«Nos levantamos pensando que quizás tengan piedad de nosotros»

El reportero Qusay Loubani escribe una crónica estremecedora sobre qué es ser un refugiado en Idomeni


La Voz en Idomeni

«Cómo esperar la muerte en Idomeni» es el título que ha puesto el periodista sirio Qusay Loubani a la crónica que está escribiendo sobre su vida en el campo de refugiados más grande de Europa. En Siria era un reputado reportero en una emisora de radio local, pero en Grecia lleva tres semanas durmiendo en una casa abandonada. Su narración nos traslada al corazón del sufrimiento sirio. Solo ellos pasan días sin dormir, sin ducharse, sin saber qué hacer con el tiempo vacío que se extiende sin aclarar los interrogantes.

«Cada segundo nos preguntamos sobre si podremos cruzar a Macedonia. ¿Estará cerrada para siempre la frontera o la abrirán? ¿Será mejor quedarse aquí en la miseria o trasladarnos a Atenas? ¿Podemos creer en Europa después de todo lo que nos ha hecho? Hay quien se entretiene creyendo los rumores de que Merkel aparecerá, corazones que no soportan la realidad. Así que esperamos pero cada vez te sientes menos humano, más hundido en la miseria, menos persona».

Es el comienzo de un relato que, en realidad, es un alegato para despertar la conciencia de Europa. En Damasco Qusay escribía poemas de amor y esperanza. Ahora solo encuentra palabras para describir el sufrimiento. «Colas en todos lados. Cuando nos dan la comida, como a las palomas. Lavamos la ropa o vamos al médico. El orden de las tiendas se parece más a un campo de concentración que a un hogar. Hay desnutrición, no tenemos agua potable, comemos comida aliñada con barro».

Su idea inicial era ir a Noruega con su mujer. Reunieron el dinero necesario pese a que no fue nada fácil con solo dos sueldos de periodistas en Siria. Ahora se enfrentan a la idea de escoger entre sobrevivir y esperar a que el plan de reubicación les asigne un destino. Todavía no lo han decidido. «Si uno ya no puede seguir su camino quizás lo mejor es que nos envíen a un país con problemas económicos en el que no son ni siquiera partidarios del derecho de asilo». Son plenamente conscientes de la actualidad política de Europa.

Qusay repite la palabra sobrevivir en cada uno de sus párrafos. Que sobreviva la esperanza, la ilusión de seguir luchando, que nadie les impida continuar peleando después de sobrevivir a las bombas en su país. «Luchamos por el derecho a sobrevivir sin saber cuánto tendremos que esperar. Y mientras nos sentamos en el barro, la humanidad sigue sin aparecer».

Sus palabras se clavan como puñales. «Somos animales. Soñamos con morir sin dolor. Nos levantamos pensando que quizás tengan piedad de nosotros», señala en su crónica. Se sumerge en el sentimiento de las madres, en los cientos de niños que han perdido su inocencia en la guerra, una batalla que la humanidad ha perdido. «Hablo del hijo que no he podido tener por el miedo a que muriera en mis brazos», confiesa.

«Nadie puede aliviar este dolor. El sufrimiento de miles de sirios que esperamos un futuro en Europa y no tenemos respuesta. Cuando dejemos de aparecer en las portadas de los periódicos y las televisiones dejaremos de existir».

La fecha límite para las más de 10.000 personas que esperan en Idomeni una decisión de Bruselas es hoy. Las condiciones extremas en las que viven los empujan a trasladarse a los campos de refugiados que Grecia prepara a contrarreloj. Sin embargo, tampoco la promesa de techo y comida es la vida que buscan a largo plazo. No renuncian al sueño de restablecer su vida.

«¿Dónde nos llevará el final del camino? Quizás los que toman las decisiones en Europa muestren algo de humanidad», se anima Qusay. Espera que en Europa se lea su SOS y se sepa qué siente un refugiado, aunque hay situaciones que ni él mismo puede poner sobre el papel.

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