La derecha evita la primera derrota del Gobierno socialista en Portugal

Los comunistas y el Bloco dejan en la estacada al primer ministro Antonio Costa


lisboa / e. la voz

Ni un mes ha tardado en producirse en Portugal el primer cisma en la alianza que sostiene al Gobierno del socialista, Antonio Costa, y de la que forman parte el Partido Comunista, el Bloco de Esquerda y los Ecologistas. El motivo de la discordia ha sido la rectificación del presupuesto del 2015 que el Ejecutivo ha tenido que realizar en tiempo récord debido a los altísimos costes para las arcas públicas de la inyección de más de 2.000 millones de euros necesarios para salvar el Banco Nacional de Funchal, BANIF, en riesgo de quiebra. La venta de los activos buenos del BANIF al Banco Santander por 150 millones no ha sentado nada bien a los comunistas y los diputados del Bloco, formación muy similar en sus planteamientos ideológicos a la española Podemos. Ambos grupos se mostraron en contra de la operación y hubieran preferido la adquisición del banco en apuros por parte de una entidad financiera pública lusa, como la Caixa Geral de Depósitos.

En consecuencia, Costa consiguió solo aprobar la modificación presupuestaria gracias a la abstención de los conservadores del PSD que encabeza el ex primer ministro Passos. El anterior gobernante justificó su decisión «por tratarse de una cuestión de Estado y fundamental para Portugal». Aclaró, por si acaso, que el haberse abstenido «no significa que vayamos a facilitar la vida al Ejecutivo socialista al que sus socios de izquierda han abandonado a la primera de cambio».

Las Navidades se presentan muy revueltas y llenas de trabajo para Costa y su ministro de Finanzas, Mario Centeno. Bruselas espera con ansiedad los presupuestos para el 2016, cuyo borrador el Gobierno luso se comprometió a enviar antes del 15 de enero. La Troika volverá en unas semanas a Portugal para acompañar el día a día del país, a pesar de que ha superado el rescate hace un año y medio. Además, el imprevisto del BANIF puede hacer derrapar el objetivo de déficit público luso del 3%, prometido por Costa para este año.

Fragilidad

El Bloco de Esquerda y el Partido Comunista no dudaron en apoyar a Costa el 10 de noviembre para tumbar al Ejecutivo minoritario de Passos Coelho que, aunque ganó las elecciones, no encontró en los socialistas el apoyo necesario para tener mayoría en el Parlamento. Costa apostó desde la noche electoral por un Gobierno bajo su dirección con los apoyos de formaciones a su izquierda. Logró un acuerdo parlamentario que le daba la llave para gobernar, aunque ni el Bloco ni los comunistas quisieron integrarse en el Ejecutivo ni darle carta blanca para firmar un acuerdo más amplio que les obligase a apoyar al actual primer ministro en cuestiones decisivas, como los presupuestos.

La sesión de ayer sirvió para mostrar la enorme fragilidad y soledad del líder socialista, maniatado por unos socios que no están dispuestos a facilitarle la gobernación los próximos meses. De hecho, los analistas interpretaron lo ocurrido ayer como un aumento de la presión para obligarlo a tener en cuenta sus exigencias en el futuro.

La oposición conservadora también se escinde en dos durante la votación

No toda la oposición conservadora fue tan generosa con Costa como Passos Coelho. Sus antiguos socios en el Gobierno de coalición, los democristianos del CDS-PP, que están considerados como el partido más a la derecha del arco parlamentario, votaron en contra de la inyección al Banif alegando el pesado impacto que tendrá la operación para los contribuyentes. Esta formación abogó por repartir los costes entre el Estado y el sector financiero a imagen y semejanza de lo que ocurrió en el 2014, cuando fue intervenido el Banco Espírito Santo (BES). El Banif es el más pequeño de los principales bancos lusos y fue vendido el domingo al Banco Santander por 150 millones de euros.

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