Socialistas desencantados e izquierda radical desafían a Hollande en la calle

Lo acusan de intentar una reforma laboral similar a la que aprobó Rajoy en España

Colpisa
París

La izquierda crítica contra la izquierda gobernante. La fractura que divide al poder socialista en Francia se plasmó el miércoles en la calle. Cerca de medio millón de trabajadores y estudiantes, según los convocantes, se manifestaron por todo el país en la primera protesta masiva contra la reforma laboral auspiciada por el presidente François Hollande y el primer ministro, Manuel Valls.

Fue el calentamiento del combate prometido por bachilleres, universitarios, sindicatos, izquierda radical y el desencantado electorado progresista contra un proyecto de ley que ven favorable a la patronal y les recuerda el promulgado por Rajoy en España. Un centenar de liceos, de los 2.500 existentes en el país, vieron sus accesos bloqueados por barricadas mientras que numerosas facultades registraron paros y asambleas generales que convocaron otra jornada de lucha el jueves.

La movilización estudiantil se sumó a las huelgas organizadas en las compañías públicas de ferrocarriles SNCF y de transportes colectivos de París RATP en reivindicación de mejoras laborales y salariales. Mientras el tráfico fue normal en el metro, los autobuses y los tranvías de la capital, apenas circularon un tercio de los trenes. Los atascos en los accesos por carretera a París alcanzaron una longitud acumulada de 325 kilómetros frente a los 200 de una jornada normal.

La jornada de acción fue convocada el día que el Gobierno tenía prevista la presentación del proyecto de ley que finalmente fue aplazada al 24 de marzo en vista de la fuerte oposición. En el Consejo de Ministros, Hollande aseguró que la reforma «no copia a otros países europeos» sino que trata de preservar el modelo social de Francia «adaptándolo». Fue una respuesta a las acusaciones sindicales de haberse inspirado en la reforma realizada por la derecha en España.

El ministro portavoz, Stéphane Le Foll, explicó que el jefe del Estado recordó al Gobierno que había una negociación en marcha con los sindicatos, por lo que «es necesario escuchar sus reivindicaciones y estar abierto al diálogo». El primer ministro Valls tiene previsto desvelar el próximo lunes a los interlocutores sociales la nueva redacción del texto resultante de las discusiones.

La contestación contra la ley se centra en tres puntos: el tope impuesto a las indemnizaciones por despidos improcedentes, la liberalización de los despidos por motivos económicos y la libertad concedida a los empresarios para fijar la jornada laboral que dinamita en la práctica la semana de 35 horas. Las centrales reformistas, que reclaman modificaciones, han convocado manifestaciones el sábado. Los sindicatos duros, que exigen la retirada del proyecto, han organizado una movilización general el 31 de marzo.

La reforma ha abierto una brecha dentro del Partido Socialista donde Martine Aubry, artífice de la ley de las 35 horas, lleva la voz cantante de los contestatarios. En la manifestación de París Benjamin Lucas, presidente de las juventudes socialistas, declaró que «quienes están aquí son los que dieron la victoria a Hollande y no quieren que su mandato se acabe con una ley deseada por la oposición». «Si el proyecto sale, se fracturará la izquierda y se decepcionará a muchos de nuestros electores», advirtió.

Nicolas Sarkozy percibió «un clima de fin de reinado pues Hollande ha dividido a su propia mayoría». «Paga las mentiras de su campaña de 2012. Todos los que salen a la calle son electores decepcionados. Les prometió una política y hace lo contrario», declaró.

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