El empleo del hambre como arma de guerra afecta a 400.000 civiles sirios

La ciudad de Madaya comienza a recibir alimentos para paliar la hambruna


Amán / corresponsales

Comida, mantas y medicamentos comenzaron a llegar ayer a Madaya para paliar la hambruna y la miseria. Ayuda que llega cuatro días después de que las caras famélicas y los cuerpos esqueléticos de sus habitantes obligaran al Gobierno sirio a aliviar el cerco a esa ciudad sitiada desde hace seis meses por sus tropas y las de sus aliados de Hezbolá. Solo un día antes otras cinco personas, entre ellas un niño de 9 años, habían muerto de hambre, elevando a 28 los fallecidos desde diciembre, según los dados ofrecidos por Médicos Sin Fronteras (MSF).

«Madaya es un claro ejemplo de las consecuencias del uso del asedio como estrategia militar», declaró Brice de le Vingne, director de operaciones de MSF. El hambre se ha convertido en un arma de guerra. La ONU calcula que al menos 400.000 sirios viven en quince municipios cercados, ya sea por las fuerzas gubernamentales, ya por grupos armados opositores o el Estado Islámico. Madaya es el ejemplo más extremo de una práctica considerada crimen de guerra.

Unas 181.000 personas permanecen cercada por las fuerzas gubernamentales en Daraya, Zabazani y Ghouta, en la periferia de la capital, y otras 200.000 lo están en Deir az Zur a manos de los yihadistas de negro.

Los camiones con suministros entraron en Madaya, a la vez que lo hacía en Al Fua y Kefraya, dos localidades chiíes de la provincia de Idlib en que sus 20.000 habitantes están sitiados por los rebeldes del Ejército de Conquista, en el que participa el Frente al Nusra. La situación es menos dramática en estas dos localidades porque la aviación del régimen ha lanzado en tanto cargamentos con comida, pero Madaya desfallecía incomunicada desde julio.

El foco mediático

Madaya ha sido el foco mediático que ha forzado a las fuerzas gubernamentales a abrir un corredor humanitario para dar sustento a unos 40.000 civiles que en las últimas semanas sobrevivían comiendo perros, gatos y hierbas.

El acuerdo de ayuda y alto el fuego, bajo mediación de la ONU, ha sido una condición sine qua non para seguir con las negociaciones de paz que, a final de mes, deberían sentar en la misma mesa a Gobierno y rebeldes.

La ONU y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) enviaron desde Damasco un convoy con 40 camiones cargados con 355 toneladas de ayuda (alimentos, agua, leche para bebés, mantas, medicamentos y material quirúrgico). El sustento para 40 días. A Fua y Kefraya llegaron unas 170 toneladas.

El operativo durará varios días y se prevén envíos adicionales. Un único envío de ayuda no será suficiente y es esencial la entrada en Madaya de suministros de forma regular. «No debemos limitarnos a una sola distribución. Debemos tener un acceso constante», reclamó Marianne Gasser, dirigente del CICR.

En otras ciudades continúan los bombardeos, que ayer se cobraron la vida de al menos 14 niños y cinco adultos. La aviación rusa, aliada de Al Asad, fue la autora del disparo de varios proyectiles contra una escuela situada en la provincia de Alepo, donde se denuncian diariamente los embestidas de su fuerza aérea.

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