El cartel diseñado para sobrevivir sin su jefe

La caída del Chapo afectará muy poco o nada a la marcha de los negocios de la multinacional del crimen de Sinaloa


Caracas / E. La Voz

La detención del Chapo Guzmán ha dado al traste con su pretensión de protagonizar una película sobre su vida y ha supuesto una victoria moral para el Gobierno de Peña Nieto, pero muy poco o nada va afectar a la marcha de los negocios del cartel del Sinaloa. El grupo no solo no se ha visto perjudicado por las dos detenciones anteriores de su jefe sino que aumentó su facturación, estimada en más de 3.000 millones de dólares anuales. Según Mike Vigil, ex jefe de operaciones de la DEA, «para herir al cartel, el Gobierno mexicano debería ir sobre sus activos, intervenir cuentas bancarias y propiedades y limpiar toda la corrupción que ayudó a levantar esta empresa criminal».

El de Sinaloa no es uno más de los nueve carteles que siguen operativos en México desde la llegada al Gobierno de Peña Nieto. Su estructura no es jerárquica ya que se trata de la alianza de algunos de los capos más importantes del país. Los miembros de la coalición operan en conjunto para protegerse, cuentan con conexiones en los niveles más altos, y sobornan a funcionarios de la policía federal y el ejército para mantener ventaja sobre sus rivales. Ya antes de ser detenido, Guzmán compartía el liderazgo con Ismael Zabanda, El Mayo, un sexagenario que nunca fue capturado y que está considerado el nexo del cartel con el Gobierno. Dos de los hijos del Chapo se han incorporado al negocio pero, de momento, no ocupan puestos claves.

Esta multinacional delictiva, surgida de la desmembración del histórico cartel de Guadalajara, que no resistió la presión desatada por el asesinato del agente estadounidense Enrique Camarena en 1985, no ha hecho más que consolidarse el último cuarto de siglo. El miércoles su principal rival y competidor es el cartel Jalisco Nueva Generación, nacido en el 2011. Comandado por Nemesio Oseguera, se ha convertido en una de las organizaciones más poderosas y violentas del país, por encima incluso del Cartel del Golfo y de los sanguinarios Zetas.

Los Guzmán dominan al menos cinco de los 24 estados donde operan: Baja California norte y sur, Durango, Sinaloa y Yucatán. Controlan el 60 % del mercado estadounidense al que abastecen de todo tipo de drogas ilegales. Envían cargamentos a Canadá, Australia, Europa, África y Asia. Tienen capacidad de mover dos toneladas de cocaína y 10.000 de marihuana por mes. También produce, transporta y distribuye metanfetaminas y heroína a través de una red de producción en México y de distribución en todo el mundo, especialmente en EE.UU.

Guzmán Loera se explica como un libro abierto en las redes sociales: «Yo no soy el problema. Aunque me maten, el problema sigue. El día que yo no exista no va a mermar nada el tráfico de drogas. El problema es EE.UU. que pide la mercancía».

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