Alemania acusa a Putin de financiar a la ultraderecha europea

El partido de Angela Merkel denuncia que Moscú activa grupos de carácter xenófobo para desestabilizar a la Unión Europea


berlín / colpisa

Desde el conflicto de Ucrania y la imposición de sanciones a Rusia, Moscú ha cambiado su estrategia ante Occidente y practica lo que los analistas militares, también en Alemania, califican de «guerra híbrida», uno de cuyos objetivos es desestabilizar a la UE, provocando la división de sus miembros y fomentando los conflictos internos. Así lo asegura el portavoz de Exteriores de la CDU, el partido de Merkel, Roderich Kiesewetter, quien afirmó ayer que por ese motivo el presidente ruso, Vladimir Putin, «apoya financieramente a fuerzas de extrema derecha en Europa» como el neonazi NPD, la populista Alternativa para Alemania (AfD) o el Frente Nacional en Francia.

Kiesewetter, que acusó al Kremlin de manipular y movilizar contra la política de acogida de refugiados a los miles de alemanes de la minoría étnica germana en Rusia que emigraron masivamente a este país en la década de los años 90 tras la caída del Telón de Acero, es uno de los pocos políticos que ha acusado abiertamente a Moscú de llevar a cabo esa estrategia desestabilizadora. Sin embargo, medios de prestigio como Die Zeit y Der Spiegel utilizan cada vez más el término de «guerra híbrida», en la que al parecer todo está permitido: una guerra sin declaración de guerra, sin reglas y sin límites, una guerra en la que se aplica todo el espectro de medios tradicionales fundidos a un nivel táctico y que prevé, según la necesidad, la intervención de partisanos, miembros del crimen organizado o elementos terroristas.

En la «guerra híbrida» se practican sabotajes con ciberataques o interrupciones de suministros básicos como la electricidad, con un agresor anónimo que no se identifica y opera de manera invisible. Ciberataques como el sufrido por el sistema informático del Bundestag el pasado abril, cuando fueron infiltrados 14 servidores, entre ellos el que guarda los datos de acceso al Parlamento alemán y cuentas de correo electrónico de los diputados. La reparación del sistema costó semanas, el sabotaje provocó la inseguridad de los legisladores y la Fiscalía Federal asumió el caso al tratarse de un delito de espionaje. El ataque «fue cometido por un servicio de inteligencia militar ruso», declaró a Spiegel un oficial del contraespionaje germano que no se identifica. La revista revela además que Moscú está tejiendo una red con movimientos ultraconservadores y nacionalistas en Europa.

Que el Frente Nacional francés se ha financiado con un crédito millonario de un banco ruso es conocido, pero no tanto que un eurodiputado del NPD alemán participó en un congreso en San Petersburgo invitado por el partido Patria del viceprimer ministro ruso, Dimitri Rogosin, o que altos funcionarios de la formación neonazi asisten a conferencias en Moscú. En el caso de la emergente Alternativa para Alemania, su copresidente, Alexander Gauland, mantiene desde 2014 contactos periódicos con la embajada rusa en Berlín y miembros de sus juventudes han participado en congresos patrocinados por el Kremlin en Ucrania y Serbia. El partido de tendencias xenófobas organizó el próximo junio en Potsdam un seminario con la embajada rusa, que cubre parte de los costes, bajo el título «Migración como elemento desestabilizador».

Presión a través de la televisión sobre los dos millones de ruso-alemanes

Objetivo más reciente del Gobierno de Putin son los llamados ruso-alemanes. Después de 1990 llegaron a Alemania dos millones de rusos de raíces étnicas germanas nacidos en la Unión Soviética. Muchos siguen la televisión rusa, que ha informado estas semanas sobre el caso de una niña de 13 años ruso-alemana que desapareció 30 horas en Berlín, fue presuntamente secuestrada y supuestamente sufrió abusos sexuales a manos de refugiados. Cientos de ruso-alemanes protestaron por toda Alemania para exigir seguridad y el cierre de las fronteras a los refugiados. De nada ha valido que la policía y la justicia afirmaran que no hubo ni secuestro, ni abusos, ni refugiados. Rusia mantiene la versión sórdida del suceso pese a las advertencias del Gobierno germano.

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