La arrolladora victoria de Corbyn empuja al laborismo a la izquierda

El nuevo líder obtiene un respaldo más amplio que el de Blair en 1994


Londres / E. La Voz

Hace solo cien días nadie creía que el mensaje contra la austeridad de Jeremy Corbyn fuese a llegar muy lejos. Se le tomaba por un visionario de 66 años sin nada que perder, con sus muestras de simpatía hacia Syriza, su propuesta de limitar los salarios más altos, la promesa de acabar con los submarinos nucleares o la de nacionalizar el servicio ferroviario. Sin embargo, debió tocar una fibra muy sensible.

Decir que se impuso a sus rivales en la carrera por liderar el laborismo no describe la situación con justicia porque las encuestas ya lo daban como ganador. Lo que nadie esperaba es que su victoria fuese tan arrolladora. Logró el 59,5 % de los votos, más de 40 puntos de diferencia sobre el segundo clasificado, el exministro de Sanidad, Andy Burham, que partía como favorito al comienzo de las nominaciones. Una ventaja tan amplia es un aval para iniciar una nueva etapa, situada más a la izquierda y lejos del centrismo moderado de la época blairista, en la línea del laborismo clásico anterior a Thatcher. 

Pasaban las once de la mañana cuando un grupo de sindicalistas estaban sentados frente a la televisión ansiosos por conocer el resultado de la votación. El lugar, la cafetería del Centro Reina Isabel II, donde tuvo lugar el congreso. Cuando el maestro de ceremonias anunció que Corbyn había desarbolado a sus rivales estalló entre ellos lo que empieza a conocerse como corbynmanía. Comenzaron los cánticos a ritmo de «Jez we can», un juego de palabras que une el diminutivo del nombre de Corbyn, Jeremy, con el famoso «Yes, we can» utilizado por Obama en su campaña electoral.

Para hacerse una idea de lo ocurrido hay que tener en cuenta que los 251.417 votos que cosechó conceden a Corbyn una victoria más rotunda que la lograda en 1994 por Blair. El exprimer ministro, uno de los más críticos con las políticas de corte radical que promueve el nuevo líder, estuvo desaparecido la jornada de ayer. Otro que no hizo declaraciones fue Gordon Brown, partidario como su predecesor de seguir con políticas más al centro con el fin de ganar las elecciones de 2020 y romper el que sería un tercer mandato consecutivo de los conservadores. Corbyn, sin embargo, siguió a lo suyo. Se estrenó en el cargo acudiendo a una manifestación de apoyo a los refugiados sirios.

Sus detractores no se lo pondrán fácil. Aunque no tengan el respaldo de las bases, los laboristas que piensan que su nuevo jefe tiene opiniones anticuadas y que no lo consideran cualificado para convertirse en primer ministro son influyentes y están bien colocados. Algunos ya le dejaron un recado. Rachel Reeves, Tristram Hunt, Chuka Umunna, Emma Reynolds, Yvette Cooper, Liz Kendall, todos ellos miembros del conocido como gabinete en la sombra, abandonaron el puesto en cuanto se anunció el resultado. Los derrotados denunciaron irregularidades durante la votación. Una de las que más llama la atención es que entre los nuevos simpatizantes a los que se permitió registrarse para votar hay extremistas de izquierda que quieren socavar el partido.

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