Las claves de los secretos de Bocaranda

El periodista de referencia en Venezuela, famoso a nivel internacional con sus primicias informativas sobre la enfermedad de Chávez, presentó esta semana sus jugosas memorias


Caracas

Nelson Bocaranda Sardi, el periodista de referencia en Venezuela que se hizo famoso a nivel internacional con sus primicias informativas sobre la enfermedad del difunto comandante Chávez, presentó esta semana sus jugosas memorias de más de medio siglo de vida profesional, en las que relata detalles inéditos sobre la gestión de la información acerca del cáncer y la muerte del líder carismático de la autodenominada revolución bolivariana que marcó la historia de este país en lo que va de siglo. 

El bautizo de El poder de los secretos, que congregó en la tarde del lunes a las fuerzas vivas de la ciudad de Caracas, contó con la colaboración estelar del humorista Laureano Márquez, amigo personal del protagonista del evento, al que definió como un personaje que representa para  Venezuela «la pasión por el periodismo, la pasión por la verdad, el compromiso por la Venezuela  de libertad, de comunicación y de respeto».

«Hasta el limite de lo confesable»

El libro, escrito con la colaboración con el también periodista Diego Arroyo, relata «hasta el límite de lo confesable», precisa el propio Bocaranda, cómo se enteró, seis días antes de que el propio Chávez lo confesara al país, de que el presidente padecía un cáncer y que se había sometido a una intervención quirúrgica en Cuba. ¿Cómo se enteró? A través de una llamada recibida el 24 de junio del 2011, cuando estaba en la playa con su esposa. «La fuente era buena. Estaba en La Habana. Me llamó y estuvimos hablando hasta las cinco de la mañana, cinco horas y media por teléfono», relata. 

Sobre la información a cerca de la evolución de la enfermedad de Chávez, Bocaranda cuenta que «me pasaban el informe médico que pasaban también a los médicos del hospital de São Paulo y a hospitales en EEUU. Una vez me lo dio uno, una vez me lo dio otro?». Confiesa que durante todo ese tiempo su mayor temor era la amenaza constante de quitarle sus equipos de trabajo: el teléfono, el ordenador. 

Agradecimiento de Chávez 

Relata que la exigencia que se se hizo a sí mismo fue la de tratar el tema mucho respeto, evitando decir nada que perjudicara al enfermo. «El drama de un cáncer -explica tras aclarar que él lo vivió muy de cerca en la persona de su esposa-, era demasiado delicado. Creo que lo hice bien, en el sentido que el propio presidente Chávez me lo agradeció, a través de Fidel Castro, que le dijo que por qué no hablaba conmigo. Quedamos en vernos en Cuba, no se pudo, pero me mandó  las gracias».

Al repasar las decisiones que se tomaron aquellos días sobre los ofrecimientos que tuvo Chávez de otros países para practicarle tratamientos y que rechazó, Bocaranda afirma sin titubeos que «la dependencia de los cubanos lo doblegó».

La urna, llena de piedras 

Sobre las especulaciones de si Chávez murió en Cuba o en Caracas, Bocaranda afirma categóricamente que  murió en Caracas. En cuanto a los manejos de los que fue objeto el cadáver de Chávez,  el periodista venezolano afirma que «la urna que salió del hospital militar y llevó la gente en hombros iba llena de piedras. Sus restos estaban siendo preparados, no consiguieron al experto ruso encargado de hacerlo y se les echó a perder el cadáver. Entonces todas las noches tenían que prepararlo desde las dos hasta las seis de la madrugada y lo volvían a poner en la escuela militar». 

Desde el punto de vista periodístico, Bocaranda sólo informó del tema estrella de su dilatada carrera profesional a través de su columna en un diario caraqueño, actualmente controlado por el chavismo, en su portal digital y en la radio. Nunca accedió a las entrevistas que le pedían de todas partes. ¿Por qué? «Porque no quise usufructuar o sacarle rendimiento económico a eso. Creo que eso me dio el respeto de mucha gente, sobre todo del ala militar del Gobierno», explica. 

A la pregunta de si alguna vez revelará la fuente de sus exclusivas, responde que «si la fuente muere; si no, no». Aclara que sólo se las reveló a dos amigos íntimos. «Se lo dije por motivos de  seguridad, por si me pasaba algo», aclara ya en las primeras páginas del libro. 

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