Precio justo para el oro negro y los derechos humanos


Caracas

Nicolás Maduro lleva toda su vida adulta como hombre en movimiento. Primero como conductor del Metrobús en Caracas, luego bolicomo ministro de Asuntos Exteriores del difunto presidente y ahora como inquilino del palacio presidencial de Miraflores. Esta semana se embarco en tercer viaje de Estado  de este año a Arabia Saudita. Esta vez para participar la IV Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de los Países Árabes y América del Sur (ASPA). 

En el viaje de ida el avión de la  comitiva presidencial efectó una paradita para repostar en París que Maduro aprovechó para mantener un breve encuentro con el gallego Ignacio Ramonet, el biógrafo -más bien hagiógrafo- de cabecera de Chávez y Fidel y un referente de la máxima confianza de la revolución bolivariana, visitante habitual del palacio de Miraflores, antes incluso de que apareciesen por aquí Monedero y Pablo Iglesias.

El motivo de la cumbre del ASPA, como no podía ser otro, era alcanzar los acuerdos necesarios para lograr unos "precios justos" para el petróleo que sigue sin levantar cabeza.

En el viaje de vuelta la parada  era en Ginebra.  El jueves compareció ante el Consejo de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas con la intención de explicar la verdad sobre el estado de los derechos humanos en Venezuela. Pero antes le colaron la interveción del Zeid Ra?ad al Hussein, alto  comisionado de Derechos Humanos de la ONU quien denunció la presión a la que son sometidos los jueces y fiscales venezolanos, «El Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria y el Comité de Derechos Humanos, así como mi propia Oficina, han expresado serias preocupaciones sobre la independencia del poder judicial en Venezuela, la imparcialidad de los jueces y fiscales y las presiones que enfrentan cuando se trata de casos políticamente sensibles», indicó Zeid. «Los casos de la jueza María Lourdes Afiuni y Leopoldo López son ilustraciones evidentes de estos problemas», agregó el alto comisionado en un discurso pronunciado por teleconferencia desde Nueva York.

Maduro hizo un refrito de sus discurss habituales y aludió a los acosos de los EE. UU. entre los que citó el golpe de Estado de 2002 que más bien acabó en autogolpe. No se olvidó de la mainida guerra económica ni de los bajos precios del petróleo, lo cual, según su discurso, no  impide que Venezuela reduzca la pobreza y la miseria. "No es verdad que está aumentando, porque hay un conjunto de planes sociales que protegen al pueblo, en la construcción de la salud, de viviendas públicas, de educación».

Todo lo que tuvo a bien decir hasta el momento sobre la defención de los narcosobrinos lo escribió en Twiter: «La Patria seguirá su Camino, ni ataques, ni emboscadas imperiales, podrán con el Pueblo de los Libertadores, tenemos un solo destino.Vencer».

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