Asalto bélico en Saint-Denis para cazar al cerebro de los atentados

El comando yihadista estaba listo para lanzar un ataque al centro financiero de París

Asedio en Saint-Denis Asedio en Saint-Denis
Colpisa
París

La policía francesa detuvo ayer a seis presuntos yihadistas y dos cómplices tras siete horas de asalto a un piso franco de Saint-Denis, a las puertas de París, en el que murieron una mujer kamikaze y otro terrorista, en una operación en la que se esperaba detener a Abdelhamid Abaud, presunto cerebro de los sangrientos atentados perpetrados el viernes. Ni este destacado dirigente yihadista ni Salam Abdeslam, el hombre más buscado de Europa, figuran entre los arrestados según afirmó el fiscal jefe de París, François Molins. Sin embargo, fuentes de inteligencia europeas aseguraron al diario estadounidense The Washington Post y al belga De Standaard que Abaud habría muerto en el asalto.

El fiscal valoró que el comando neutralizado estaba en condiciones de pasar a la acción en cualquier momento. Informaciones sin confirmación oficial apuntan a que el objetivo podía haber sido ayer mismo el barrio financiero de La Défensa, colindante con la capital francesa. El responsable judicial de la investigación no dio el balance definitivo de fallecidos ni sus identidades y se limitó a apuntar que los muertos en el episodio de guerra urbana eran al menos dos.

El soplo

La intervención de las fuerzas de asalto del RAID (los GEO franceses) comenzó a las 4.20 horas en el casco antiguo de Saint-Denis, a kilómetro y medio del Stade de France en cuyas inmediaciones el viernes tres terroristas suicidas habían activado sus chalecos explosivos. Los agentes de élite se apostaron en torno a la tercera planta de una dirección a la que les había conducido las comprobaciones telefónicas y bancarias de una información confidencial recibida a última hora del lunes. El soplo aseguraba que Abdelhamid Abaud se encontraba en Francia y no en el territorio controlado en Siria por el Estado Islámico como se creía.

La progresión de la columna de intervención resultó entorpecida por la resistencia ofrecida por la puerta blindada del piso, lo que facilitó la respuesta armada de sus ocupantes que recibieron a los policías con ráfagas intensas de fusiles de asalto tipo Kalashnikov. Los agentes mandaron por delante a una perra adiestrada Diesel, que resultó alcanzada por los disparos.

Activación de explosivos

Al cabo de media hora de tiroteo y estallidos de granadas, los agentes detuvieron a tres hombres, uno de ellos herido de bala en un brazo. Posteriormente, se produjo un fuerte estampido que se atribuye a la activación del cinturón de explosivos que portaba una mujer que resultó muerta en el acto. La primera kamikaze de la que se tiene noticia en Europa occidental se llamaba Hasna Aitboulahcen y había nacido hace 26 años en el municipio de Clichy la Garenne, en los suburbios de París, según informaciones periodísticas. Antes de abrir fuego y de inmolarse realizó una llamada telefónica supuestamente para avisar a algún cómplice de la intervención policial. No se descarta que el destinatario fuera Abaud ya que era prima suya.

En el interior del apartamento, semiderruido por las explosiones, se descubrió el cadáver acribillado a tiros de otro hombre, no identificado oficialmente. Entre los escombros fueron localizados otros dos, uno de ellos herido que como el anterior fue trasladado a un hospital de las afueras de París para ser operado bajo custodia policial. Otro individuo herido leve fue detenido en la calle.

El asalto, que no terminó hasta bien entrada la mañana, fue de una violencia inusitada y propia de un episodio bélico. Para hacerse una idea del fragor de los combates el fiscal Molins reveló que por parte policial se gastaron 5.000 municiones. Cinco policías de los 110 movilizados en la intervención resultaron heridos leves de bala en los intensos tiroteos.

«En marcha, comenzamos», mensaje de inicio de la masacre

La operación de ayer se produjo en el número 8 de la calle Corbillon, en pleno centro urbano de Saint-Denis, muy cerca del Ayuntamiento y de la basílica que alberga la necrópolis de los reyes de Francia. Se trata de un pequeño inmueble degradado, frecuentado por okupas y camellos en una zona de trapicheos y todo tipo de tráficos en la que los recortes presupuestarios retardan su rehabilitación.

Los investigadores llegaron hasta el piso franco tras una intensa labor de análisis telefónicos, comprobaciones de cámaras callejeras de vigilancia y registros de las balizas de los coches de alquiler abandonados por los ejecutores de los atentados. Uno de los elementos fue un móvil descubierto en una papelera cercana a la sala de conciertos Bataclan probablemente arrojado allí por un activista instante antes de emprender el baño de sangre. En su memoria había un plano detallado del local y un mensaje enviado a las 21.42 horas del viernes 13 que ponía: «En marcha, comenzamos».

«Solo hice un favor»

El último ocupante del piso reventado era un tal Jawad Bendaud, de 27 años. «Un amigo me pidió que alojara a dos de sus colegas durante unos días y que venían de Bélgica. Dije que no había colchones pero me dijeron que no era grave, solo querían agua y rezar», explicó a los periodistas antes de que la policía se lo llevara esposado junto a su novia. «Me pidieron un favor e hice un favor, no estaba al corriente de que fueran terroristas», añadió. Luego trascendió que Bendadaud cumplió una condena de ocho años por apuñalar a su mejor amigo en una discusión a cuenta de un teléfono móvil desaparecido.

Un vecino reveló que se había cruzado en la escalera con los nuevos inquilinos, dos hombres y una mujer. Nunca había visto antes a los varones. Pero a la kamikaze la conocía de vista en el barrio.

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