berlín / e. la voz

«La situación se descontroló con la decisión de traer a Alemania a todas las personas que estaban en Hungría». Así se expresó el ministro de Interior alemán, Thomas de Maizière, el jueves por la noche en la cadena de televisión ZDF. Aunque no la citó explícitamente, el político cristianodemócrata se refería sin duda al pasado 4 de septiembre, cuando Angela Merkel abrió las fronteras a los refugiados de Hungría, una decisión calificada entonces de «errónea» por Horst Seehofer, el líder de los cristianos bávaros.

Pero ahora ya no son solo Seehofer y el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, quienes culpan a la canciller de la avalancha procedente de Siria y Afganistán. Se les ha unido su ministro del Interior, su correligionario y su mano derecha. «El flujo de refugiados fue tal que no pudimos gestionarlo», apuntó De Maizière para defenderse de las críticas a su deficiente gestión de la crisis. A su juicio, Europa debe poner a disposición «amplios contingentes» para los refugiados. «Cuando el contingente esté lleno, les decimos que ya no pueden venir a Europa. Tal vez el próximo año», añadió. Con estas palabras, De Maizière se alía claramente con la postura más conservadora del Gobierno alemán y hasta con la política de mano dura exhibida por Hungría.

La prensa no tardó en hacerse eco de la revuelta que se está gestando en el seno de la gran coalición y, especialmente, en la CDU. «La crisis de los refugiados: Thomas de Maizière culpa a Merkel» rezaba ayer el Spiegel. El sensacionalista Bild se mostraba rotundo: «De Maiziere ataca a Merkel».

El cisma en la Unión Cristianodemócrata es de tal amplitud que el partido tuvo que reunirse el jueves por la tarde de urgencia para trazar una línea común antes de la cumbre de Merkel con los líderes regionales. De ese encuentro salió por fin una propuesta concreta: a partir de 2016, el Gobierno central concederá a los Estados federados 670 euros mensuales por cada refugiado que acojan. Se estima que 800.000 personas llegarán a Alemania en 2015 y que se necesitará un promedio de cinco meses para tramitar cada petición de asilo. Asimismo, Merkel destinará otros 500 millones de euros adicionales a la construcción de vivienda social y otros 350 millones para el cuidado de los menores que llegan al país.

Efecto en las encuestas

El líder socialdemócrata del Estado federado de Brandeburgo, Dietmar Woidke, se mostró «muy satisfecho» con el acuerdo, que tiene como finalidad ayudar a las regiones y los municipios (muchos de ellos desbordados) a financiar los costes que está generando la avalancha de refugiados. Entretanto, Merkel ha justificado la apertura de fronteras en numerosas ocasiones. Incluso con algún arrebato emocional, impropio de ella, del tipo: «Sinceramente, si empezamos ahora a tener que disculparnos por ser la cara amable en situaciones de emergencia, este no es mi país».

Pero quizás sí. Una encuesta difundida hace dos días por el instituto de opinión INSA asegura que uno de cada dos alemanes está en desacuerdo con la actual política migratoria de la canciller. Es más, ZDF publicaba ayer otro estudio, según el cual el 78 por ciento de los ciudadanos apuestan por el restablecimiento de fronteras como medida correcta para lidiar con el flujo de refugiados. Tan solo un 19 por cien se muestran en contra.

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El ministro de Interior alemán culpa a Merkel de la oleada de refugiados