Francia se planta y rechaza realizar nuevas concesiones al Reino Unido

Los socios del este y el centro de Europa reaccionan con tibieza al borrador de Tusk


bruselas / corresponsal

Cambiar todo para que nada cambie. Así se resume el ejercicio de política ficción en el que se enfrascaron Bruselas y Londres en las últimas semanas para dar a luz a una propuesta que convenza al Reino Unido de que permanecer en la UE es lo correcto.

Las presiones son muy grandes. El primer ministro británico, David Cameron, quiere evitar un brexit accidental que él mismo invocó al anunciar un referendo de permanencia este año. Ya se ha puesto manos a la obra para sacar las bondades de una oferta que no cambia mucho la posición del Reino Unido en la UE, pero le basta para justificar ante los críticos de su partido y los eurófobos que ha plantado cara a los socios continentales. 

La realidad es que Europa está dispuesta a ceder en la letra, pero no en la sustancia. Prueba de ello es que la oferta del presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, y el presidente del Consejo, Donald Tusk, no ha generado el rechazo que suele surgir cuando un socio exige trato de favor.

Los países del Este y de Centroeuropa, muy reacios a la supresión temporal de ayudas sociales en el Reino Unido a trabajadores de la UE, reaccionaron de forma tibia. El ministro de Exteriores polaco, Witold Waszczykowski, se limitó a pedir que las medidas no se apliquen con retroactividad, algo que ya se establece en el texto: «No queremos que los que ya consiguieron (ayudas) las pierdan», anunció desde Budapest, tras reunirse con su homólogo húngaro, Péter Szijjártó. El ministro magiar está dispuesto a apoyar la propuesta «siempre que no se discrimine». 

Los 27 pasarán la lupa estos días a una oferta que todavía conserva flecos sueltos. La primera ministra polaca, Beata Szydlo, y su homólogo húngaro, Viktor Orbán, se reunirán el lunes para perfilar una estrategia común de cara a la cumbre de los días 18 y 19. Otro de los socios más vigilantes, Francia, no parece tener grandes objeciones pero su presidente recordó ayer que hay dos líneas rojas «innegociables» que París no tolerará que se traspasen: el respeto a los Tratados y la no intervención de Londres en decisiones que condicionen el rumbo de la eurozona. Hollande, que rechazó realizar más concesiones, subrayó que ningún país ajeno a la moneda única puede tener derecho de «veto» sobre ella.

Hay otros Gobiernos, como el italiano, que todavía no se han decantado. Roma podría intentar sacar rédito a cambio de su respaldo. Ya lo hizo al negarse a extender el cheque de 3.000 millones de euros a Turquía para frenar a los refugiados y al mortificar a Angela Merkel por su gestión de la crisis migratoria. Renzi busca tiempo y flexibilidad para que su país cumpla el objetivo de déficit, algo que Juncker le deniega insistentemente.

El Parlamento Europeo se mostró ayer profundamente dividido sobre la oferta. Los conservadores la respaldaron e instaron a los británicos a ser «mejores patriotas» luchando para que su país se quede en la UE. Socialistas, liberales y la izquierda unitaria desconfían de los detalles que todavía están por negociar. «No deberíamos añadir frenos de emergencia cada vez que un líder europeo se enfrenta a su opinión pública», advirtió el liberal Guy Verhofstadt. El líder del UKIP, Nigel Farage, calificó de «patética» la oferta y aseguró sentirse avergonzado de que Cameron tenga que ir al Consejo Europeo «a pedir limosna, como Oliver Twist».

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