«¿Me llevarán con mis hijos? ¿Pago a las mafias?»

En medio de la falta de información, los refugiados se resisten a dejar Idomeni


La Voz en Idomeni

¿Atenas o Salónica? ¿Me llevarán con mis hijos? ¿Pago a las mafias? ¿Hay pasaportes falsos? ¿Puedo volver a Siria? Son preguntas que se hacen los refugiados. Nadie les informa de qué va a ser de ellos tras el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía que entra en vigor hoy. En el campamento de Idomeni los 10.500 refugiados que huyen de la guerra solo han recibido información en un papel impreso en el que les piden que se trasladen a los campos de refugiados donde les darán comida y cama. «¿De verdad es la única opción que tengo, apuntarme al plan de reubicación? Ya no creo en la palabra de Europa, pediremos asilo en Grecia», dice Hara mientras espera su turno para visitar al médico.

El convenio firmado en Bruselas no hace referencia al futuro de los más de 45.000 refugiados que malviven en el lodazal de Idomeni. Las fronteras están cerradas desde que Austria decidiera restringir su paso provocando un efecto en cadena y el bloqueo unilateral de los Balcanes. Cada día que pasa el paso fronterizo que separa Grecia de Macedonia se va afianzando como un campo de refugiados permanente. Hay ya lista de espera para la cita de petición de asilo. Los puntos de información todavía no han abierto sus puertas.

Las mafias, las más beneficiadas por los acontecimientos, han forzado las salidas desde la costa turca. En las últimas horas se han registrado 1.500 llegadas, el doble que en los últimos días.

En las islas orientales de Grecia donde se han instalado cinco puntos de registro están preparándose a contrarreloj para cumplir la nueva hoja de ruta. Devolverán a los nuevos migrantes que lleguen a Europa después de estudiar de forma individual cada caso. «Quieren llegar a Grecia y por tanto a la UE cueste lo que cueste», indicó un militar en la isla de Quíos.

«Quedaos en Grecia»

En Idomeni de momento nadie quiere aceptar el acuerdo. Seguirán esperando aunque han perdido la ilusión. «De aquí nadie nos moverá», explica Mohamed. Algunos se preparan para intentar de nuevo saltar a los trenes que pasan por la estación de la frontera con Macedonia dirección Austria. Hasta el campo llegan noticias de los que optaron por pagar a las mafias y están durmiendo en cuevas en la frontera que separa Macedonia de Serbia. «Mi ropa está negra, no tenemos comida ni agua. No podemos salir de la cueva porque las mafias nos amenazan. Mi compañero se ha orinado encima. Quedaos en Grecia, esto es un infierno», escribe el tío de Nedal a su sobrino para impedir que tome la misma decisión, poner su vida en mano de los traficantes.

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