La UE y Reino Unido ponen fin al drama

David Cameron dice que hará campaña a favor de la permanencia «con toda mi alma y mi corazón» 


Bruselas / corresponsal

Se acabaron las puestas en escena trágicas, las tensiones y los órdagos. La UE y el Reino Unido sellaron ayer un acuerdo para tratar de convencer a los británicos de seguir formando parte del club de los 28

Las históricas negociaciones entre el primer ministro David Cameron y sus socios europeos se alargaron durante dos jornadas. Se hicieron eternas. A pesar de la dosis de dramatismo que anticipó desde el inicio de las conversaciones la primera ministra lituana, Dalia Grybauskait, lo cierto es que el fondo del acuerdo no es demasiado ambicioso.

¿Qué concesiones ha hecho la UE a Cameron para que vuelva a Londres a pedir el sí en el referendo de permanencia?

La gran victoria del Reino Unido está impresa en el capítulo migratorio. El premier consiguió derribar el infranqueable muro erigido por Polonia, la República Checa, Eslovaquia y Hungría en torno al «freno de emergencia». Londres podrá activarlo en situaciones de presión excepcional, como la actual, para suspender de forma automática las prestaciones sociales a los trabajadores europeos. Su activación no se podrá aplicar con retroactividad y es temporal. Podrá imponer las restricciones por un máximo de siete años.

Menos éxito ha tenido con la indexación de las ayudas concedidas por cada niño residiendo fuera de la isla. Según el acuerdo, los beneficios se ajustarán a las condiciones de vida del país donde viven y se aplicará una moratoria de cuatro años. La medida podrá ser blandida por otros miembros de la UE. Alemania ya anunció su interés en sumarse a esta directiva.

En el capítulo de la soberanía, Cameron se queda en tablas. Consigue que se reconozca que el país «no está comprometido con una mayor política de integración en la UE» y que se deje por escrito que el proyecto de una Unión más estrecha no se aplica al Reino Unido, pero no podrá recuperar soberanías ya cedidas a Bruselas.

¿Qué ha pasado con la inquietud del presidente francés, François Hollande, en torno a las ventajas de la City londinense sobre los bancos galos? El temor fundado de Francia se apagó con una píldora amarga que Cameron tuvo que tragar. No podrá vetar decisiones dentro de la zona euro.

Sí se contempla que un país, con apoyo de una mayoría cualificada, pueda elevar de forma razonada sus preocupaciones en torno a una decisión que le pueda discriminar como miembro que no forma parte del club del euro. En ese caso, el Consejo «hará todo lo posible para alcanzar una solución satisfactoria para abordar las preocupaciones elevadas por un Estado miembro o varios». Esta era una de las líneas rojas que incluso países simpatizantes de Cameron, como Alemania, no estaban dispuestos a traspasar. 

¿Qué pasa si Cameron fracasa y los británicos dicen que no a la UE? ¿Puede negociar otro acuerdo? Definitivamente, no. Bélgica se ha asegurado que eso no ocurra. Se trata de un «o lo tomas o lo dejas». Según el texto acordado, si el brexit se consuma en las urnas, «dejará de existir». 

A pesar del regusto ácido del acuerdo, Cameron aseguró ayer que defenderá con toda su alma y su corazón la permanencia del país en la UE. Eso sí, aclaró que nunca formarán parte de un super-Estado europeo. Hollande lamentó esa falta de unidad: «De algún modo, ya no quieren formar parte de un proyecto político», indicó. Su homóloga polaca, Beata Szydlo, valoró el resultado de forma modesta: «Hemos conseguido lo que queríamos. Un acuerdo, pero no a cualquier precio». El presidente del Consejo, Donald Tusk, trató de hacerle más digerible el camino al británico y aseguró que la UE «ha fortalecido el estatus especial del país respetando nuestros valores fundamentales». La decisión final, como dijo el polaco, «está en manos de los británicos» ... o del Tribunal de Justicia de la UE.

Amenaza de veto

Atenas hizo temblar a sus socios ayer cuando el primer ministro heleno, Alexis Tsipras amenazó con vetar el acuerdo si no se garantizaba que los países de los Balcanes no aislarían a Grecia en Schengen para frenar el flujo de migrantes. Al menos hasta que se celebre la cumbre entre la UE y Turquía a principios de marzo. 

El referendo parte en dos a la sociedad británica

¿Qué está pasando al otro lado del canal de la Mancha? Los británicos esperaban el resultado de las negociaciones en Bruselas con los ojos puestos en el referendo que Cameron convocará probablemente para el próximo 23 de junio. Con el texto cerrado, la campaña a favor y en contra de seguir en el club europeo se volverá más feroz que nunca. Los ánimos están muy divididos. Según las encuestas más recientes, el 36 % de los ciudadanos respaldarían el brexit, un 34 % seguirían fieles a la UE y un 23 todavía están indecisos, un porcentaje que será crucial para inclinar hacia un lado u otro la balanza. 

Aunque oficialmente no ha comenzado la cuenta atrás, los eurófobos calientan motores. Ayer lograron congregar a mil personas en Londres para defender la salida de la Unión. El diputado conservador David Bannerman se sumó a la cita, en la que pudo advertir a los asistentes de que un sí supondría la llegada de «millones de inmigrantes desde Albania, Bosnia y Turquía cuando estos se sumen a la UE». 

La incógnita también está en saber cuántos de los diputados del partido de Cameron respaldarán la permanencia y cuántos abogarán por la salida. La división ha llegado al Gobierno. Entre los ministros, el de Economía, George Osborne, y el de Exteriores, Philip Hammond, apoyarán el sí. Sin embargo, el de Justicia, Michael Gove, anticipó ayer que hará campaña por el divorcio con la UE.

El Este insiste en echar toda la presión migratoria sobre Grecia

El Reino Unido fue el protagonista indiscutible de cara a la galería de la cumbre celebrada ayer en Bruselas. Pero detrás del brexit se escondió otra batalla soterrada que sigue desgarrando a la UE: la crisis migratoria. 

Lo avanzó la canciller Angela Merkel cuando aterrizó en la capital belga. Su prioridad era negociar el fin de las hostilidades y las decisiones unilaterales en los Balcanes para evitar el colapso del espacio Schengen, de libre circulación. Pero se encontró con el desdén de los países del Este y Austria. Orquestados desde Viena, los socios de Visegrado decidieron echar un pulso ayer a Berlín y Bruselas al anunciar que echarán el cierre en sus fronteras provocando un efecto dominó hasta Grecia, donde intentan concentrar a todos los refugiados que alcanzan el continente desde Turquía. 

Austria empezó a aplicar ayer restricciones al derecho de asilo y su ministra del Interior, Johanna Mikl-Leitner, anunció nuevos recortes de cuotas en el futuro. El país alpino empezó ayer a aplicar el límite de 80 solicitudes diarias. Las autoridades tan solo permiten el paso diario por la frontera a 3.200 desplazados. Bruselas lo considera una «provocación» porque solo un día antes le había advertido sobre la obligación de atender a todos los migrantes que solicitasen protección internacional. Se prevé que muchos de ellos acaben pidiendo ayuda en Alemania. El ministro del Interior germano, Thomas de Maizière, exigió a Viena respetar las normas: «No se puede cargar todo el peso sobre Alemania. Sería inaceptable», se quejó. Pero el Gobierno austríaco se defiende de las críticas  y trata de justificarse al asegurar que la presión migratoria en el país se ha vuelto insostenible. Solo el año pasado recibieron a más de 800.000 migrantes. Al menos 90.000 de ellos solicitaron el estatus de refugiado. 

El líder eslovaco, Robert Fico, también desafió ayer a sus socios al anunciar que el país «jamás respetará las cuotas de refugiados. Nunca». Eslovaquia se suma a la acción coordinada de los países afectados por el flujo irregular de migrantes a lo largo de la ruta de los Balcanes. Siguiendo el modelo húngaro, blindarán todas las fronteras y reforzarán el flanco sur de Macedonia,  provocando un gigantesco tapón en la frontera norte de Grecia.

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