«No tenemos opción. No hay más alternativa que Tsipras»

Escepticismo y decepción fueron la tónica de una jornada en la que no quedaba nada de las ilusiones de hace ocho meses


atenas / e. la voz

En su carpa de Klafmonos le esperaban sus seguidores para celebrar los magníficos resultados que consiguió contra todo pronóstico. Euforia entre los votantes más cercanos. «Esto demuestra que los griegos vuelven a confiar en Tsipras y es la mejor noticia que nos pueden dar», celebraba Dimitris, un desempleado de la banca. Junto a él, su pareja ondeaba una bandera griega añadía: «Está claro que vamos a sufrir, pero confiamos en Tsipras porque no hay alternativa».

Pero la fiesta que se celebraba en Grecia distaba mucho de la que se vivió hace ocho meses, el pasado enero. En aquel momento una gran mayoría social tenía la impresión de empezar una etapa nueva. Ahora reina un gran escepticismo. Por la mañana, con los colegios electorales vacíos, los votantes coincidían en calificar las elecciones como un «callejón sin salida» para el país.

«Han votado 111 de 550», decía la jefa de mesa del colegio electoral de Psirri, Chistoudi. «Nunca había visto tan poca gente votando. Esperamos que los jóvenes vengan a última hora, como siempre», explicaba. En otro barrio del centro se repetía lo mismo: «Solo tenemos 31 de 430 votos», comentaba Marios mientras seguía la última hora en la radio. «Parece que pasa lo mismo en todos los colegios», sentenciaba.

La abstención rondó el 45 %, una de las más altas en la historia de este país. Un síntoma de fatiga electoral y de desencanto con el futuro inmediato. Pese a ello, Alexis Tsipras logró contener los daños. «Voté por Syriza y fracasaron. Nueva Democracia va en contra de mis principios y Lafazanis no es un buen líder para mí país», exclamó Athina, una joven abogada que sale de depositar su papeleta. «Pero no tenemos opción. No hay más alternativa que votar a Tsipras», se lamentaba.

Las encuestas daban un resultado muy ajustado entre los conservadores y Syriza que al final no se produjo. Los que, basándose en este dato, confiaban en una victoria de Nueva Democracia no pudieron ocultar su desilusión. «Queremos una gran coalición pero Alexis no querrá pactar con nosotros, así que lo mejor para Grecia es que gobierne un líder que crea firmemente en Europa», relataba Nikos, un empresario del sector privado. No ha podido ser.

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