Escalada de tensión religiosa en Israel tras el ataque a la Tumba de José

El día de la ira deja cinco palestinos muertos, uno de ellos abatido tras un apuñalamiento


Jerusalén / Enviada especial

El incendio de un templo judío la madrugada de ayer en la ciudad cisjordana de Nablus amenaza con inflamar la escalada de violencia y convertirla en un conflicto religioso. La convocatoria de un nuevo «día de la ira» palestino hacían presagiar otra jornada más de violencia tras el breve respiro del jueves. En Jerusalén se mantuvo la calma. El masivo despliegue militar y policial reprimió cualquier movimiento en torno a la Explanada de las Mezquitas y la Ciudad Vieja, pero las protestas y disturbios se extendieron por Cisjordania y la Franja de Gaza, donde cinco palestinos murieron y casi un centenar resultaron heridos.

El vídeo con la Tumba de José ardiendo en llamas corría el viernes por las redes sociales. La policía palestina consiguió dispersar a los manifestantes que habían arrojado cócteles molotov y pudo contener el fuego. El santuario en que se venera al patriarca bíblico está gestionado por Israel, pero se encuentra en una ciudad bajo control de la Autoridad Palestina. Su presidente, Mahmud Abás, intentó rebajar las tensiones y calificó el ataque de «irresponsable» al tiempo que aseguró que repararía inmediatamente los daños. La ONU, por su parte, alertó sobre las consecuencias que tendría una deriva hacia una guerra religiosa. Por eso llamó a todas las partes a proteger los lugares sagrados y a rechazar a los «extremistas» que tratan de transformar el conflicto en un enfrentamiento religioso.

La disputa de los lugares santos llegó también al Consejo de Seguridad de la ONU, cuando en una reunión de emergencia el embajador palestino pidió una resolución para aprobar una fuerza internacional en la Explanada de las Mezquitas con el fin de detener la «agresión» israelí «contra el indefenso pueblo palestino y contra sus templos»». La petición fue rechazada por Israel. Según el adjunto del embajador israelí ante la ONU, David Roet, ese tipo de presencia sería en «cambio en el statu quo».

Barack Obama se refirió a la violencia que dura ya quince días e instó a Benjamin Netanyahu y a Abás a «rebajar la retórica» para calmar las tensiones.

Enfrentamientos

Los enfrentamientos se repitieron en Belén, Ramala, Nablus y Hebrón. En esta última ciudad, uno de los puntos calientes por la presión de la ocupación en el mismo casco histórico, un palestino con un chaleco de prensa apuñaló a un soldado israelí en el asentamiento judío de Kiryat Arba, ante de morir tiroteado.

En Gaza, controlado por Hamás, dos palestinos murieron por disparos del Ejército israelí y un tercer gazatí falleció al sucumbir a las heridas sufridas la semana pasada. Los choques comenzaron después de que el jefe de facto, Ismail Haniye, animara a continuar la «nueva intifada que está empezando». «La intifada debe ser más violenta para defender Jerusalén y la Mezquita de Al Aqsa», provocó. El quinto palestino cayó en Nablus.

Fawzi, un joven que rezaba en una calle de Jerusalén al no poder acceder la Mezquita de al Aqsa por las restricciones de acceso a los menores de 40 años, cree que los llamamientos de los líderes no tienen efecto. «Quienes están reaccionando lo están haciendo solos. Nadie está escuchando ni a Al Fatah ni a Hamás, ni a la familia», estima. Fawzi valora como «punto de no retorno» tanto los apuñalamientos como los choques con el Ejército israelí: «Es el principio del fin».

Un lugar santo judío en Cisjordania

La Tumba de José es uno de los centros religiosos de Cisjordania convertidos en un foco de tensión entre israelíes y palestinos. Hace 15 años, al comienzo de la segunda intifada, fue parcialmente destruida y transformada en mezquita. En febrero del 2010, Israel anunció que quería inscribirlo en su lista de monumentos históricos, al igual que la Tumba de los Patriarcas en Hebrón, sagrada para el islam y el judaísmo, y la Tumba de Raquel en Belén. La oficina palestina de bienes religiosos (la Waqf) considera el lugar como un sitio arqueológico islámico. Para los judíos, allí está enterrado José, uno de los doce hijos del patriarca bíblico Jacob. Para los palestinos, un jeque llamado Yusef, el equivalente árabe de José.

«Esto no es un asentamiento, es tierra judía»

Liron sale del coche entusiasmada mientras sus hijos agitan banderas israelíes con unos mástiles más largos que ellos. Acaban de llegar «de moralizar a la población israelí», cuenta sin parar de sonreír, «de llevar agua y comida a los soldados» que ayer se desplegaban por cientos alrededor de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Aparcan su coche frente al complejo de apartamentos Nof Zion, donde residen con 90 familias judías, después de pasar la valla de seguridad que los protege. Viven en lo que la ley internacional considera un asentamiento ilegal por estar en el barrio árabe de Jabal Mukaber, el lugar de donde procedían tres de los jóvenes que han agredido a israelíes.

Regresan a casa con una ilusión que no disimulan porque, pese a la violencia, aseguran «no tener miedo». «Esperábamos esto, porque ya nos lo dicen cada día nuestros vecinos palestinos, que nos gritan y nos arrojan piedras», dice Mijal Tzemach mientras señala a un joven árabe que mira desde la terraza de un edificio colindante.

Su lugar de residencia es, de hecho, la razón que exaspera a esos vecinos y que la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU refiere regularmente en sus informes por la presión que ejercen los 200.000 colonos en el Jerusalén Este ocupado en 1967 y posteriormente anexionado por Israel. Por esa anexión, los barrios orientales pertenecen a la municipalidad de Jerusalén, «y hay que asumir que Israel es el que gobierna», razón por la que los judíos no se sienten ocupantes.

«No es una conquista»

«Residimos aquí para mostrar que podemos convivir», dice Beni, marido de Liron, como declaración de principios. «No es una conquista», insiste, y no hay intención de que los palestinos se marchen. Pero los planes de construcción judíos amenaza a la población árabe. El 35 % de Jerusalén Este ha sido confiscada por colonos. El mismo complejo residencial de Nof Zion tiene previsto ampliarse con cientos de casas más después de que el Tribunal Supremo rechazara la apelación de un residente árabe que reclamaba parte de la propiedad.

«Es como cuando dicen que les queremos quitar el Monte del Templo, ¿cómo lo llaman ellos», pregunta Liron a su marido, que tampoco consigue recordar que para los palestinos es la Explanada de las Mezquitas, donde los judíos se cuelan cada vez más para rezar, aunque oficialmente solo lo pueden hacer en días señalados. «Nos acusan de querer cambiar el statu quo, pero no es verdad, solo queremos rezar allí», se contradice.

Mijal, Liron y Beni se refieren a sus vecinos como «musulmanes» y descifran la realidad en términos religiosos, como si el motivo radicara en la disputa por la Al Aqsa. «No es el único problema, tenemos muchos más, como la ocupación», menciona sintiéndose ajenos pese a ser colonos. «Esto no es un asentamiento, es tierra judía».

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