La dimisión en bloque de concejales fuerza la caída del alcalde de Roma

El polémico Ignazio Marino se ve obligado a abandonar el cargo después de intentar resistir a las presiones derivadas de una serie de escándalos que le han salpicado en los últimos tiempos


La dimisión en bloque de concejales del Ayuntamiento de Roma obligó este viernes a abandonar el cargo a su polémico alcalde, Ignazio Marino, quien se dijo «apuñalado» por su partido y por «un único patrón», en una velada alusión al primer ministro de Italia, Matteo Renzi.

Los encargados de dar la estocada a la administración de Marino fueron veintiséis concejales, de los cuales diecinueve pertenecen a su misma formación, el Partido Demócrata (PD, en el Gobierno). «He sido apuñalado por veintiséis nombres y apellidos pero por un único patrón», lamentó el hasta ahora regidor, que mantiene una notoria enemistad con el líder del PD y primer ministro Renzi.

Marino, que lleva meses en el ojo del huracán político italiano, ha protagonizado en las últimas semanas un nuevo escándalo al haber presentado primero y retirado después su renuncia por un presunto caso de malversación por el uso indebido de tarjetas de crédito del consistorio romano. Sobre sus contacto con el primer ministro aseguró que en el último año no ha tenido «una relación turbulenta con Renzi» porque, sencillamente, «no hemos tenido ninguna relación».

La respuesta de Renzi no se hizo esperar y, en una entrevista ofrecida al periodista Bruno Vespa, aseguró que «Marino no es la víctima de una conjura, sino un alcalde que ha perdido el contacto con su ciudad, con su gente». «Al PD le interesa Roma, no las ambiciones de un una persona, aunque sea alcalde», zanjó, según recogen los medios.

Para disolver el ayuntamiento era preciso la dimisión de la mayoría más uno de los miembros de la asamblea capitolina, algo que se produjo esta tarde con la salida de los concejales firmada ante notario fuera del Consistorio, algo que Marino criticó duramente. «Esperaba poder cerrar esta crisis reunido en la Cámara pero por el contrario se ha preferido ir a un notario, síntoma de una política que se decide fuera de las sedes democráticas y que reduce a los electores en personas que ratifican decisiones tomadas en otros lugares, es decir, que niega la democracia», denunció.

En este sentido Marino, de 60 años y cirujano de profesión, se dijo «decepcionado» con el comportamiento de su partido que, en su opinión, «ha renunciado a la democracia». La operación que marcó su declive se ha producido en un tiempo inusualmente breve en la política italiana y ahora se espera que el delegado del Gobierno en la capital, Franco Gabrielli, nombre un comisario hasta que se celebren elecciones.

Marino ha protagonizado un tira y afloja con el fin de resistir a las presiones derivadas de una serie de escándalos que le han salpicado en los últimos tiempos y que le llevaron a presentar su dimisión el pasado 12 de octubre. Lo hizo subrayando el margen legal de veinte días que le permitían repensar su decisión, algo que el jueves cumplió retirando su dimisión y llamando a «una discusión abierta y transparente» para dar continuidad a su mandato, que se ha zanjado definitivamente este viernes.

La situación incierta que ha adquirido la política romana en los últimos tiempos fue criticada por la Santa Sede, que en un editorial de su periódico «L'Osservatore romano» denunciaba la forma de «farsa» que estaba adquiriendo la vida pública en la capital.

El ocaso de Marino comenzó el pasado diciembre, cuando se descubrió una red corrupta y mafiosa en el seno del ayuntamiento, al parecer establecida durante los años de los conservadores en el poder y ajena a su persona, aunque se le critica de pasivo. Desde ese momento la tensión ha ido incrementando y el punto álgido llegó este verano, con una sucesión de crisis registradas en la capital, como un evidente empeoramiento de los servicios básicos, mientras su alcalde se encontraba fuera de la misma.

Quizá el caso que más le ha perjudicado ha sido el presunto uso de la tarjeta de crédito del ayuntamiento para costear cenas de carácter privado, un hecho que está siendo investigado actualmente por la Fiscalía. También ha precipitado su dimisión su presencia en el Encuentro de las Familias en Filadelfia (Estados Unidos), un acto presidido por el papa Francisco, quien más tarde negó haberle invitado.

Ahora cabe preguntarse cómo afrontará Roma sus retos más próximos, como el poco desdeñable Año Santo Extraordinario de la Misericordia, que comenzará el próximo 8 de diciembre y que, durante el año que durará, atraerá previsiblemente a 30 millones de peregrinos. 

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