El «Flying Scotsman», la locomotora más mítica de Gran Bretaña, vuelve a rodar

Fue la primera máquina de vapor que superó las 100 millas por hora


Londres

Hace cerca de cien años, una locomotora de vapor partía puntual cada día a las 10 de la mañana desde Londres con destino a Edimburgo. Había sido construida fruto de la colaboración de varias empresas pequeñas y tardaba diez horas y media en completar el trayecto. Tenía 22 metros de longitud y una capacidad de almacenamiento de 8 toneladas de carbón, que consumía en cada trayecto. Se trata del Flying Scotsman (el escocés volador), que llegó a transportar a unos 100.000 hombres de negocios y turistas entre ambas capitales.

Ahora ha vuelto a rodar en el que es su primer viaje tras diez años de reparaciones, completando un trayecto de cinco horas con un total de 297 personas a bordo. Uno de ellos, Tony Hey, de 70 años, describió la experiencia como algo «totalmente diferente», con un olor muy particular, el del vapor, y muy lejos de la que vive cuando toma un tren eléctrico.

La poderosa máquina de 97 toneladas fue construida en 1923, pero las primeras mejoras le fueron introducidas cinco años más tarde. Se consiguió así reducir en dos horas la duración de viaje y que no tuviese que hacer ninguna parada durante el trayecto de 711 kilómetros entre las dos capitales.

En poco tiempo el escocés volador aumentó su prestigio como tren de lujo, por unos vagones que albergaban un gran restaurante estilo Luis XVI, un amplio tocador de señoras, coquetas lámparas y bancos de terciopelo rojo. Llegó a tener un cine. Pintado siempre de color verde manzana, perdió su identidad durante la Segunda Guerra Mundial, cuando pasó a ser de color negro.

Su fama se afianzó cuando se presentó en la gran Exposición Imperial Británica de 1924. Además, la locomotora se convirtió en la más rápida el 30 de noviembre de 1934, cuando alcanzó las 100 millas (161 kilómetros) por hora en el trayecto entre Londres y Leeds. Sin embargo, en 1963 fue retirada del servicio habitual y pasó a formar parte de exposiciones en Australia y Estados Unidos.

Respetando el mítico número 60103, el Flying Scotsman está ahora expuesto en el Museo Nacional del Ferrocarril en York, adonde llegó tras partir desde la londinense estación de St. Pancras. «Es un sentimiento maravilloso verla aquí, verla rodar. Es como una mujer hermosa», dijo William McAlpine, uno de sus antiguos propietarios.

«Es un día histórico», decía pletórico el director del Museo del Ferrocarril, Paul Kirkman, quien espera que el público acuda en masa a la exposición abierta hasta el 6 de marzo, en la que se exhibirán las hazañas que dieron fama a este servicio de lujo y también a otra que abrirá sus puertas unas semanas más tarde, en la que los visitantes podrán acceder a uno de los vagones del tren y a otras cuatro locomotoras.

Por su parte, Jamie Taylor, responsable de desarrollo del museo, valora la historia del Flying Scotsman como una «montaña rusa increíble», llena de historias extraordinarias que incluyen dos récords Guinness y la convierten en una de las joyas del patrimonio industrial nacional británico.

Para un viaje del Flying Scotman se llegaban a necesitar 59.100 litros de agua, lo que equivaldría unas 312.000 tazas de té, explican desde el museo, que decidió comprar este tren en el 2004 por 2,3 millones de libras (2,95 millones de euros), a lo que se sumaron otros 4,2 millones de libras para la restauración, una gran inversión con la que pretenden mantener vivo uno de los iconos británicos por excelencia.

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