La UE quema sus últimos cartuchos para contener a los refugiados en Turquía

Europa trata de reanimar Schengen y reflotar «in extremis» el plan de reubicación de solicitantes de asilo


Bruselas / Corresponsal

La Unión Europea calienta motores en vísperas de su crucial cita con Turquía. El bloque europeo se encuentra inmerso en una crisis migratoria que ha roto costuras políticas entre sus socios. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, da por finalizado su trepidante tour por los Balcanes, Grecia y Turquía. El polaco ha puesto toda la maquinaria diplomática a funcionar para doblegar mañana a los socios díscolos del Este y Centroeuropa. Amenazan con dinamitar Schengen y se niegan a acatar las cuotas de acogida de refugiados.

También ha advertido a Grecia de que le queda poco tiempo para recuperar el control en su frontera externa, por donde siguen entrando cada día unas 2.000 personas procedentes de Turquía. El primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, ha ignorado de forma sistemática a la UE y su Plan de Acción para frenar de forma inmediata los flujos de refugiados hacia Europa. Estos serán los tres grandes retos de la cumbre: 

Compromiso turco

Control. La UE espera que Davutoglu extienda mañana garantías en torno al control de migrantes. «El número de entradas ilegales desde Turquía sigue siendo demasiado alto», advierte Tusk. Ankara está dispuesta a acoger de vuelta a los migrantes rescatados en el Egeo y readmitir a aquellos a los que Grecia no conceda asilo.

«La voluntad política está ahí», asegura el jefe del Consejo Europeo. El problema es que nadie se fía. Algunos líderes europeos asumen que tendrán que volver a hacer concesiones en torno a la liberalización de visados para otoño y acelerar el proceso de adhesión del país a la UE para ver resultados. 

Volver a Schengen 

Cierre de fronteras. El caos migratorio dentro del espacio de libre circulación Schengen precipitó el cierre en cadena de fronteras en la ruta de los Balcanes. Grecia paga hoy el precio. Hay cerca de 30.000 personas atrapadas en el país heleno, unas 11.000 en Idomeni, junto a la frontera de MacedoniaBélgica, Alemania, Dinamarca, Austria, Eslovenia, Hungría, Suecia y Noruega mantienen controles internos y Bruselas quiere que se levanten para volver a la normalidad a finales de año.

La condición que ponen sobre la mesa los socios es que Grecia controle «al 100 % de sus capacidades» las llegadas, los registros y las tramitaciones de asilo. Esto «permitirá cerrar la ruta de los Balcanes», asegura Tusk. Esta vía fue seguida por más de 880.000 migrantes el pasado año y 128.000 en lo que va del 2016. Italia y Alemania también pidieron por carta a la Comisión Europea que acelere los trabajos para unificar los sistemas de asilo europeos, armonizar los procesos de registro y los criterios en el proceso de selección. 

Reubicar refugiados 

¿Solidaridad? «Por primera vez desde el comienzo de la crisis migratoria, empiezo a ver que emerge un consenso», trató de auto convencerse Donald Tusk, que quiere ver mañana unanimidad y solidaridad entre los socios. Grecia exige que arrimen el hombro porque nadie está colaborando en el programa de reubicación de refugiados para aliviar la carga al país heleno, convertido en un gran «almacén de almas». De los 160.000 apalabrados, solo se acogieron 660.

Es un problema de «decencia moral», aseguraba esta semana el ministro de Exteriores en funciones, José Manuel García-Margallo. España solo ha reubicado a 18 de los 854 que se puso de objetivo para este año.

Pero el mayor obstáculo es Visegrado. Eslovaquia, Hungría, República Checa y Polonia se resisten. El primer ministro eslovaco, Robert Fico, podría flexibilizar su posición tras las elecciones de ayer en un país especialmente hostil con los refugiados. Bruselas vigila de cerca al socio centroeuropeo que tomará la presidencia temporal de la UE el próximo julio. 

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