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Bruselas / corresponsal

Los acontecimientos se están precipitando con más rapidez de lo que Europa esperaba. No se han cumplido los diez días que el comisario de Migración, Dimitris Avramopoulos, dio de plazo para evitar una catástrofe humanitaria inminente en Grecia y el sistema ya está dando síntomas de colapso por la nefasta gestión migratoria de la UE y la decisión unilateral de los países balcánicos de cerrar sus fronteras abandonando a Atenas a su suerte. 

La tensión acumulada en la frontera entre Grecia y Macedonia estalló ayer en forma de avalancha humana. Sucedió entre Gevgelija y la localidad griega de Idomeni. Centenares de migrantes y refugiados, furiosos y desesperados por cruzar la valla que separa los dos países, intentaron echar abajo la alambrada y consiguieron derrumbarla parcialmente, pero la policía macedonia cargó contra ellos. La violencia se desató cuando los guardias emplearon gases lacrimógenos para repeler y dispersar a los asaltantes que retrocedieron presas del pánico.

Hasta ahora las restricciones impuestas limitan la entrada al país de 300 personas cada día y discriminan por nacionalidad. Solo se permite entrar a sirios e iraquíes que tengan documentación en regla. Como consecuencia de ello, la situación es crítica. La frontera norte de Grecia se ha convertido en un cuello de botella para las 8.000 personas que se agolpan en los alrededores esperando una oportunidad para poder cruzar.

El fenómeno no hará más que crecer en los próximos días cuando los 3.000 refugiados que llegan de forma diaria a Grecia desde Turquía se vayan desplazando hacia los pasos fronterizos que ya se encuentran desbordados. El ministro de Migración griego, Ioannis Mouzalas, calcula que unas 25.000 personas se encuentran atrapadas en el país, una cifra que podría aumentar a los 70.000 hacia finales de marzo si Macedonia y el resto de socios de los Balcanes no abren las puertas para aliviar la tensión que se está acumulando en el país heleno. 

Nuevos sucesos dramáticos

El ministro de Exteriores de Macedonia, Nikola Poposki, reconoció ayer que es probable que en los próximos días se produzcan nuevos «sucesos dramáticos» en Europa si no se consigue gestionar de forma coordinada los flujos de personas: «Pasar la responsabilidad de una frontera a otra no es la solución», aseguró para tratar de justificar el aislamiento al que han sometido a Grecia. 

Atenas trata de mantener la tensión bajo control. El Gobierno de Alexis Tsipras ha pedido un plan de contingencia humanitaria de 468 millones de euros a Bruselas tras comprobar que ni Turquía ni los países de los Balcanes ni sus socios de la UE están dispuestos a ayudarle. Las autoridades helenas aseguran que la situación en las islas, puntos de llegada, todavía es «gestionable». En el puerto del Pireo, por el contrario, se hacinan cerca de 5.000 personas.

Las organizaciones humanitarias están escandalizadas por la actitud de la UE. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra?ad Al Huseín, le exigió ayer cumplir con sus obligaciones morales y abandonar las «medidas inhumanas» contra los refugiados.

Criminales de guerra entre los llegados a Holanda

Las autoridades holandesas sospechan que al menos treinta refugiados que llegaron al país el año pasado en busca de asilo son sospechosos de crímenes de guerra. El año pasado cerca de 170 personas fueron sometidas a investigación por sus actuaciones en el extranjero. Ámsterdam sostiene que veinte de ellas intervinieron en combates en la guerra civil siria.

Merkel arremete contra sus socios por aislar a Grecia

El hastío y la desazón impregnaron ayer el discurso que Angela Merkel pronunció ante más de 6 millones de alemanes en uno de los programas de mayor audiencia del país. «Mi maldita obligación y deber consiste en encargarme de que Europa encuentre un camino común», aseguró con una vehemencia inusual. Defendió con aplomo su política migratoria, tan cuestionada tanto dentro como fuera de su partido. La canciller se niega a restringir el derecho al asilo y arremete contra los socios, como Austria, que han sucumbido en los últimos meses a los intereses y presiones nacionales. El cierre de fronteras unilateral, el órdago a Grecia y el terremoto en el espacio Schengen quitan el sueño a Berlín. No quedan muchas oportunidades para coordinar a los socios. 

Viena rechaza de plano las críticas. Culpa a Merkel del caos en los Balcanes y le recuerda que fue la primera en restringir las llegadas cuando vio los efectos de la política de «puertas abiertas» que lanzó en agosto provocando avalanchas en las fronteras que siguen descontroladas por la falta de colaboración de Turquía y la saturación de Grecia.

La desbandada generalizada de los Gobiernos también genera tensiones con Bruselas. Bélgica se sumó la semana pasada a la lista de países que han decidido introducir controles fronterizos temporales. La Comisión Europea ha pedido explicaciones a las autoridades belgas porque sospechan que la medida no está justificada ni es proporcional. Bélgica se defiende y asegura que el desmantelamiento de La Jungla de Calais está empujando a los refugiados a su territorio.

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La desesperación de los refugiados estalla en la frontera de Macedonia