Chuo Torrealba: «Esta vez la confrontación fue entre el miedo y la esperanza»

El voto de castigo del 6-D ha tenido un componente afectivo, «es el castigo de la traición», según el secretariado ejecutivo de la MUD


Caracas

Jusús Chuo Torrealba es el secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), la plataforma política que agrupa a la gran mayoría de la oposición venezolana. Desde hace poco más de un año ejerce como director de una coral polifónica política que desde la llegada de Chávez al poder por las urnas ha desafinado bastante y que desde la desaparición del comandante chirriaba tanto que su antecesor, Guillermo Luis Aveledo, se vio forzado a tirar la toalla. La batuta le fue entregada a Chuo Torrealba, un periodista poco convencional  volcado en la dinamización del movimiento ciudadano de los barrios pobres de Caracas. En su primer concierto, el del 6-D, el éxito ha sido clamoroso.

 

-¿El pasado domingo, perdió  el chavismo o ganó la oposición?

-Aquí ocurrieron dos procesos que hay que ver con ojos ajustados a la especificidad del proceso venezolano. Si analizar ambos,  el antecedente más cercano fue la llegada de Chávez a la presidencia en 1998. Aquella no fue una confrontación entre izquierdas y derechas, entre socialismo y capitalismo, entre civilismo y militarismo, aquella fue una confrontación entre el miedo y la rabia y ganaron quienes tenían rabia porque eran más. Ahora, en el año 2015, la confrontación se volvió a dar en términos similares, pero solo similares, no idénticos. Esta vez fue entre el miedo y la esperanza. A pesar de esa campaña de miedo, se produjo una votación inédita en una elección no presidencial. Lo más destacado es la forma como el voto popular se volcó por la oposición. Los barrios populares y no sólo los de Caracas, en todos esos sitios donde se concentraba la pobreza urbana y también la pobreza rural, se volcaron a favor del cambio.


-¿Se puede hablar entonces de un voto de castigo?

-Si, pero no a la usanza occidental. La mirada europea o la norteamericana se refiere a un ciudadano que, informado de la marcha de las políticas públicas,  censura la ineficiencia en la ejecución de esas políticas públicas. Aquí las circunstancias son otras. Por supuesto que este es un muy mal gobierno en el que la ineficiencia y la corrupción son datos muy importantes, pero hay algo  más profundo que todo eso: la dimensión afectiva, la ruptura entre el pueblo venezolano y la nomenclatura oficialista.


-¿Ruptura con el chavismo o con él madurismo?

 -En 1998 al  pueblo venezolano no se le ofreció un buen gobierno, se le ofreció nada menos que la redención. Se le ofreció la justicia social,  el castigo a la corrupción, se le ofrecieron un conjunto de cosas con las cuales se creó una relación afectiva entre un denso sector de la población y el liderazgo que encarnaba esa propuesta. Ese liderazgo falleció y sus herederos en el poder no solamente no cumplieron las premisas básicas de la oferta, sino que se convirtieron en la encarnación de todo lo contrario y se  enriquecieron  obscenamente. Como diría el señor Pablo Iglesias, constituyeron una casta política, descompuesta y corrupta que estaba a años luz de lo que era la oferta de redención social. Yo no sé como será en los países nórdicos cuando los amores se acaban. En el Caribe, cuando se fractura el afecto la reacción es fuerte. El voto castigo en Venezuela tiene un componente afectivo importante. Es el castigo, no sólo de la ineficiencia, sino el castigo a la traición.


-Pero, ¿no decía Chávez que ser rico era  malo?

-Ese es otro elemento no menos importante. Quizás esa fue la consigna más desafortunada de estos años de oficialismo. Esa y que la pobreza era una especie de virtud teologal. Eso no prendió en ningún extracto de la población. El objetivo del pobre es convertirse en clase media, conseguir  que los hijos vivan mejor que ellos. El pueblo venezolano,  de repente,  se encontró con que justamente los 17 años en los que se le habló de empoderamiento del pueblo, de revolución, fueron de estancamiento absoluto de la movilidad social. El pobre siguió siendo pobre y se tornó miserable,  la clase media perdió su capacidad de adquirir bienes culturales y hasta bienes de consumo y se transformó literalmente en pobre. El  pobre venezolano lo es, no solamente porque tenga más o menos monedas en el bolsillo, tiene muchas más posibilidades que un pobre en Bolivia, por ejemplo, de terminar asesinado porque el problema de la violencia es brutal.


-¿Qué buscaban los que votaron a la oposición?

-Para el venezolano es muy difícil entender que lo que está ocurriendo en el país sea normal. Sabe que en los últimos 12 años se produjeron los más altos precios del petróleo, sabe que aquí entraron un millón de millones de dólares y que el país no tiene ni alimentos en los supermercados, ni medicinas en las farmacias. Frente a eso, la esperanza de un cambio en positivo fue lo que se expresó en ese voto. Yo diría que aquí perdió un proyecto que pretendió controlar a los venezolanos por hambre y por miedo y ganó una oferta que convocó a la unidad de los venezolanos. 


-¿Será capaz la oposición  de mantenerse unida?

-No sólo va a a ser capaz de unirse, sino que está comprometida a lograr una mayor y mejor unidad porque no es lo mismo unirse para resistir que para gobernar. No es lo mismo unirse para oponerse que para legislar. Aunque este triunfo fue clamoroso, espectacular por sus dimensiones y es muy celebrado porque es la primera alegría sólida en 17 años, tenemos plena conciencia de que es apenas el primero de otros varios  que son necesarios. El poder legislativo es muy importante porque designa otros poderes y porque puede hacer control de gestión del ejecutivo, pero es solo un poder. Aquí la lucha por el poder sigue. Hemos alcanzado una muy importante meta volante, pero no hemos llegado aún al final de la carrera. Para demostrar que somos dignos de llegar al final tenemos que hacerlo muy bien.


-Al menos desde fuera, se ven excesivos personalísimos en la oposición.

-Sí. Creo que esa es una de las grandes enseñanzas del 6-D. Ese día la unidad democrática logró un triunfo absolutamente sólido. Pero es un triunfo del conjunto, del equipo, de una política consensuada y de una dirección política colectiva, no el del líder mesiánico, entre otras cosas porque nuestra propuesta  no se corresponde con la inercia de los mesianismos. Durante mucho tiempo desde fuera se nos decía: ellos tiene a Chávez, ¿a quién tienen ustedes?. Ese no es nuestro planteamiento. Aquí asumimos que la democracia es un régimen de instituciones y que las instituciones tienen liderazgos colectivos. Esto no se entendía muy bien porque noticiosamente no es sexy. Creo que el seis de diciembre evidencia la eficiencia de ese planteamiento. Tenemos una política consensuada, tenemos una visión compartida de la crisis y tenemos una dirección colectiva y así hicimos posible lo que parecía imposible. La gran enseñanza del 6 de diciembre es que ningún liderazgo es mas importante que un pueblo unido.


-Hay líderes dentro de la oposición con un  temperamento que recuerda mucho al de Chávez.

-De temperamentos....qué le puedo decir, la oposición venezolana se parece mucho al país. Nuestro país es diverso, tiene matices, particularidades. Uno de los grandes problemas del chavismo que lo llevó a su desastre final fue que intentaba uniformar a los venezolanos: un solo líder, un solo color. Nosotros no somos así. En la oposición  hay diversidad de matices, pero hemos aprendido a lo largo de 17 años de lucha a construir visiones compartidas y a funcionar a partir de visiones colectivas. Eso después del 6-D ya no son deseos, ahí están los resultados. 


-¿Entonces la oposición cambió?

-?í, el resultado también es fruto de la madurez política. Yo creo que se han dado esas dos circunstancias, por un lado la demanda de la gente y por otro la madurez de nuestras opciones  políticas. En  mayo de 2015 hicimos elecciones primarias y de ellas surgió un nuevo mapa de la oposición venezolana en el que se ve que hay unas organizaciones más influyentes que otras. Se vio la importancia de organizaciones como Primero Justicia, Voluntad Popular, Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo, etcétera. Esto, no quiere decir que estos partidos excluyan a los demás, sino de que tienen la responsabilidad de armar juego, de incorporar a los demás. Es una situación completamente distinta a la de hace unos años cuando la oposición era una miríada de grupos diversos. No es lo mismo una multitud cantando que una coral.


-Pero siguen siendo las mismas caras de hace una década.

-El nuestro es un liderazgo de cuarentones y detrás de ese liderazgo me complace ver como en nuestra oferta legislativa hay una gran cantidad de jóvenes de 25-30 años. Es muy fácil hablar de relevos políticos en países en los que la actividad política está inscrita en una cierta normalidad, donde lo más que te puede ocurrir como político es tener éxito o fracasar. En Venezuela el precio de hacer política puede ser el de ser judicializado, ser preso, terminar exiliado o muerto. Que en estas condiciones estos liderazgos se hayan mantenido y haya emergido otros nuevos, me parece absolutamente destacable.


-Como candidato a la presidencia tienen un Capriles con un perfil y un currículo que, encargado a medida,  no podía salir mejor. ¿Llegará vivo políticamente a su tercer intento?

-Nosotros en agosto de este año, cuando definimos el uso de la tarjeta única como herramienta electoral,  tomamos la decisión de que todos nuestros candidatos a los distintos cargos sean electos en primarias. Eso nos quita el problema de las negociaciones trabajosas y complejas. Tenemos varios líderes importantes que pudieran aspirar a ser nuestro porta estandarte electoral en una confrontación presidencial, pero es importante subrayar que ese puente lo cruzaremos cuando lleguemos a ese río. Estamos en plena crisis política y el umbral de una crisis económica demasiado fuerte, si nosotros no nos centramos en afrontar la solución a estos problemas, si no lo hacemos desde la calle y desde las instituciones que vayamos conquistando, entonces cualquier otra disquisición sobre futuros procesos pudiera ser un acto fantasioso. 


-¿Tienen clara la estrategia  a seguir frente a la contraofensiva del madurismo?

-Absolutamente clara. La estrategia  del diosdado --madurismo es intentar motorizar la confrontación política, llevarnos al ring de la politiquería, de encerrarnos en una dinámica por el control de despachos e intercambio de insultos. Es una estrategia fallida que los llevó al fracaso. Que insistan en ella demuestra que no han sido incapaces de leer lo que está ocurriendo en este país. Nosotros no tenemos tiempo para eso, estamos ocupados en redactar las leyes que eviten que el aparato productivo se siga deteriorando, porque si no hay producción, hay escasez, si hay escasez hay carestía y si hay carestía hay hambre y ese es nuestro problema.


-¿Piensa que el oficialismo se va a atrincherar en el Tribunal Supremo?

-Si estuviésemos en una democracia normal cabría hablar de un conflicto entre instituciones, de choque de poderes, pero ese no es el caso venezolano. Si  el Gobierno intenta atrincherarse en el Tribunal Supremo y en algún otro organismo contra la Asamblea Nacional, en realidad no lo estará haciendo contra los 112 diputados de la Unidad Democrática en la Asamblea, lo estará haciendo contra la voluntad de cambio del pueblo. Eso sería el poder de la burocracia intentando obstaculizar el avance del poder del pueblo. Esa burocracia en crisis, sin liderazgo, sin votos, sin apoyo internacional y sin respuestas frente al drama económico-social, no creo que tenga los elementos para ganarle a un pueblo que demanda cambios.


-¿La  convocatoria de un referendo  revocatorio seria la respuesta si se cierran en banda?

-El orden de los factores si altera el producto. Si nosotros llegamos al cinco de enero planteando ya el revocatorio, no estaríamos leyendo adecuadamente el 6-D. Esa fecha es un reclamo casi unánime del país por el cambio de políticas que lleven a una mejoría sostenible de la calidad de vida del venezolano. El 6-D no es una patente de corso para ejecutar vendettas políticas, es un reclamo de cambio en positivo. Nosotros vamos a llegar a la Asamblea con una agenda legislativa discutida y consensuada. Nuestra primera iniciativa va a ser la ley de amnistía y reconciliación, que es básica y una vez zanjado ese punto, iremos con el tema económico y social hasta sus últimas consecuencias. Si ese proceso de construcción de soluciones es obstaculizado por el Gobierno, entonces sí tendremos que usar las herramientas que la Carta Magna prevé al efecto.


-¿Cuáles serían?

-El revocatorio, la enmienda o la reforma de la Constitución para recortar el mandato, o la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente. ¿Cuál usaríamos?, la que aconseje la situación, la que genere más participación, más legitimidad y más estabilidad. Insisto, el orden de los factores si altera el producto. Si planteamos eso ya el cinco de enero, sectores del electorado que nos dio la victoria el 6-D, quizás no acompañen eso. Dirán, con razón, que no quieren más diatriba política ociosa, que lo que quieren son soluciones.


-¿Qué futuro le ve en la política venezolana al Maduro que conocemos?

-En política no hay difuntos, las realidades son cambiantes. Yo no sé si Maduro como persona, pero el oficialismo pudiera perfectamente reinventarse. Tienen por delante el reto de digerir esta derrota, generar un nuevo tejido dirigente que sea capaz de construir legitimidad afectiva hacia su propia base y de aprender a relacionarse con el país, no desde la agresión y la amenaza, como hasta ahora, sino desde la propuesta y el trabajo. Si lo logran, pueden volver a ser una opción de poder. Eso sería beneficioso para la democracia venezolana, que haya competencia. 


 -Los críticos de Chuo Torrealba dicen que fue comunista en su juventud. Con esos ?antecedentes?, ¿cómo acabó trabajado para la derecha en un puesto tan sensible como el que ocupa?

- Quizás el arquitecto fundamental de la democracia venezolana, un señor llamado Rómulo Betancourt, en su juventud no solo fue militante, sino dirigente comunista, fundador del Partido Comunista de Costa Rica, cuando estaba exiliado en ese país. Ese no es el problema, nací en un hogar de luchadores sociales, soy hijo de un dirigente obrero en el sector metalúrgico y de una dirigente obrera en el sector textil, ambos vinculados al Partido Comunista. Yo me alejé de toda militancia política hace muchísimo tiempo, en 1984 y me dedico al activismo ciudadano. Los últimos 15 años he estado abocado básicamente al trabajo en las comunidades más precarizadas, en lo que aquí llamamos barrios, en Brasil favelas, en Argentina villas miserias y en Chile calla vas. Creo que ver la realidad venezolana como un tema de izquierdas y derechas es caricaturizar esto. Hablando de futuro pienso que sería una terrible necedad. Nosotros tenemos el reto de conseguir calidad de vida en un lapso de tiempo mucho menor del que necesitó la transición en España, pero eso pasa por ubicar y construir soluciones. Uno de los grandes peligros de la polarización es que estupidiza. Sé que es muy fácil ponerse una etiqueta de izquierdista en la frente, ahorra el tener que pensar y nosotros los venezolanos tenemos que pensar.


-¿Qué suerte le augura al partido de Monedero y Pablo Iglesias el 20-D en España?

- No soy quién para opinar sobre la política interna española, lo que sí he levantado la voz para denunciar que ellos si vinieron acá para intervenir en la política interna venezolana.No eran asesores, eran activistas, activistas  mercenarios, bajo sueldo. Vinieron a colaborar en el diseño de las recetas que destruyeron la economía de mi país y que destruyeron la convivencia política. Vinieron a instalarse en un hotel de cinco estrellas y desde allí proclamar las virtudes de este régimen autoritario y corrupto que hoy está haciendo aguas. Yo no deseo intervenir en la política interna española, lo que deseo es que España no pase nunca por lo que pasamos los venezolanos.


Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

Chuo Torrealba: «Esta vez la confrontación fue entre el miedo y la esperanza»