Hungría desafía a la UE y anuncia un referendo sobre el reparto de refugiados

Bruselas asiste impotente a la sublevación de Centroeuropa, que se niega a colaborar 


Bruselas / Corresponsal

«Estamos viviendo la época más peligrosa a la que se ha enfrentado Europa», advirtió ayer el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. Bajo su batuta, los líderes de la UE acordaron en el último año una extensa batería de medidas para frenar la crisis migratoria. Lo acordado en su día, hoy solo es papel mojado. Hungría se encargó ayer de dinamitar la poca confianza que quedaba en vislumbrar una solución europea al problema. Su primer ministro, Víktor Orbán, desafió ayer a Bruselas al anunciar la convocatoria de un referendo sobre la acogida de los 2.300 refugiados que se asignó al país magiar del programa de reubicación de 160.000. «Los húngaros sentimos que aplicar las cuotas de inmigrantes sin el apoyo de la gente es abuso de poder», trató de justificar el ultraderechista.

La decisión abre una peligrosa vía de agua que puede provocar el hundimiento del club europeo. La deslealtad de Hungría hacia Bruselas y el resto de socios, no es el único síntoma división en la UE. Otros países ignoran las llamadas de atención de la Comisión Europea. Su presidente, Jean-Claude Juncker, anunció ayer el inicio de un procedimiento de infracción contra Austria por sus restricciones sobre el derecho al asilo. Viena se niega a tramitar más de 80 solicitudes al día y acordó ayer con otros socios de los Balcanes, unificar los criterios de registro y expulsión de migrantes. La ministra austríaca del Interior, Johanna Mikl-Leitner, justificó la medida: «Es una cuestión de supervivencia (...) Queremos una reacción en cadena de cordura», indicó ante de acusar a Atenas de «transportar» a los migrantes hacia Centroeuropa. La maniobra ha provocado un efecto dominó. Los países de la región han blindado sus fronteras e impiden el paso de migrantes. Han acordado reforzarse mutuamente para concentrar a los desplazados en un solo lugar: Grecia

En territorio heleno hay 20.000 personas atrapadas. No pueden cruzar a Macedonia. Ankara tampoco las quiere de vuelta. Al menos 4.000 están varadas en la frontera norte y decenas de familias con niños bloquearon ayer una carretera del país para protestar por las restricciones de paso. El primer ministro griego, Alexis Tsipras, se siente traicionado. Alemania y Francia le habían prometido que no se aislaría al país hasta la reunión entre la UE y Turquía del próximo 7 de marzo, en la que los líderes europeos exigirán al Gobierno turco que cumpla inmediatamente con sus compromisos para cortar el flujo de migrantes y readmitir a quienes acceden de forma irregular a Europa. 

Lejos de los Balcanes, la crisis migratoria tampoco da tregua. Bruselas investiga el cierre parcial de frontera con Francia decretado por las autoridades belgas. Quieren evitar que el desmantelamiento del campamento de refugiados de Calais empuje a cientos de personas hacia su territorio. Organizaciones humanitarias como Amnistía Internacional califican de «vergonzosa» la respuesta de la UE a la peor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial.

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