La colaboración con el CNI pudo ser la causa del asesinato

Litvinenko ya recibía un salario mensual del MI6 británico y vendía informes a empresas privadas

Colpisa
Londres

La colaboración de Alexánder Litvinenko con la inteligencia española pudo impulsar a Andréi Lugovói y Dmitri Kovtun a asesinarlo con un té que contenía polonio 210 en su cita el 1 de noviembre del 2006 en el hotel Millennium. Litvinenko comenzó a colaborar con el CNI, a finales del 2004. Ya recibía un salario mensual del MI6 británico y vendía informes a empresas privadas. Su amigo el magnate Boris Berezovski, fugitivo del Kremlin y muerto en el 2013, también le entregaba algún dinero.

Después de servir al FSB, el exespía había huido de Rusia después de descubrir la supuesta connivencia de sus jefes con bandas delictivas. Ya en el exilio, fue coautor de un libro en el que acusa al entorno de Putin -que pasó del FSB a convertirse en primer ministro en 1999- de colocar las bombas que, achacadas a terroristas, justificaron el inicio de la segunda guerra en Chechenia y su ascenso al Kremlin.

Pero semejante acusación, publicada en ruso en el 2002, no llevó a su asesinato. El juez británico sir Robert Owen enumera una serie de razones posibles por las que Litvinenko fuese asesinado cuatro años más tarde de la publicación de su libro, cuando ya había recibido incluso la ciudadanía británica. Según las conclusiones, cabe la posibilidad de que el Kremlin esperase a que el Parlamento aprobara la ley que autoriza a los servicios de seguridad a matar a extremistas en el extranjero. Podría ser que el informe del exespía para una empresa británica sobre Viktor Ivánov, un asistente de Putin vinculado, según Litvinenko, a mafias de San Petersburgo, indignase al Kremlin. Se lo envió a Lugovói. Planeaba nuevos negocios con él y quiso mostrarle el tipo de producto que podían vender. Podría ser que su amistad con la periodista Anna Politkóvskaya, asesinada en el 2006, y de cuya muerte Litvinenko culpó a Putin, crease el contexto para acabar también con él. Pero la cooperación del antiguo agente del FSB con el CNI español condujo a investigaciones de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, a detenciones de capos y desarticulación de estructuras.

Alexander Litvinenko fue poco cauto con Lugovói, no lo identificó como un enemigo. Al contrario, lo invitó a colaborar con él en las tareas de información a las autoridades españolas, posiblemente le dijo también lo que había contado a otros, que pronto iba a testificar en un juzgado español para señalar las conexiones mafiosas del Kremlin y a supuestos testaferros de Putin en España, e incluiría entre ellos al patrón del Chelsea, Roman Abrámovich.

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