Frío, lodo y fronteras cerradas no desaniman a los que llegan

Eslovenia despliega soldados y tanques en su frontera, mientras Croacia también amenaza con levantar un muro


La imagen empieza a repetirse todos los días. Cientos, a veces miles de refugiados aguardan ante las fronteras cerradas. Llueve torrencialmente y todo se llena de barro cuando llega una caravana: hombres, mujeres con niños, familias enteras y en ocasiones menores abandonados a su suerte. Se ponen capas de nailon para protegerse de la lluvia, pero muchas veces asoman por debajo los dedos de los pies, protegidos cuando hay suerte con precarias sandalias y, si no, descalzos. Los refugiados están agotados, empapados y helados hasta los huesos. Algunos buscan refugio bajo los árboles, siempre insuficiente, mientras otros se agrupan en torno a pequeñas hogueras para calentarse.

Si se abre temporalmente la frontera y se permite la entrada a algunos cientos, comienza el forcejeo para colocarse delante y poder cruzar. Las escenas que se vieron antes en Grecia, Macedonia, a las puertas de Hungría o en Serbia, se reproducen ahora en Croacia o en Eslovenia, país que empezó a desplegar ayer soldados y tanques en la frontera croata mientras las autoridades de Zagreb avanzaban la intención de copiar a sus vecinos húngaros y levantar un muro que deje la riada humana fuera de su territorio.

Según la ONU, la estampa de caos que proporcionan los países europeos empieza a causar vergüenza. Para el periodista Thomas Brey, de la agencia DPA, la impresión es otra. Los socorristas se sorprenden de que, pese a los esfuerzos sobrehumanos que deben acometer en la travesía desde Turquía, nadie haya colapsado. Su determinación de llegar al destino es tal que no dudan en desafiar a policías fuertemente armadas, como ocurrió ayer en Berakosovo, donde perforaron el cordón de seguridad a través de maizales y viñas para atravesar la frontera.

La noche del lunes fue especialmente inclemente. Entre dos y tres mil personas la pasaron esperando ante el paso fronterizo serbo-croata de Berkasovo/Bapska. La frontera estuvo cerrada hasta las tres de la madrugada, cuando los croatas permitieron el paso de hasta 150 personas por hora. Muchos de los que aguardaban tuvieron que aguantar de pie porque el suelo reblandecido no les permitía sentarse, ni mucho menos acostarse.

En el segundo mayor foco de afluencia de refugiados en Croacia, Mursko Sredisce, en la frontera con Eslovenia, la gente no entiende por qué la policía les impide continuar viaje. «¡Abran, abran!», gritan una y otra vez. «Solamente estamos en tránsito y queremos ir a Alemania», se desgañitan. Naturalmente, no están al tanto de las complejas rencillas políticas entre los países de los Balcanes. Con frecuencia, los refugiados procedentes de Siria, Pakistán, Afganistán e Irak desconocen qué tierra están pisando. Los estados de la región, que tradicionalmente mantienen conflictos entre ellos, se acusan mutuamente por la crisis. Eslovenia critica a Croacia, Croacia a Serbia y todos juntos a Grecia, que por supuesto señala, ¿a quién si no?, a Turquía.

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