Sectores del chavismo señalan a Maduro y dudan de que sepa remontar su declive

48 horas después de las elecciones, el presidente todavía no se dirigió a la oposición


Caracas / corresponsal

¿Están leyendo correctamente el presidente venezolano Nicolás Maduro y su círculo más cercano la dura derrota sufrida en las elecciones en las que la oposición obtuvo la mayoría absoluta de la Asamblea Nacional? La respuesta empieza a ser que no y no proviene solo de la oposición: amplios sectores del chavismo comienzan a preguntarse, a través de páginas web y redes sociales, si la dirección oficialista entendió el mensaje de cambio que le envió el electorado, y, en consecuencia con ello, si podrá manejar el país a través de los turbulentos tiempos que se avecinan. Hasta ahora, los disidentes no tienen poder dentro del movimiento que fundó Hugo Chávez en 1997, pero pueden ganarlo en la medida en que la crisis arrecie.

Minutos después del anuncio de los resultados, el domingo a medianoche, un Maduro acompañado de los más altos responsables de la campaña electoral afirmó que «había sido derrotado por la guerra económica», un concepto rechazado por el 80% de los venezolanos según las encuestas. Afirmó que «no nos venció una oposición sino que lo hizo una contrarrevolución». El discurso fue reforzado el lunes en la noche, en una cadena nacional de radio y televisión, en la que el mandatario afirmó que la derrota era consecuencia de que «la burguesía había confundido al pueblo».

Igual discurso, mantenido por otras figuras del chavismo, señala que el votante chavista continúa siéndolo, pero que había sido «engañado» por la oposición; y que, en resumidas cuentas, la derrota por casi 2,3 millones de votos o 16 puntos, no era grave, sino producto de una manipulación mediática [en un país en el que, hasta el día de la elección, los medios jugaron abrumadoramente a favor del chavismo].

Sin embargo, líderes de opinión chavistas como Miguel Pérez Pirela, que tiene uno de los programas más populares de la televisión estatal, se mostró muy crítico con esta interpretación. Indicó que lo ocurrido fue «una derrota aplastante para el chavismo» y pidió a la dirección del PSUV «tener cuidado de echarle la culpa al pueblo». Agregó que «no debe haber una rectificación de consignas, sino de actuación». La declaración generó una inmensa reacción en las redes sociales, así como en portales como Aporrea.org, perteneciente al llamado chavismo crítico, que fue expulsado del PSUV y relegado en un partido llamado Marea Socialista, que aún no tiene rango legal.

En ese portal, Rafael Rodríguez Olmos, un conocido periodista chavista, exigía «que renuncien todos, incluyendo Cabello y Maduro». Aunque el presidente convocó para hoy a «una gran jornada de debate» para «fortalecer la revolución», posiblemente con la intención de blindarse de las críticas que asoman, analistas como Miguel Salazar, muy cercanos al chavismo, ya hablan de un «terremoto político». No parece, sin embargo, que el presidente haya comprendido la magnitud del movimiento telúrico. 48 horas después de que temblara la tierra bajo sus pies, no ha llamado todavía a la oposición para abrir los cauces de un diálogo, como había prometido que haría antes de las elecciones, sino que se refirió a sus miembros como «burgueses parásitos»

La importancia de los votos de la montaña

El retraso en la emisión del tercer boletín del Consejo Nacional Electoral (CNE) creó angustia entre las filas de la oposición todo un día, en el que el país estuvo pendiente de cuatro actas extraviadas en las montañas de Aragua, a 150 kilómetros al sureste de la capital, Caracas. Finalmente, aunque al cierre de esta edición el tercer boletín oficial aún no se había emitido, las actas aparecieron y la Junta Electoral Regional de Aragua [el CNE opera en la práctica como un organismo desconcentrado] adjudicó el triunfo del circuito 3 de esa entidad a Karin Salanova, de la Mesa de la Unidad Democrática. De ese modo la coalición opositora obtenía finalmente el ansiado diputado 112 que le permite disponer de poder absoluto en la Asamblea Nacional que abrirá sus puertas el 5 de enero.

Salanova ganó por 83 votos (0,06% de ventaja) en el circuito en el que competía contra Rosa León. Sin embargo, en Guárico la oposición perdió la oportunidad de lograr su diputado 113 por apenas 10 votos en el circuito 3. Una diferencia igual de estrecha se produjo en dos circuitos que hubieran llevado a 115 el número total de diputados. La oposición ganó, en cambio, los tres diputados indígenas que se eligen al Parlamento y que tradicionalmente habían sido fijos para el chavismo. Al cierre de esta edición, la web del organismo electoral permanecía congelada en el boletín entregado el lunes a mediodía, en la que se le otorgaban a la coalición opositora 107 diputados, más tres opositores, lo que llevaba la cuenta a dos escaños menos que los necesarios para obtener la mayoría absoluta que permite, incluso, convocar una Asamblea Nacional Constituyente.

En un país en el que dos de cada tres personas desconfiaban del CNE antes de los comicios, la tardanza ha despertado críticas y sospechas, así como acusaciones de fraude para impedir que la oposición controle totalmente el Legislativo. Sin embargo, desde el lunes en la tarde, cuando Enrique Márquez, portavoz de la coalición opositora, anunció que esta tenía los dos tercios del Parlamento, todos los medios nacionales, incluso los abiertamente oficialistas lo dieron como un hecho. Venevisión, uno de los canales más vistos del país, lo presentó como información del CNE, y lo convirtió, prácticamente, en información oficial.

El diputado 111 se obtuvo en Delta Amacuro, uno de los cuatro estados (sobre 24 del país) donde el chavismo fue mayoría electoral, y sobre él no había dudas, pues aunque faltaban actas por confirmar, la diferencia era muy superior a la cantidad de votos que faltaban por sumar, señaló Jesús Torrealba, secretario de la MUD.

«La página del CNE no está actualizada. Cuando el CNE anunció sus primeros resultados, con 99 diputados para la oposición, nosotros ya sabíamos que éramos más de 99. Es una lástima que no sepan leer los resultados y no entiendan que este es un pueblo que decidió cambiar», fustigó Delsa Solórzano, diputada electa, en el momento en el que los rumores eran más intensos. «No se preocupen, somos 112», dijo en televisión. El #Somos112 se convirtió instantáneamente en la primera tendencia en Twitter.

¿Se está preparando la creación de un búnker en el Tribunal Supremo?

La oposición no ignora el debate que empieza a abrirse dentro del chavismo. Julio Borges, uno de los dos potenciales presidentes de la Asamblea Nacional, señaló que «Maduro sabe que perdió, pero desconoce la razón». A su juicio, «tomó el peor camino para Venezuela y el electorado se lo cobró en las elecciones». En la misma línea, el economista Orlando Ochoa suscribe lo que ya empieza a verse como una tesis de la oposición. Plantea que Maduro «ha demostrado que no está a la altura del país» tras los comicios, por lo que podría ser sometido a un proceso revocatorio. En la misma línea se ha manifestado el otro potencial próximo presidente de la Asamblea, Henry Ramos. A pesar de la derrota, y en pleno período entre parlamentos, el Gobierno convocó la sustitución de doce de los 30 magistrados del Supremo. La oposición tema que quiera dejar al nuevo Parlamento amarrado a las decisiones de un máximo tribunal que tiene poderes, incluso, supraconstitucionales.

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