aplicando el acuerdo». El experto de la European Stability Iniciative, Gerald Knaus, advierte de que «las señales desde Bruselas sobre la aplicación del plan no son alentadoras». 

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